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30 AÑOS DE LA FIL DE GUADALAJARA

Con A de América, con B de...

De afrodescendiente a violencia. 30 autores latinoamericanos definen el mapa de la literatura de un continente diverso y mestizo

'Volcán iluminado', de Vicenete Rojo.

Afrodescendiente: No siempre la piel es evidencia de la afrodescendencia. Los afrodescendientes venimos de todos las tonalidades, nacionalidades, lenguas , géneros y caminos de vida. Lo que nos convoca es una historia común de marginalización y la invisibilización de nuestra presencia social en el mundo. Ser afrodescenciente significa asumir la tarea de recuperar los saberes olvidados provenientes de África y que se expanden por medio de las innumerables expresiones culturales, científicas y sociales de sus diásporas. El empobrecimiento y marginalización sistemática de las poblaciones negras y afrodescendientes a nivel global convence hasta a los mismos afrodescendientes de que somos una gente bruta, criminal, incapaz, amoral, sin historia, sin ciencia, sin aportaciones qué ofrecer a la sociedad. Esto no es cierto. Son muchos los personajes históricos negros y afrodescendientes que han hecho numerosas contribuciones a todos los campos del conocimiento humano- el pintor Wilfredo Lam en las artes plásticas, Toni Morrison y Wole Soyinka, Premios Nobel en Literatura, Kofi Anan, Nelson Mandela, Barack Obama en política, Anthony Kwame Appiah, Henry Loius Gatesd en filosofía, y así. Son muchos los nombres de científicos, políticos, músicos, cirujanos, empresarios, coreógrafos, escritores que vienen a la mente. Sin embargo, sus nombres e historias son poco conocidos, enseñados en escuelas y universidades, poco valorados en el mundo que nos toca vivir. El racismo acabará cuando nuestras contribuciones sean valoradas y cuando la inequidad económica sustentada por la racialización de millones de seres en el planeta termine. Entonces la afrodescendencia pasará a ser lo que en realidad es, una variación fenotípica de una especie, la humana, que en realidad conforma una sola raza diversa, variada, rica, humana.

Mayra Santos-Febres. Escritora puertorriqueña

Autoficción: En realidad se trata de un género tan antiguo como El Quijote, utilizado a lo largo de los tiempos, y reciclado, en los últimos diez años, bajo este nombre. Como ocurre con el autorretrato, en las novelas de autoficción los autores se sirven de su identidad para construir un personaje, y de su biografía o sus lecturas (ver el caso de Enrique Vila-Matas) como materia literaria, asumiendo que “la verdad” es siempre resbaladiza, y la objetividad inevitablemente subjetiva. En este género, la lógica, la coherencia y la belleza de un relato pasan antes que la corrección política, el pudor o la lealtad familiar.

Guadalupe Nettel. Escritora mexicana

Biblioteca: En Colombia, de inmediato pensamos en un lugar de encuentro: con la memoria local, con nuestra historia, con multiplicidad de voces que reposan allí, con herramientas para el conocimiento, con los demás miembros de la comunidad y, lo esencial, con pensamientos y emociones propias y extrañas. La diversidad de lecturas brinda pertrechos contra el recelo y los prejuicios ante el pensamiento ajeno, contra la ignorancia y la sospecha. Las Bibliotecas tienen el compromiso de hacer posible la convivencia de la pluralidad de puntos de vista, sin suprimir el ejercicio del espíritu crítico y el despertar de la empatía. Es la utopía más incluyente y prodigiosa a la que toda sociedad debe aspirar.

