Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Medio pan y un libro

García Lorca ofreció en 1931 en su aldea un encendido discurso en defensa del acceso a la cultura

EL PAÍS ofrece desde el domingo 6 un libro-disco de tributo flamenco al autor

El poeta Federico García Lorca retratado por el cineasta Luis Buñuel, en 1925.
El poeta Federico García Lorca retratado por el cineasta Luis Buñuel, en 1925.

En la llamada Alocución al pueblo de Fuente Vaqueros, el discurso que Federico García Lorca concedió a los asistentes con motivo de la inauguración de una biblioteca pública en su aldea natal, dejó expuesta una serie de conceptos que mostraba evidente constancia de su clarividencia, su humanidad y su respeto por las personas, pero también que la cultura, en todas sus manifestaciones, es un instrumento indispensable para el desarrollo humano: “Y sabed, desde luego, que los avances sociales y las revoluciones se hacen con libros (…). Que no valen armas ni sangre si las ideas no están bien orientadas y bien digeridas en las cabezas. Y que es preciso que los pueblos lean para que aprendan no solo el verdadero sentido de la libertad, sino el sentido actual de la comprensión mutua y de la vida”.

‘Lorca vivo’ reúne a grandes figuras del arte jondo

EL PAÍS lanza el próximo 6 de noviembre el libro-disco Lorca vivo, un tributo flamenco a su figura y una nueva revisión de algunos de sus textos. Títulos como Verde que te quiero verde, La aurora de Nueva York, Nana del caballero grande, o Agua ¿Dónde vas?, interpretados por voces y guitarras como las de Alba Molina, José Mercé, Camarón de la Isla, Antonio Carmona o Enrique Morente. Algunos de ellos, rescatados de la historia musical, y otros, grabados con motivo de este proyecto.

El disco va acompañado de un libreto con textos exclusivos de Laura García Lorca, presidenta de la fundación del poeta, José Manuel Caballero Bonald, Premio Cervantes de 2012, Javier Rioyo, director del Instituto Cervantes en Lisboa, el poeta Luis García Montero y el cantante Pablo Alborán, entre otros. El libro-disco ha ganado recientemente el premio especial 2016 de Radiolé. Se trata de un proyecto inédito en el que participan Universal Music Spain, Prisa Música y EL PAÍS, producido por Juan Carmona y Javier Limón. El disco cuesta 9,95 y estará a la venta un mes en los quioscos.

Era 1931. Pocos meses después cuenta a un grupo de amigos que para salvar al teatro español, por entonces y según sus palabras “moribundo y en estado crítico”, va a darle un público: el pueblo. El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país culto y progresista, al tiempo que puede cumplir una misión de entretenimiento y diversión. Todos se benefician, la cultura, el pueblo y el propio país. Imaginación y voluntad le sobran y concibe una idea, otra más, espectacular y brillante: un hangar transportable, con capacidad para 400 espectadores.

De gira con los clásicos

Las obras clásicas del teatro español se las va a devolver a sus destinatarios, a la población que va a disfrutar de Fuenteovejuna o de La vida es sueño de manera gratuita; va a recorrer Andalucía, La Mancha, Castilla; levantará los escenarios y llevará la cultura, la educación y el entretenimiento por las plazas de los pueblos, por las aldeas, como lo habían hecho antes los cómicos de la lengua. La cultura y la educación son cuestiones primordiales en la construcción de esa nueva sociedad que todos desean. La subvención pública, como es obvio, era imprescindible pero no faltó.

Calderón, Cervantes, Lope de Rueda, Lope de Vega van a ser representados para los públicos menos favorecidos, a colectividades desprotegidas que tienen el alma muerta pero buscan reanimación. Y está muerta porque no tiene amor, ni fe, ni ansias de liberación, y es este uno de los problemas que acuciaban a Lorca y que desgraciadamente aún continúa vivo, y el teatro es uno de los instrumentos más convincentes y eficaces para la educación de un país; “un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas puede cambiar en pocos años la sensibilidad de un pueblo”, mientras que un teatro sin imaginación y vulgar es capaz de entumecer.

Un ideal supremo

Y libros, es necesario que a las bibliotecas comiencen a llegar “libros de todas tendencias y de todas ideas. Lo mismo las obras divinas, iluminadas, de los místicos y los santos que las obras encendidas de los revolucionarios y hombres de acción. Que se enfrente el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, obra cumbre de la poesía española, con las obras de Tolstói; que se miren frente a frente con El capital, de Marx. Porque, queridos amigos, todas estas obras están conformes en un punto de amor a la humanidad y elevación del espíritu, y al final, todas se abrazan en un ideal supremo”.

“Y ¡lectores!, ¡muchos lectores! Yo sé que todos no tienen igual inteligencia, como no tienen la misma cara; que hay inteligencias magníficas y que hay inteligencias pobrísimas, como hay caras feas y caras bellas, pero cada uno sacará del libro lo que pueda, que siempre le será provechoso”.

Lorca había crecido en una Andalucía degradada y empobrecida, menesterosa y culturalmente muy débil, por la que siempre mostró su afecto y cercanía, y por la que reaccionó identificándose con ellos, con sus gitanos, sus campesinos, sus mujeres y sus dramas: “Este concepto del arte por el arte es una cosa que sería cruel si no fuera afortunadamente cursi. Ningún hombre verdadero cree ya en esta zarandaja del arte puro, arte por el arte mismo. En este momento dramático del mundo, el artista debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el rastro de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan las azucenas. Particularmente yo tengo un ansia verdadera por comunicarme con los demás”.

También quiso comprobar que los ciudadanos cambian, que modifican sus hábitos, que disfrutan y se instruyen con la cultura en todas sus manifestaciones, que reivindican las instrucciones públicas con vehemencia. Decía Lorca: “No solo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las culturales, que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social”.

Más información