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La feliz resurrección de los fantasmas

Los espíritus de ultratumba conviven ahora con los espectros creados por la modernidad. Una treintena de escritores se reunirá en Formentor para celebrar un género literario que vive un cambio de modelo

Ilustración de Ana Juan para 'Otra vuelta de tuerca' de Henry James.
Ilustración de Ana Juan para 'Otra vuelta de tuerca' de Henry James.

Salidos de alguna parte de entre este mundo y la imaginación, los fantasmas han vuelto por lo que es suyo: la literatura. Donde sus miedos abisales se encarnan mejor y garantizan su perpetuidad. Solo que esos legendarios temores de ultratumba ya no están solos. Tras el fallido intento de la modernidad por desterrarlos, esa misma modernidad ha engendrado espectros cuyo reino sí es de este mundo.

Una de sus manifestaciones es la resurrección del género literario de fantasmas en plena diversificación y metamorfosis. Los contemporáneos nacen de los miedos de los avances y problemáticas creadas por el ser humano, el vacío espiritual y el mundo virtual. “Eso nos convierte en seres deslizantes que vivimos un presente continuo como almas errantes”, advierte Rafael Argullol. Para este escritor y catedrático de Estética y Teoría de las Artes, “ese naufragio es una acepción de nuestra época”.

El mundo es una procesión de ánimas que “convierten la realidad y la cotidianidad en asuntos cada vez más extraños”, asegura Marta Sanz. La escritora se refiere a la mutación de la estirpe clásica de los fantasmas propiciada por temores que van desde potenciales guerras y conflictos mundiales, hasta peligros ambientales, amenazas científicas, latrocinios, injusticia social, corrupción política…

La convivencia de esas dos clases de fantasmas se comprobará a orillas del mar de Mallorca, del 16 al 18 de septiembre. En medio del rumor mediterráneo, las voces literarias de esas criaturas serán invocadas por una treintena de narradores, ensayistas y filósofos de España y Latinoamérica. Será en las Conversaciones de Formentor bajo el epígrafe Espíritus, fantasmas y almas en pena. Historias del más allá en la literatura, organizadas por la Fundación Santillana y patrocinadas por el hotel Barceló Formentor. Las jornadas se abrirán este viernes con la entrega del sexto Premio Formentor de las Letras al italiano Roberto Calasso, gran autor con el doble magisterio de editor de Adelphi y ensayista y narrador.

Si el año pasado el tema de las conversaciones fue la maldad, ahora “es justo prestar atención a esas criaturas invisibles, intangibles e hipotéticas que han estimulado el ejercicio narrativo de tantas generaciones de escritores”, dice Basilio Baltasar, director del Área de Cultura de la Fundación Santillana y organizador de estas Conversaciones.

Esplendor del más allá

El encuentro se producirá doscientos veranos después de que, a orillas de otras aguas, las del lago Lemán, en Ginebra, se viviera uno de los momentos cumbre de la literatura del más allá. Lord Byron alquiló Villa Diodati, donde durante tres días fríos y oscuros como noches coincidieron su secretario John William Polidori y los escritores Mary Shelley y su esposo Percy Bysshe Shelley. Luego, Byron propuso que cada uno creara un relato de miedo. De allí surgieron Frankenstein y la figura del vampiro. “Lo que se veía nacer no era solo la Revolución Francesa o Industrial, sino algunas de las preguntas más angustiosas de la modernidad”, escribe William Ospina en El año del verano que nunca llegó (Literatura Random House).

Los fantasmas siempre han encontrado un resquicio para fascinar al ser humano. “Aunque existen ejemplos de relatos de fantasmas ya en el siglo XVIII, como La aparición de Mr Veal (1706), atribuido a Defoe, el momento de mayor esplendor coincide con el periodo de auge cultural vivido durante la época victoriana en Inglaterra, en la segunda mitad del siglo XIX”, recuerda Juan Luis González, uno de los editores de Valdemar, especializado en el género. Grandes escritores han alentado esos miedos.

Sombras en España

España no ha gozado de una gran tradición literaria. “Por varios siglos de rechazo eclesiástico de todo lo fantástico, que compite con lo sobrenatural, un rechazo muy influyente en el mundo llamado culto...”, lamenta José María Merino. Pero el escritor y académico destaca ejemplos: en el siglo XVII, Posada del mal hospedaje, de Lope de Vega, o el “convidado de piedra” que se lleva a El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina; en el XIX, Maese Pérez el organista, o el personaje que regresa de El monte de las ánimas, de Bécquer; en el XX, las Crónicas del sochantre, de Álvaro Cunqueiro; o Pedro Páramo, del mexicano Juan Rulfo…”.

Las mejores historias de fantasmas

RAFAEL ARGULLOL

El apocalipsis, de san Juan.

Divina comedia, de Dante.

El paraíso perdido, de John Milton.

La caída de la casa Usher, de Edgar Allan Poe.

El perro de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle.

BASILIO BALTASAR

El extraño caso del sr. Valdemar, de Edgar Allan Poe

Otra vuelta de tuerca, de Henry James.

Frankenstein o el Moderno Prometeo, de Mary Shelley.

Para leer al anochecer, de Charle Dickens.

El museo de los horrores, de H. P. Lovecraft.