Consuelo Gaitán. Directora de la Biblioteca Nacional de Colombia

Bolaño: El escritor me liberó de la pregunta incómoda sobre el boom latinoamericano, del cual yo nunca quise ni tuve mucho que decir. Saber que su padre era camionero, después de leer tantas biografías con padres catedráticos o de élite, fue un consuelo y una esperanza. Leyéndolo, aprendí sobre melancolía y ética. También que el territorio no se configura a través de la descripción turística de paisajes, sino de la experiencia que los personajes tienen en él, y que lo individual puede llevar a un Nosotros igual de profundo que las escrituras desde el colectivo. Pero aún me quedan muchas relecturas, recién ahora, después de cinco años de leer 2666, estoy comenzando a entenderla. ­

Paulina Flores. Escritora chilena

Corralito: Corral le decíamos a esa empalizada para atajar las vacas. Las vacas gordas del país lechero, la vaca que viajaba en barco a Europa para alimentar a los niños de la familia en vacaciones. Corralito, ese cajón con barrotes adonde echar al bebé mientras no camina, para que no se escape el nene, no le pase nada, no corra peligro: corralito. Y corralito fue un día, no hace tanto, todos los ahorros a la bolsa (de los mismos de siempre). Corralito, el país todo roto como las vidrieras de los bancos, como los cajeros automáticos. Corralito: gente muerta y un presidente ­huyendo en helicóptero.

Selva Almada. Escritora argentina

Crónica: Desde las parábolas y grandes metáforas novelísticas de Hispanoamérica hemos ambicionado una literatura más íntima, quizás confesional, de gran temperamento. La crónica es hito en esta ruta que viaja del campo y el pueblo a la ciudad. Ahora la ambición quizás sea la observación de entornos siempre cambiantes, la fragilidad de esa ciudad que en uno de sus laberintos vuelve a tropezar con la novela, esta vez “negra”. La crónica nos inició en la observación y la invención de la periferia, de lo poco visto, comentado y reflexionado. En fin, es el cuaderno de apuntes sobre nuestra nueva polis.

Edgardo Rodríguez Juliá. Escritor puertorriqueño

Cuba: “La tierra más fermosa que ojos humanos hayan visto” descubierta por Cristóbal Colón, archipiélago mayor de las Antillas, país indómito e ilustrado, cambió su historia en 1959 con el triunfo de su revolución socialista. Caldo de cultivo de geniales músicos, artistas e intelectuales como José Martí, Lezama Lima, Eliseo Diego, Guillermo Cabrera Infante o Reinaldo Arenas, quienes en épocas distintas fueron silenciados o desterrados por decir su verdad. “La Maldita circunstancia del agua por todas partes”, el embargo, su política interna y los ciclones la han condenado, pero ella resiste en su deriva de utopía, goce e ingenio popular.

Wendy Guerra. Escritora cubana

Cuento: Muertos ya los monstruos del género (Borges, Cortázar, Arreola, y otros), los últimos años suman figuras quizá no tan potentes, pero que multiplican la experimentación. El cuento ya no es el hermano pequeño de la novela y surgen editoriales específicas, a la vez que se multiplican los lectores. Las mujeres, casi ausentes en el panorama anterior, enriquecen el medio y la microficción encuentra su espacio. Hay debate, y el océano no es ya una frontera. Las redes son un buen espacio para el género pequeño y todo parece augurar un futuro prometedor, aunque las grandes editoriales no se han sumado y vivir del cuento sigue siendo una quimera.

Clara Obligado. Escritora argentina

Democracia: Opinar, discutir, vivir con alas, sentirse parte de un cuerpo, sentir el sentir de los otros, reconocerse en la tierra-patria, verse a los ojos, saberse protegido, conocerse libre, reconocer derechos propios y ajenos: techo, pan, curarse, aprender; respetar límites, hacer la historia colectivamente, votar, participar, andar juntos, disfrutar de privacidad; viajar, volver, recibir el aire y el sol; no esconderse, no temer, no correr, abrazarse por la calle, ejercer el amor sin miedo, cobijarse bajo un paraguas tejido por todos, tener una manera común de entenderse, elegir quien lleva y quien trae, consenso, pacto social, un aire fresco, un código para descifrar la virtud, para vivirla.

