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Cristina Fernández Cubas, premio nacional de Narrativa

Los cuentos de esta escritora reciben el galardón por mezclar "con maestría lo cotidiano y lo fantástico"

Cristina Fernández Cubas, premio nacional de Narrativa

Cristina Fernández Cubas (Arenys de Mar, Barcelona, 1945) ha sido galardonada este miércoles por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte con el Premio Nacional de Narrativa 2016 por su obra La habitación de Nona, en la que la autora "mezcla con maestría lo cotidiano y lo fantástico alcanzando la esencia y la vitalidad propias de lo mejor de este género literario". El jurado considera que la obra de Fernández Cubas, que fue con el mismo título Premio de la Crítica, condensa "la excelencia del relato breve".

El Premio Nacional de Narrativa para Fernández Cubas no solo es un reconocimiento a su pluma elegante y enigmática, cargada de calidad y sabiduría, de guiños y puertas abiertas a lugares a los que uno siempre quiere pasar. Es también reconocer al fin el valor del cuento como género grande, como autopista para transmitir en pequeños formatos las grandes historias que se cuecen en la humanidad.

“Esto es un sorpresón, no tenía ni idea”, ha explicado a este diario la autora, con su contagiosa y divertida vitalidad. “Y claro, una gran alegría”. “Pienso que este premio le puede hacer mucho bien al cuento”, ha continuado Fernández Cubas, “un género que como es sabido frecuento y que me encanta”.

La escritora ha utilizado también a menudo el género fantástico, en el que es una maestra consumada. “Sí, yo creo en lo que veo... y en lo que no veo. La realidad a mi parecer tiene muchos aspectos que no nos explicamos. Está llena de agujeros negros, por los que caes o te metes, como yo, para investigar. Y también están los sueños”. 

El dios de la literatura se posa sobre Cristina

JUAN CRUZ

El dios de la literatura, que existe, iluminó este mediodía a los jurados del premio Nacional de Narrativa y así concedieron a Cristina Fernández Cubas el galardón de este año.

Esta es una mujer especial. Viajó como hippy por esos mundos, acompañada de su marido, Carlos Trías, el novelista que con su hermano Eugenio figura también en la historia literaria como Cargenio; ella volvió de ese viaje, a Asia, al extrarradio de la vida, adonde fuera, y Carlos se quedó por esos universos que para ella fueron también recuerdos vivos o prestados por él.

Ella sigue viajando, con sus ojos enormes como los de una diosa de pie; se sienta en los bares de los aeropuertos y ve pasar la vida de la gente como si el viaje fuera innumerable, sin otro detenimiento que esos ojos que parecen espejos de Flaubert.

El premio se le concede por su último libro; pero ella podía haber sido premiada por toda su carrera, con el Cervantes, por ejemplo, o con el premio Chejov, si este existiera, o el Scott Fitzgerald, o el Onetti, si cualquiera de esos cuentistas enormes tuviera premios en España o en el mundo. Ella es la maestra del cuento en español; que sobre esa obra suya se haga la luz de un premio como el que acaba de recibir es una lección para los jurados que atienden a los últimos resplandores e ignoran la piedra pulimentada de los que están en la historia sin caer nunca en la historieta.

De ella dijo aquí Carlos Pardo, cuando este libro ahora resaltado, La habitación de Nona (Tusquets), acababa de aparecer. “[Cristina Fernández Cubas] tiene oído para saber qué decir y qué callar y dosifica la narración sin caer en las trampas con las que muchas queremos engrandecer los misterios cotidianos”. Esa es la sustancia de sus cuentos, de su modo de ver la vida también, de sintetizar en literatura una vivencia de la que no hace alarde y que es una de las más intensas (y por tanto verdaderas) de la literatura española.

Ella lo ha dicho: “Llevamos con nosotros cuánto hemos vivido, pero lo llevamos bien guardado. No a la vista, sino por ahí, en algún sótano, a buen recaudo”. Esa es la sustancia de su literatura; podía haber sido una diosa de la apariencia, porque los tiempos en que se hizo grande eran muy aparatosos, pero es tan sencilla, tan íntima, tan ella en lo que escribe que no necesita prolongarse en la parafernalia. Lo sabe el dios de la literatura; es su asistente.

España debía sus medallas al cuento. Y Cristina Fernández Cubas es la mejor expresión de una forma de afrontar el género orgullosa y humilde a la vez. Desaparecida de la escena literaria tras la muerte de su marido, en una retirada que rompió solo momentáneamente en una ficción con seudónimo, la autora regresó en 2015 con La habitación de Nona (Tusquets) y un lema para una vida: “Importa tanto lo que se dice como lo que se oculta”.

El Nobel supo hace tiempo dar su valor al cuento al premiar a Alice Munro. Y la América de Estados Unidos, pero también la América que habla en español, ha tratado al cuento como se merece: Joyce Carol Oates se ha hecho grande y reconocida en la mejor tradición estadounidense con toque gótico y en España nos llega con toda su profusión de la mano de Alfaguara, como Cynthya Ozick (Nueva York, 1928), de quien Lumen reunió el año pasado sus cuentos. En América Latina el camino estaba ganado con Borges, Cortázar, García Márquez y muchos otros en una tradición que han seguido Samanta Schweblin y hoy jóvenes como la chilena Paulina Flores.

Sobre su trabajo actual, la autora señala que tras escribir La habitación de Nona, se encuentra “en un periodo de introspección": "Acabé ese libro y pensé que era el momento de poner orden en mi mundo, en mi vida y mis recuerdos; y en eso estoy. Es una etapa de reflexión y de escribir en el aire, de recoger sensaciones. Lo que suele acabar en una nueva obra: yo creo que hacia el verano eso explotará en un nuevo libro”.

Cristina Fernández Cubas estudió en Barcelona Derecho y Periodismo, profesión que ejercería posteriormente. Es autora de los libros de relatos: Mi hermana Elba (1980), Los altillos de Brumal (1983), El ángulo del horror (1990), Con Agatha en Estambul (1994) y Parientes pobres del diablo (2006, Premio Setenil al Mejor Libro de Relatos Publicado en España). La recopilación Todos los cuentos (2008) recibió el Premio Ciutat de Barcelona de Literatura en Lengua Castellana, el Premio Salambó de Narrativa en castellano y el Premio Cálamo Libro del año.

Ha escrito además novelas como El año de Gracia (1985) o El columpio (1995). En 2013 decidió utilizar el seudónimo de Fernanda Kubbs para su novela La puerta entreabierta. Es también autora de una obra de teatro: Hermanas de sangre (1998); de un original libro de memorias narradas, Cosas que ya no existen, (2001, Premio NH de Relato Publicado Cinco estrellas); y del ensayo Emilia Pardo Bazán (2001).

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