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La ‘Novena’ de Beethoven pone a bailar más allá de la alegría

Un documental se sumerge en la Seminci en la creación de la celebrada coreografía de Maurice Bèjart para la partitura del músico alemán

Cuando Maurice Béjart se propuso coreografiar, en 1964, la Novena Sinfonía de Beethoven, uno de los iconos universales de la música, fueron muchos los que se escandalizaron y lo tildaron poco menos que de barbaridad. El resultado fue de tal belleza y respeto por la partitura que hoy está considerada una de las coreografías clave en la carrera del bailarín y coreógrafo belga. 50 años después de aquel acontecimiento, Giles Roman, sustituto de Béjart al frente de la compañía Ballet del Siglo XX, con sede en Lausanne (Suiza), decidió retomar aquella aventura y volver a poner en pie el gran espectáculo. Y es aquí donde entra la cineasta Arantxa Aguirre, madrileña de 51 años. Conocedora profunda de esta compañía, con la que ha realizado ya tres largometrajes y un corto, fue a ella a la que Roman le encargó la elaboración de un nuevo documental sobre el proceso de creación de este gran espectáculo. El resultado, Dancing Beethoven, es un bellísimo trabajo que se ha estrenado en la sección Tiempo de Historia de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).

La presión ante la música de Beethoven que tuvo entonces Maurice Béjart, del que el año próximo se cumplen diez años de su muerte, se la imagina uno similar a la que ha debido sentir Arantxa Aguirre, bailarina ella de niña e hija de la actriz Enriqueta Carballeira y el director Javier Aguirre. No era un encargo más, reconoce en Valladolid la directora. “La Novena Sinfonía de Beethoven es un icono de la cultura universal, es una partitura que ha inspirado a mucha gente y tiene muchas connotaciones y por ello el trabajo de investigación y documentación en torno a esta pieza musical y a su creador ha sido intenso”. Aguirre reivindica así el candor o la ingenuidad de las grandes ideas, como decía su admirado Béjart, y defiende ese arte afirmativo, esperanzador e idealista como es la Novena Sinfonía y más cuando viene de una persona tan torturada personalmente como Beethoven, cuya sordera le impidió poder escuchar esa partitura creada por él, y que, sin embargo, escribe para la utopía y la esperanza. “Si perdemos los referentes de esta cultura afirmativa, frente a otro tipo de arte que explora las partes más negras o siniestras del ser humano, nos perdemos en la barbarie”.

Dancing Beethoven es el resultado de nueve meses de rodaje entre Lausanne y Tokio, donde fue estrenada en 2014, y muchos más de montaje. El documental cuenta con el hilo conductor de una joven actriz, Malya Roman, que se convierte así en el alter ego de la propia directora , una mirada subjetiva de una narradora que asiste como testigo a un proceso de creación único, desde los ensayos a las reflexiones sobre la obra y a las curiosidades y novedades que se van produciendo, con la mente siempre abierta a cualquier cambio o sorpresa y más, si se tiene en cuenta que el espectáculo necesita de más de 70 bailarines en escena, además de la presencia de la Orquesta Filarmónica de Israel y un coro japonés. Tras su estreno en Tokio y una pequeña gira, el montaje se representará de nuevo próximamente en Suiza y Bruselas.

La estructura en cuatro partes de Dancing Beethoven (las cuatro estaciones del año en las que transcurrió el rodaje) es todo un homenaje a los cuatro movimientos de la partitura del músico alemán, y a la coreografía de Béjart, un canto a la armonía y la belleza, en la que la visión circular es una de las claves de este montaje, al que Aguirre asegura se enfrentó con la mayor humildad. “Un crítico alemán dijo que Béjart hizo inteligente la danza. Èl introdujo la espiritualidad en la danza. No se trata solo de cuerpos maravillosos que se mueven a base de técnica y de plástica. Siempre había algo que daba sentido a sus ballets. No solo son buenos bailarines, son personas inteligentes que miran de frente al espectador. Dentro de esa espiritualidad, la idea del círculo rondó en muchos de sus ballets. Se percibe en todas sus obras maestras, como La consagración de la primavera, El pájaro de fuego o el montaje de El bolero. Era su visión circular de las cosas en el que el final es a la vez un principio”, explica la cineasta.