Gioconda Belli. Escritora nicaragüense

Dictadura: Suele devenir en dictadura, aquel poder que se considera dueño de una verdad y enemigo de otras de alta peligrosidad, en cuyas terribles amenazas habita su justificación. En la cima de su escala de valores están el orden y la obediencia. “En Chile no se mueve una hoja sin que yo lo sepa”, dijo un día el dictador Augusto Pinochet. ¿Es posible imaginar una ficción más grande? Y, no obstante, durante su mandato desaparecieron las novedades literarias. Muchas vidas desaparecieron. La literatura se refugió en las librerías de viejo. Quienes crecimos bajo la dictadura de Pinochet debimos contentarnos con la lectura de los autores clásicos apilados en las bodegas de la calle San Diego. Un fenómeno parecido vivieron los lectores de la Rusia soviética, según cuenta Svetlana Aleksiévich. Algo que agradecerle a las dictaduras: al detener el tiempo, la atención vuelve a lo esencial.

Patricio Fernández. Director de la revista chilena The Clinic

Editar: Editar desde América Latina, donde la regla es el mestizaje y el cruce de culturas, nos impulsa naturalmente a mirar por fuera de este vasto territorio y acercarnos sin prejuicios a otras literaturas. Al mismo tiempo, buscamos hacer eco de la fascinante heterogeneidad de voces de los escritores, intelectuales y artistas que conforman nuestra matriz cultural. Tenemos la ventaja de compartir una lengua, lo cual facilita la circulación transfronteriza de las obras. Desde lo personal, situados en el sur del sur, más cerca del misterioso continente Antártico que de los centros de poder, sentimos que editar es no solo una gozosa tarea, sino también una gran responsabilidad cultural, social y política.

Adriana Hidalgo. Editora argentina

Exilio: A los exiliados: los he visto. Vienen subiendo y son miles, son millones. Su viaje empieza en el origen de los tiempos y se pierde hacia adelante. La humanidad recorre los caminos de un planeta donde lo que fluye es permanente, y espejismo lo sedentario. He visto mujeres que no se arredran pese a saber que muchas morirán en el trayecto y que otras dejarán enterrados a sus hijos. Pero su decisión está tomada y no se detendrán hasta llegar, cueste lo que cueste, sea como sea, en pateras, por el desierto a pie descalzo, mendigando a través de las ciudades, pasando por lo peor y esperando lo mejor. Les sucederán cosas extrañas: “algunas serán crueles, otras volverán a encenderles la fe” (J. Steinbeck).

Laura Restrepo. Escritora colombiana

Frontera: Frontera para mí no significa una postura geopolítica. Es un letrero en una estación de trenes: Ciudad Frontera: un pueblo de unos 40.000 habitantes en medio del desierto del noreste de México donde viví entre los seis y los 17 años; es decir toda la vida. Quisiera que esto fuera broma pero no: en todo caso será una alegoría. Ciudad Frontera es mi casa de la infancia, mi primera novia (Cruz), mi mejor amigo (Adrián), la pérdida de la virginidad, el rock y la cumbia. Es también, por supuesto, el horror: la patria de los muertos y de las cicatrices. Pero no como metáfora: como las ciruelas en el refrigerador de las que hablaba William Carlos Williams.

Julián Herbert. Escritor mexicano

García Márquez: La literatura como alquimia, la prosa como alta poesía, el ritmo que pasma a la gramática, la elocuencia chamánica. Es el pez más fantástico del Caribe, una fusión de las magias verbales de Rubén Darío con embrujos indios y diabluras de África. El cronista feliz que pasó en vela las mil y una noches de su infancia. Su lengua cuenta siglos de razas confundidas, mares oliendo a pólvora, incestos de boleros y guerras civiles. Y en el manantial de esa magia, un hombre bueno, tímido como una adormidera, sabedor de que aquí nadie vino a triunfar sino sólo a soñar. William Ospina. escritor colombiano

Indígena: Son 10 millones en mi país los dueños de los pueblos originarios. Según el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional), la política de arriba ve a los indígenas como si fueran los espejitos que el conquistador cambió por oro mientras levantaba iglesias sobre pirámides y convertía a Tonantzintla en la virgen de Guadalupe. En 1994, nos enteramos de que 10 millones de indígenas vivían en desventaja absoluta y cruel: más de 524 años de atraso los separaba del resto de los mexicanos. En la selva chiapaneca alzaron su fusil varios campesinos para denunciar que en pleno siglo XX en Chiapas muchos morían de enfermedades curables y que las mujeres corrían peligro al dar a luz. Indígena es tener dientes de maíz, reírse quedito, sudar frío. Indígena es hablar purépecha, yaqui, rarámuri, tzotzil, triqui, chontal y otros idiomas que solo conocen los cenzontles porque han ido desapareciendo. Indígena —para los poderosos— es ser maíz transgénico, agua contaminada, bosque talado.

