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Estampa dibuja una nueva relación entre coleccionista y artista

El pintor Luis Gordillo (Sevilla, 1934) es el artista invitado de la 24º edición de la feria

Montaje de la feria de arte y coleccionismo Estampa en Matadero Madrid.
Montaje de la feria de arte y coleccionismo Estampa en Matadero Madrid.

En las décadas centrales del XX, mientras el Matadero de Madrid servía precisamente como tal, Luis Gordillo (Sevilla, 1934) se traía de un viaje a Londres una pintura pop al principio muy pictórica y luego, a base de repeticiones, plana y contagiada de los colores de la publicidad. Él, pionero y referente ineludible, es el artista invitado de la 24º edición de Estampa, que arranca hoy y durará hasta el domingo, alojada en la Nave 16 de ese matadero. La feria, que nació con la vocación de ofrecer la obra gráfica y de pequeño formato de grandes artistas para fomentar el coleccionismo privado, se ha transformado a lo largo del tiempo en la misma medida en que lo han hecho los coleccionistas quienes, según corrobora el director, Chema de Francisco, ya no compran para decorar, para atesorar; sino que persiguen implicarse con la idea y el discurso del artista, ser partícipes de la obra.

José de la Fuente, galerista de Santander, sostiene y hace girar en sus manos dos toros unidos por las pezuñas: famélico el de arriba y orondo el de abajo; y al contrario según los rota. Quien compre la pieza adquiere, a la vez, el compromiso de enterrar una mitad y darle la vuelta cada siete años. Como en los sueños de José en el Génesis, que hablan de la abundancia y la carestía. A eso se refiere De Francisco con que quienes coleccionan arte hoy buscan ser, cada vez más, parte de la obra e interactuar con ella. “Toda la sociedad tiende a ser más activa”, añade De Francisco.

Todavía pueden encontrarse aguafuertes de Rafael Canogar, cuadros de Roy Liechtenstein o de Joan Miró asequibles —las obras más caras cuestan en torno a 60.000 euros y hay piezas disponibles desde 500—, pero también instalaciones (como las de Avelino Sala o Alicia Martín y sus libros fetiche) y escultura de consagrados, como José Cobo, o de jóvenes como Antonio Samo. Predomina la fotografía: maestros como Wolfgang Tillmans o Cristina Lucas, Alberto García-Alix, Cristina García Rodero o Rogelio López Cuenca. En pintura destacan los trabajos de Rafa Macarrón, artista heredero de una gran saga con estética infantil y una iconografía riquísima, y de dos Santiagos: Giralda e Ydáñez.

En total 80 expositores, a los que se suman los editores y los proyectos individuales, compartirán lo que, como dice Gerardo López, organizador, aspira a ser una educación sentimental con la que Gordillo se ha comprometido hasta el punto de presentar 20 obras realizadas ex profeso y de querer acudir a charlar con los artistas más bisoños. Año a año Estampa tiende a convertirse en antesala del fecundo febrero, en el que todo Madrid es una feria de arte. Aunque, como dice una veterana de esto, la galerista Juana de Aizpuru, no hay que olvidar los orígenes: “Yo solo traigo papel, por eso se llama Estampa. No me interesa un ARCO pequeñito”.

 

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