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Anfiteatro

El hemiciclo es la forma corriente de los parlamentos en todo el mundo. Tiene el precedente de la Asamblea Nacional que creó la Revolución Francesa y el sello democrático de la Grecia clásica. Este anfiteatro era el lugar de la representación pública. El locus hoy del “no nos representan”.

Sin embargo, no todos los anfiteatros son iguales. El estudio de arquitectura holandés XML ha editado un libro Parliament Book (2016), tras analizar las 193 sedes. La hipótesis de trabajo fue que así como las estructuras de las viviendas o de las ciudades, de los cafés o de las oficinas, condicionan las relaciones interpersonales, los diseños de las cámaras mediatizan, y significan, el carácter de su democracia.

La sala en la que se alinean los bancos frente a una mesa, al modo escolar, marcaría a los sistemas autoritarios. Pero también las desmesuradas dimensiones del recinto (con diputados a dedo o a granel) coinciden con el viejo orden comunista.

Brasil sería el país con la sala más elegante: sillones acolchados y de buen cuero, pantallas incrustadas en las mesas, soluciones para la movilidad de oradores discapacitados… Todo obra de Oscar Niemeyer.

Por el contrario, el espacio misérrimo se encuentra en Botsuana cuyo modelo es un cine de barrio y los asientos son sillas de chiringuito abierto a la calle.

Hay parlamentos en círculo como en Lesoto y rectangulares como en Jamaica, pero cerca se encuentra la rareza de la Cámara de los Comunes británica donde los representantes se colocan enfrentados como enemigos y de hecho se agreden. Sus dimensiones son, además, tan menguadas que los diputados se sientan pegando sus caderas y carecen de una mínima repisa para los papeles. La causa de tanta estrechez procede de Churchill que ordenó reconstruir el edificio tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial sin tener en cuenta que había crecido el número de parlamentarios.

Nadie debe dudar de que todo continente influye sobre el contenido y la forma sobre la vida. Una repetición del anfiteatro convencional lleva hoy a la conclusión de que son recitaciones escénicas y no misiones cabales lo que se desarrolla allí.

Desde luego, a una sociedad más compleja y voluble como la actual, le corresponderían estructuras más dúctiles y variables. Pero ¿cómo?

La revista Yorokobu de quien obtuve la primera información sobre el Parliament Book, especula sobre la idoneidad de una cámara ambulante y compuesta según las circunstancias. Poco más o menos una suerte de “personalización” del artefacto parlamentario, a imagen y semejanza de lo que ocurre hoy con los vestidos, los helados, la medicina o el modelo habitacional.

El hemiciclo fijo ha quedado obsoleto. Diseca la acción. Mantiene el establecimiento. Se hace impenetrable y reitera la farsa de la representación. La política es la cuestión y una arquitectura crítica su correlato. O viceversa, si se quiere la pareja.