Elena Poniatowska. Escritora mexicana

Internet: Cuando el mundo del Internet ingresó a escena, se vivió un periodo inicial de anarquía. Los blogs se robaron la escena, competían contra los críticos oficiales y la información controlada por un editor. Un blog podía tener más lectores que un crítico formal, y más influencia incluso. Pero el escenario cambió con la aparición de las redes sociales. La anarquía se domesticó y empezó el gobierno de las comunidades. Las personas no tenemos solo redes, sino contactos y la información es validada por estos contactos. Yo leo y conozco lo que mis contactos leen y recomiendan. El viejo boca-oreja en dimensiones impensadas.

Iván Thays. Escritor peruano

Maestro: Descubierto el Aleph, descifrada la rayuela, transitados Comala, Santamaría y Macondo, desencantadas ciertas magias que jamás existieron, excepto en los prejuicios etnocéntricos y en las conveniencias editoriales, acaso quede la subversión como genuina forma de respeto a esos antecedentes. Arturo Belano y Ulises Lima, nómadas por principio, no imitaron a nadie. O aprendieron de aquellos a quienes nadie imitaba, como Di Benedetto o Wilcock. Similares desvíos habían elegido Felisberto, Copi, Ribeyro, Lamborghini, Fogwill. Eso mismo podría decirse hoy de Aira, Eltit, Molloy, Uhart. Más allá de la convención gramatical, el vocablo maestros mastica el patriarcado de nuestras bibliotecas. Esas que esperan equidad con las Ocampo, María Luisa Bombal, Elena Garro, Clarice Lispector, Rosario Castellanos o Yolanda Bedregal. Esas donde Sabato pesa insólitamente más que Puig. Esas donde algún día los poetas se caerán del estante superior para mancharnos las manos. Maestros nos remite a nuestros padres y abuelos, que nos han enseñado tantas cosas, también a olvidar. Iría siendo tiempo de recordar la soledad de nuestras madres, los combates de nuestras hermanas y la impaciencia de nuestras hijas, a las que necesitaremos para reescribirnos.

Andrés Neuman. Autor argentino

McOndo: Movimiento literario hispanoamericano surgido en 1996 y caracterizado por una visión globalizada de América Latina y por una temática que busca la sublimación de la identidad pop. Toma su nombre de la antología homónima de cuentos cuya compilación realizada por los chilenos Alberto Fuguet y Sergio Gómez busca representar una realidad hispanoamericana distinta a la del boom. El título refiere tanto al universo mágico tropical creado por la literatura del boom como a un mundo en el que McDonald’s había logrado abrir una sucursal en la Rusia comunista y en el que los autores vacilaban entre escribir (en broma) en un Mac o un PC. McOndo cuestionó la existencia de una “literatura latinoamericana”.

Alberto Fuguet. Escritor chileno

Megalópolis: Palabra horrible. Inventada para nombrar lo que al tiempo ilumina y espanta. No nací en la Ciudad de México, pero elegí vivir en esta paradoja bien amada que tanto maldecimos. En el centro de un caos que abruma y acoge la temeridad de quienes la habitamos. Aquí nacieron mis hijos. Aquí encontré a su padre, aquí converso y me cobijan los amigos. Esta ciudad puede ser hostil. A veces la odiamos, nos lastima su ruido, las horas que se doblan entre sus calles. Otras le agradecemos la generosidad con que rescató nuestro albedrío necesitando el horizonte. Y nos alivian los que aquí sobreviven. Megalópolis: qué manera más rara de convocar, al unísono, el abismo y la libertad.

