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CRÍTICA | CAPTAIN FANTASTIC

Los hijos de Noam Chomsky

Que la película es interesante no hay quien lo niegue

"Si asumes que no hay esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto hacia la libertad, entonces aún hay posibilidades de cambiar las cosas". Que una frase de Noam Chomsky, quizá el teórico de la izquierda más importante de Estados Unidos, domine una película comercial americana es una novedad. Que no solo la frase, sino también su figura, sea el epicentro de un relato en el que incluso se celebra el día Noam Chomsky como una navidad alternativa ya es de premio. Que esa película, Captain Fantastic, segundo largometraje de Matt Ross, aborde problemáticas contemporáneas y afilados discursos teóricos, envueltos en una comedia de entretenimiento de aspecto atractivo para la cultura de masas es directamente de traca. Casi de operación revolucionaria desde dentro.

CAPTAIN FANTASTIC

Dirección: Matt Ross.

Intérpretes: Viggo Mortensen, George MacKay, Frank Langella, Annalise Basso.

Género: comedia. EE UU, 2016.

Duración: 118 minutos.

A través de una puesta en escena moderna pero invisible (premio al mejor director en la sección Una cierta mirada de Cannes), Ross articula un relato familiar con esencia de fábula moral, que se aproxima a una de las acciones más subversivas que pueden iniciarse hoy en día en una sociedad occidental: criar a tus hijos al margen de la ciudadanía, sin relación alguna con tus congéneres, enseñándoles por ti mismo cultura e historia, matemática y filosofía, idiomas y política, supervivencia física e intelectual, renunciando al capitalismo reinante y a los poderes fácticos. Como una mezcla del Jack London de La llamada de la naturaleza y del Henry David Thoreau de La desobediencia civil, Captain Fantastic asalta las rendijas del sistema como una revolución individual familiar comandada por un padre (y una madre ausente, pero presente) caído del caballo de nuestro sistema, un Saulo de Tarso reconvertido en guía, pero quizá también en pequeño gran tirano de la ideología, con el que los críos acaban leyendo Middlemarch y Lolita, Los hermanos Karamazov y Maus.

Que la película es interesante no hay quien lo niegue. Que se permite licencias estéticas (esa entrada en el funeral, cual familia perfecta de diseño alternativo) en pos del abrazo de la lujosa y estilosa venta de su propio producto, tampoco. Cómica y trascendente, compleja, entretenida y solo puntualmente maniquea y gruesa (la aventura sexual del hijo mayor), Captain Fantastic describe paso a paso la radiografía de un error, "de un maravilloso error", con ecos teóricos de Hacia rutas salvajes y estrambóticos de Pequeña miss Sunshine. Y culmina con un mensaje acorde con su carácter anómalo de revolución controlada, de película para hacer pensar, y al mismo tiempo entretener, a las mayorías reinantes.

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