Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

“Vivimos un momento malo en el que todo se nivela por lo bajo”

José María Merino novela la vida de Oliva Sabuco, autora de un ensayo canónico del Siglo de Oro que se adelantó cuatro siglos a la medicina y a la psicología

El escritor José María Merino, hoy viernes, en Madrid.

Dos décadas antes de que Cervantes publicara Don Quijote de La Mancha, una mujer menor de 25 años se adelantó, uno, dos, tres y hasta cuatro siglos para descifrar parte del alma humana. Su nombre era, es, Luisa Oliva Sabuco de Nantes Barrera, y escribió la Nueva filosofía de la naturaleza del hombre. Una mujer y un libro semiocultos por obra y desgracia del testamento de su padre, descubierto en 1903, donde decía que él era el autor de aquel sabio texto.

La autora y este clásico del Siglo de Oro fueron desterrados al enigma. Algunos estudiosos han tratado de resolver la autoría. José María Merino (A Coruña, 1941) es el último explorador de aquellas páginas a las que Felipe II autorizó su impresión en 1587. Musa décima (Alfaguara) le ha puesto por título en referencia a la manera como en un verso Lope de Vega llamó a Doña Oliva (Alcaraz, Albacete 1562- y fallecida después de 1645). Merino novela esa historia en un péndulo narrativo y metaliterario que va del siglo XVI al XXI al exponer las diferentes hipótesis para que el lector saque sus conclusiones.

“Es un libro que debería estar en el canon de los ensayos españoles, no solo por la temática que reflexiona sobre el buen vivir y los afectos, sino también por el fino estilo”, asegura el escritor y académico. Lo dice en la sede de su editorial en Madrid, mientras tiene entre sus manos un ejemplar de la Nueva filosofía de la naturaleza del hombre de 1728. Una joya cubierta en piel de pergamino que estaba en la biblioteca de su casa y que hojeaba con sumo cuidado desde niño, hechizado por la tipografía y las ilustraciones. Llegada la adolescencia leyó la carta dedicatoria a Felipe II y quedó conquistado para siempre. Desde que Merino empezó su carrera literaria, ese libro ha merodeado sigiloso por su cabeza. Hasta que un buen día pensó: “¡Caramba! ¿Por qué no me meto ya con el libro de Doña Oliva?, ¿por qué no juego a utilizar lo histórico dentro de la realidad y circunstancias de ahora?, y ¿por qué no juego a desarrollar los estudios de los afectos de los que habla ella en la sociedad contemporánea? Así empecé”. Y le permitió, además, introducir su faceta de viñetista.

De aquello hace unos cinco años. El resultado es una novela que ilumina la vida de Doña Oliva, reivindica la figura de las creadoras en un mundo donde se les negaba la posibilidad no solo de estudio, sino de considerarlas tan listas, inteligentes o precoces como los hombres. “Si uno de los argumentos para negarle la autoría de aquel ensayo era que no tenía estudios, es precisamente por eso que ella hizo esa obra donde se aparta de la medicina tradicional, de las ideas preestablecidas de la época y crea algo nuevo, original, salido de su reflexión ante la vida y el mundo”, explica Merino. Doña Oliva se adelantó a la medicina alternativa, a la psicología, a los tratados sobre los sentimientos y emociones que buscan el equilibrio con la razón, a la lucha contra la pobreza y a una forma de estar en el mundo más epicúrea.

Musa décima tiene una estructura narrativa con personajes de la España más actual en mitad de la crisis que conectan con los análisis, ideas y remedios de Doña Oliva en el siglo XVI. Como si el tiempo no existiera en el corazón del ser humano. Plagios, envidias, traiciones, venganzas, lujuria, miedo, congoja… pero donde la prudencia y la magnanimidad asoman como aliados del buen vivir y estar.

“La crisis no es solo económica, laboral, financiera y de política nacional e internacional. Hay una crisis cultural importante”

“Más daño hace el propio temor que la cosa temida cuando llega”, escribió Doña Oliva, creía Berta 40 años después y descubrió su hijo Rai hace poco. Es un libro que vale la pena leer porque, advierte Merino, “la crisis no es solo económica, laboral, financiera y de política nacional e internacional. Hay una crisis cultural importante”. El escritor calla un segundo antes de continuar: “Vivimos un momento malo en el que todo se nivela por lo bajo”.

En medio de esas dos historias que corren paralelas, la de Doña Oliva y los personajes actuales que la van descubriendo a ella y a sí mismos, Merino introduce un elemento que conduce al origen y corazón de su libro: los laberintos de la autoría y la creación literaria y algunas críticas al mercado editorial. Además de rendir homenaje a Cervantes.

Historia, ficción y metaliteratura que llevan al autor a reconocer que, tal vez, “hay que poner en duda el canon, pero se necesita un canon para avanzar. La novela es sobre todo un modo especial de conocer la realidad. Es el aparato más sofisticado para conocernos a nosotros mismos. Pero este es un momento de crisis”.

No es que Merino esté en contra de la literatura popular. Pero, aclara, “no es lo mismo Stephen King que Dan Brown. En la literatura popular también ha habido un descenso de calidad”. Una de las razones, afirma, es que el nivel de exigencia lectora ha bajado, “¿Y por qué ha bajado? Porque ha bajado la formación educativa”.

No ve con buenos ojos la tiranía del lector de Internet. “El problema no es que prevalezca una tecnología sobre otra, pueden convivir. Pero la Red hace daño a la palabra escrita y ha rebajado la exigencia lectora. Ahora todo vale lo mismo, ¡Y no puede ser!”. Considera que a los estudiantes no se les dan los elementos necesarios para no caer en trampas.

"La Red hace daño a la palabra escrita y ha rebajado la exigencia lectora. Ahora todo vale lo mismo, ¡Y no puede ser!”

El autor de obras como El río del Edén recuerda las responsabilidades educativas u orientativas de las familias, el Estado, la industria editorial y los medios de comunicación. “No es bueno que las editoriales repitan y repitan una fórmula exitosa en aras exclusivas de las ventas. La industria debe ser exigente. Y los medios también. La jerarquización tiende a desaparecer y nadie orienta de verdad”. Merino termina su reflexión con otra advertencia: “Si bajamos demasiado el nivel hacemos daño a todo el sistema. La literatura es más importante de lo que parece”.

La voz de Doña Oliva se cuela hoy. En días de plagios, traiciones y venganzas en España, José María Merino recuerda que “todos estamos en la Nueva filosofía de la naturaleza del hombre”. Y en sus palabras aparece un consejo que daría Doña Oliva: “Este mundo que tenemos protervo de corrupción hay que intentar enmendarlo, no apoltronarnos, necesitamos en todos los sentidos un repaso higiénico de vida más sana política y en todos los aspectos”.

Merino no duda en señalar que aquel libro enigmático debería leerse y aplicarse porque, afirma: “En España tenemos la idea de que este es un país del realismo, pero creo que uno de nuestros arquetipos fundamentales es la vida como sueño. Y la vida es sueño, solo que en este caso vivimos el fruto de la pesadilla. Estamos viviendo un sueño esperpéntico”.