Ángeles Mastreta. Escritora mexicana

Mujer: La primera lectura que recuerdo es Chico Carlo, un libro de la uruguaya Juana de Ibarbourou. Y en especial su cuento, ‘La mancha de humedad’. Yo era una niña que empezaba a leer y descubría la magia de las palabras escritas. Fue un encuentro fundacional. Igual que la autora, yo era esa niña tirada en una cama inventando historias a partir de una mancha de humedad en el techo de mi cuarto. A esta primera escritora latinoamericana siguieron muchas otras. Llegaron a mi biblioteca las consagradas: Elena Poniatowska, Laura Restrepo, Clarice Lispector. Pero también autoras más jóvenes que se convirtieron en imprescindibles: Magela Baudoin, Alejandra Costamagna, Eugenia Almeida. Todas ellas y tantas otras siguieron alimentando aquella mancha de humedad que crece con cada nuevo texto.

Claudia Piñeiro. Escritora argentina

Música: Hacia el final de la dictadura de Trujillo en 1961 la mitad de la población Dominicana era analfabeta y por lo tanto no tenía acceso a la literatura. Su único acceso a las ideas, las historias y la poesía, además del que la transmisión oral permite, eran las canciones. En ellas se veían reflejados, redimidos, entendidos, se sentían parte de una cultura, de un momento, eran alcanzados por nuevas ideas sobre el mundo. Las letras de la música popular y folklórica han sido y son el género literario más democrático y la consagración literaria de un autor de canciones reconoce también a todos esos lectores potenciales a los que la desigualdad les niega la palabra escrita.

Rita Indiana. Escritora y música dominicana

Narco: Narco es un traficante de drogas que solo tiene una fotografía que reparte entre sus novias favoritas. No duerme, es nacionalista, temerario, religioso, manirroto y ama el poder del dinero. Le gustan las joyas pesadas y brillantes, las mujeres nalgonas, los vehículos de doble tracción, las avionetas de una tonelada y los pasillos subterráneos. Ama las serranías, los desiertos, los motores marinos de gran potencia, el whiskey y los restaurantes de carne asada. Conoce de armas de última generación y le encanta disparar. A veces, daría su reino por un caballo. Aunque a nadie le consta, interviene directamente en política.

Élmer Mendoza. Escritor mexicano

Nobel: Acepción moderna de la antigua “noble”. Motivo de expectativa y según vaya el caso, de satisfacción, decepción y desconcierto. Palabra que promueve la fama del talentoso desconocido como Joseph Brodsky, consagra merecidamente la del famoso como Vargas Llosa, desconcierta al que nunca pensó en ella como Bob Dylan. Término con el que incrementan su fama algunos de los que nunca lo ganaron. Gracias a no haberlo recibido, Proust, Kafka y Borges hoy son más reconocidos. Si no la hubieran ganado, Echegaray y Claude Simon habrían sido felizmente olvidados y no vilipendiados. Azar expectante en una novela de final inesperado. El año que viene se lo darán a un escritor.

Alonso Cueto. Escritor peruano

Paz, Octavio: Si todos los poemas del mundo un día se convirtieran en pájaros, los de Paz serían águilas americanas que miran las cosas con más detalle desde arriba. Si se volvieran espejos, los de Paz nos darían el poder de mirarnos por dentro y a la vez vernos y sentirnos plenamente entre los demás. Y si todos los poemas y ensayos del mundo fueran piedras dentro de un río, el río agitado de la vida, los de Octavio Paz serían las más grandes e indómitas, las que salen del agua y nos ayudan a ver claramente por donde cruzar. ­

Alberto Ruy Sánchez. Escritor mexicano

Poesía: Cien años después de la muerte de Darío la poesía Latinoamericana no da ninguna muestra de cansancio. Por el contrario: rica y diversa, como el continente, se expresa de infinitas maneras, desde las lacónicas y austeras, herederas del mundo anglosajón, hasta las experimentales de los neobarrocos. Gonzalo Rojas, Eugenio Montejo, Blanca Varela, José Watanabe, Juan Gelman, José Emilio Pacheco, Antonio Cisneros, son algunos de los grandes maestros de los últimos treinta años. Después de ellos, ya desaparecidos, encontramos sin embargo muchas voces renovadoras, que dan cuenta del tiempo que habitamos desde la tradición y contra ella, como es propio de toda poesía.

