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En pocas palabras

“Jamás aceptaría hacer de negro de nadie”

Entrevista con el poeta Jordi Doce (1967), uno de los referentes del verso español

Cuando se escriba la historia de la poesía española reciente, el nombre de Jordi Doce (1967) aparecerá con todos los honores en varios capítulos: como autor (acaba de publicar No estábamos allí en Pre-Textos), como editor (dirige la prestigiosa colección poética de Galaxia Gutenberg) y como traductor de referencia de autores como T.S. Eliot, Auden, Ted Hughes, Charles Simic, Anne Carson o John Burnside.

—¿Qué libro le hizo querer ser poeta?

—Una vieja antología de Antonio Machado en Austral que había por casa. Ocupaba un lugar aparte dentro de la biblioteca, como si fuera un incunable.

—¿Qué poema ajeno le habría gustado escribir?

—¡Muchos! La aurora de García Lorca; At the Fishhouses de Elizabeth Bishop; Piedra de Zbigniew Herbert…

—¿Qué aprende un poeta traduciendo?

—Humildad y algo de oficio. Y quizá la lucidez suficiente para no hacer lo que otros han hecho mejor.

—¿Y la escritura de aforismos?

—Eso tan difícil de que cada frase se defienda por sí sola pero agradezca la compañía de las otras.

—De no ser escritor le habría gustado ser…

—Músico. A ser posible, bajista en la estela de Chris Squire, Tony Levin o Carles Benavent. O una mezcla ideal de los tres…

—¿Cuál ha sido el último libro que le ha gustado?

—He leído Wormholes, de John Fowles, una compilación de sus artículos y prosas breves, y aún estoy dándole vueltas.

—¿Cuál es la película que más veces ha visto?

—Creo que Hannah y sus hermanas de Woody Allen. ¡No paran de reponerla en TCM!

—Si tuviese que usar una canción o una pieza musical como autorretrato, ¿cuál sería?

—Estaría bien parecerse a Blues for Ike de Django Reinhardt. Lástima que dure tan poco.

—¿Qué suceso histórico admira más?

—La historia me apasiona, pero me cuesta admirar nada de ella. Me hace pensar en esa definición que hacía Chillida de su obra como “una suma de errores que se compensan”.

—¿Qué encargo no aceptaría jamás?

—Hacer de negro de nadie. Aunque alguna vez me he ido a casa tiznado.

—¿A quién le daría el próximo premio Nobel de literatura?

—Me hubiera encantado que se lo dieran a Yves Bonnefoy, pero ya es tarde. Creo que Anne Carson se lo merece desde hace años.