CRISTINA FERNÁNDEZ CUBAS

El manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki.

Morella, de Edgar Allan Poe.

Otra vuelta de tuerca, de Henry James.

La casa, de André Maurois (cuento breve contenido en Siempre ocurre lo inesperado)

La resucitada, de Emilia Pardo Bazán.

JUAN LUIS GONZÁLEZ

Corazones perdidos, de Montague Rhodes James.

La litera de arriba, de Francis Marion Crawford.

La muerte de Halpin Frayser, de Ambrose Bierce.

La puerta abierta, de Margaret Oliphant.

Otra vuelta de tuerca, de Henry James.

JOSÉ MARÍA MERINO

Otra vuelta de tuerca, de Henry James.

La leyenda de Sleepy Hollow, de Washington Irving.

El fantasma de la ópera, de Gaston Leroux.

Relatos de fantasmas, de Edith Wharton.

El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde.

MARTA SANZ

El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde.

Otra vuelta de tuerca, de Henry James.

La dama de blanco, de Wilkie Collins.

Sudores fríos: de entre los muertos, de Pierre Boileau y Thomas Narcejac, en la que se basa la película Vértigo, de Hitchcock.

Jennie, de Robert Nathan, en que se basa la película homónima, dirigida por William Dieterle.

No es un género fácil al contar con dificultades para que sus relatos sean creíbles, revela Cristina Fernández Cubas. Aunque, agrega la narradora, “pueden resultar auténticas joyas. Y hasta donde la memoria me alcanza, considero las Leyendas de Bécquer y algunos cuentos de Pedro Antonio de Alarcón y Emilia Pardo Bazán auténticos hitos en este mundo oculto. Mundo siempre presente entre los autores de América Latina”.

Metamorfosis en el siglo XXI

Esas narraciones de desvelos han estado conectadas con la moda, y la moda de lo gótico se ha convertido en nicho, explica Roger Clarke, autor de La historia de los fantasmas: 500 años buscando pruebas (Siruela). Para este investigador “lo que la gente ha querido son diferentes clases de fantasmas que parecen cumplir diversas funciones. Ahora es la vuelta de fantasmas a la usanza del XIX, pero se les ayuda a aceptar que están muertos y a seguir adelante, en lugar de interrogarlos sobre el más allá”.

El arquetipo se ha entrelazado con el de los zombis y los vampiros. Para Merino, “los zombis representan a una mayoría inerte y desmemoriada, capaz de cierta radical y golosa antropofagia, y el vampiro pertenece a una sanguinaria especie que simbólicamente define muy bien ese mundo de corrupción sin escrúpulos que crece alimentándose del patrimonio colectivo para empobrecernos a todos…”.

Historias indisociables de la psicología y la cultura, afirma González. Parece, añade el editor, que “los miedos colectivos suelen encontrar su expresión y su catarsis en este tipo de ficción”. Cita, entonces, a David J. Skal y su ensayo, Monster Show (Valdemar), “donde muestra cómo ha cambiado el cine y la literatura de terror desde los años treinta del siglo XX, y la evolución de los miedos”.

Esa metamorfosis de los fantasmas se aprecia, sobre todo, en la industria audiovisual, como se leerá este otoño en El Imperio del Mal. El cine de terror norteamericano post 11-S (Valdemar), de Antonio José Navarro. “La industria cinematográfica explota la inspiración de los géneros literarios”, aclara Baltasar. Y agrega: “El artificio industrial con sus imitaciones destruye el fundamento de la ficción: la sospecha de que ahí se alberga algo más verdadero, algo que nos concierne vitalmente. Justo lo que no encontramos en la industria del entretenimiento”.

En el siglo XXI hay dos clases de fantasmas, asegura Argullol: “Los que se mueven en el resquicio de almas errantes y los náufragos que deambulan por su cuenta. Estos segundos son consecuencia de nuestro tiempo de perfiles y referencias poco nítidas. En otras épocas, quien andaba perdido tenía recursos como una ideología, una religión, una filosofía o un pensamiento colectivo que le encausaba. Hoy, la ausencia de esos referentes nos ha convertido en seres deslizantes. Estamos infirmitas a la deriva”.

La procesión de fantasmas no cesa. El penúltimo, desvela Argullol, “procede de las confusiones entre la realidad y la fantasmagoría. Esa especie de espectro de mundos virtuales en que vivimos ha creado una forma de vivir el fantasma”.

ROGER CLARKE Y SUS TESTIMONIOS EN INGLATERRA

Hinton Ampner (1770), la historia en la que se inspiran autores como Henry James para Otra vuelta de tuerca.

Tedworth Drummer (1661), que se refiere a aspectos de la brujería inherente a las historias de fantasmas del siglo 17.

Epworth Poltergeist (1716-1717) en la que la frecuencia de un clérigo alimentada a la fundación de una nueva religión en todo el mundo.

El caso borley Rectoría (1929), resultó ser una plantilla para el machismo de la moderna caza de fantasmas en el que los fantasmas tienen que ser 'cazados' en lugar de simplemente y con más suavidad 'encontrados', y en el que la prensa moderna juega un gran papel en su propagación.

El fantasma de Cock Lane (1762) donde todo tipo de elementos de clase y cultura de la bebida y el desorden urbano fueron clave en un contexto de asesinato y difamación.

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