Piedad Bonnett. Poeta colombiana

Postboom: Para mí el “post-boom” es algún momento personal. No estoy más en la materia. He leído con admiración pero ad hoc a Bolaño y algunos otros. No opino sobre poetas. Lloré la muerte de Tomás Eloy Martínez, un amigo periodista que se reveló inesperadamente como novelista. En los EEUU hay un pequeño culto “post-boom” a Felisberto Hernández. Lo he estado traduciendo. Creo que desde hace tiempo ya no hay literatura hispanoamericana como “movimiento”. Cada cual hace lo que le canta.

Luis Harss. Autor de Los nuestros

Revistas: Si desde hace unos años la crónica latinoamericana parece atravesar un buen momento es, en parte, por la existencia de revistas que, desde México hasta Argentina, nacieron en las últimas dos décadas con ideas precisas: publicar historias apuntando a un lector regional; propiciar textos bien reporteados y largos, de escritura exigente; aplicar un trabajo minucioso de edición; cultivar autores: transformarse, ellas mismas, en formadoras de periodistas. Las desaparecidas Fibra, Pie Izquierdo, Marcapasos, y las sempiternas Gatopardo, SoHo, Etiqueta Negra, El Malpensante, Piauí, entre otras, fueron el espacio donde se dibujó un mapa sólido de autores de no ficción donde muchos forjaron su voz.

Leila Guerriero. Escritora argentina

‘Spanglish: Jerga lingüística resultante de la fricción entre el español y el inglés en Estados Unidos. Su uso varía considerablemente en las distintas comunidades hispanas. Extraordinariamente vivo, eficaz y cambiante, se caracteriza por su volatilidad, manifiestamente ajena a toda forma elitista de cultura. Sus posibilidades creativas han cristalizado con éxito en narrativa y poesía: wáchalo (vigílalo). Imposible de codificar, refleja el choque, con frecuencia violento, entre dos visiones contrapuestas del mundo, la anglosajona y la hispana. Asociado a fenómenos migratorios, tiene un fuerte componente de resistencia política y afirmación de la identidad latina. Ganará fuerza bajo la presidencia de Donald Trump.

Eduardo Lago. Escritor español

Trump: Dicen que lo verdaderamente peligroso no es el soberano que nunca ha leído un libro, sino el que ha leído solo uno. Lo primero suele conducir a la ignorancia; lo segundo a algo peor: la intolerancia y el fanatismo. Para efectos prácticos, Donald Trump es de los que han leído un solo libro. Con la agravante de que se trata de un libro que él escribió, aunque fue redactado por otro: El arte de la negociación. La tesis es rei­terativa: “Soy un genio como empresario y hombre de éxito”. Así que en materia de fanatismo Trump ha incubado la peor versión: ser fanático de sí mismo. Siendo así, el mundo se divide entre los que son coro de pleitesía o, simplemente, un estorbo. Además, claro, de aquellos a los que culpa de todos los males. Hace 80 años otro fanático de su propio libro decidió que eran los judíos y quiso exterminarlos; hoy Trump afirma que son los latinos y quiere expulsarlos, encerrarlos tras un muro, cortar vínculos comerciales. Esta vez no será una purga étnica, pero sí un tsunami de trágicas consecuencias para América Latina.

Jorge Zepeda Patterson. Escritor mexicano

Violencia: La realidad, para un escritor, es como el agua para un nadador: puede ahogarse en ella, pero sin ella no podría nadar. Es imposible evitarla. Si esa realidad (esa agua) se tiñe de violencia, el nadador quedará salpicado de ese color (¿rojo?) inevitablemente. Por esto la violencia se nota más, precisamente, en las novelas de los países que más la han sufrido en las últimas décadas: Colombia, Perú, México, Venezuela. En los años setenta esa temática era más argentina o chilena. En Colombia hay ejemplos canónicos: la sicaresca (novelas sobre matones) y decenas de libros de secuestrados. ¿Cómo no?

Héctor Abad. Escritor colombiano

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