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Alan Moore: “He terminado con los cómics”

El legendario autor publica ‘Jerusalem’, una colosal novela, y critica la “falta de ambición” de la cultura contemporánea

Alan Moore deja los cómics. 

Sus obsesiones, explica Alan Moore, estaban ahí desde que era un niño. Un mocoso que miraba intrigado los retratos de sus antepasados victorianos, colgados en su casa en un barrio obrero de Northampton. “Miraban sorprendidos a la cámara”, recuerda. “Yo me preguntaba si sabían que estaban muertos. Quizá no lo sabían. Entonces pensaba si había gente en el futuro mirando fotos mías y preguntándose si yo sé que estoy muerto”.

La vida y la muerte. El tiempo y el espacio. Las realidades paralelas. Ejes del universo de Moore, de 62 años, uno de los autores de cómic más grandes de la historia, padre de Watchmen, V de Vendetta o From hell. Obsesiones místicas a las que da rienda suelta en su nueva obra, Jerusalem, publicada ahora en Reino Unido, que promete ser lo más ambicioso y enrevesado que haya creado nunca. Se trata de un libro cuyo propósito es, en palabras del autor, “refutar la existencia de la muerte”. Una obra que Moore sostiene en sus manos, adornadas con seis misteriosas sortijas, mientras los pelos grises de su larga barba acarician la no menos intrigante portada ilustrada por el propio autor, que recibe a una decena de periodistas en un club londinense.

Jerusalem es una novela. La segunda que escribe Moore (tras La voz del fuego, de 1996). Ha tardado diez años en completarla. Los pocos que ya la han leído y comentado hablan de una obra “memorable”. “Fusione a James Michener, Charles Dickens y Stephen King y se acercará al territorio de la infinita inventiva que exhibe Moore en su más magna opera magna”, proponía la primera crítica, en Kirkus Reviews.

Monumental

Lo que nadie negará a Jerusalem es el adjetivo de monumental. Es un artefacto de 1.280 páginas en tres tomos. Desde aquí, mucho ánimo al traductor que tiene ante sí la colosal tarea de convertirlo al español, para que Planeta pueda publicarlo el año próximo: las más de 640.000 palabras –Moore supera a Guerra y paz o a su admirada La broma infinita, de Wallace— conforman capítulos narrados por diferentes voces. El propio autor reconoce que le costaría comprender, si decidiera releerlo, el capítulo dedicado a Lucia Joyce, hija del genio dublinés, escrito en “un idioma subjoyciano completamente inventado”.

Un viñeta del cómic 'Watchmen'.

Después de 10 años inmerso en la solitaria escritura de una novela, Moore da por concluida su etapa de autor de tebeos. “Hay 250 páginas de viñetas que tengo todavía en mí”, explica. “Después, he terminado con los cómics”.

Asegura que su carrera en los tebeos fue “un accidente”. Le echaron de la escuela a los 15 años por trapichear con LSD, y completó su formación en un colectivo artístico experimental. “Jugué con los medios y las ideas. Me decanté por los cómics porque parecían funcionar. Pero ya he hecho suficiente en ese campo”.

Moore salió escaldado del mundo del cómic comercial. “Nunca fui un entusiasta de los superhéroes”, admite. “Habrá una razón por la que millones de adultos siguen las aventuras de Batman, pero se me escapa. Son personajes de hace medio siglo. Llegamos a los noventa, que era el futuro para los superhéroes, y no supimos inventar nada. Decidimos repetir la cultura del siglo en el que nos sentíamos cómodos. No defiendo deshacerse de los arquetipos clásicos, pero sí añadir otros. Este siglo merece su propia cultura. Como The Wire, que no podría haber sido escrita el siglo pasado. Estoy harto de Batman”.

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Retrato del autor de cómics y escritor Alan Moore, en septiembre de 2013. Getty Images

Transgresor de las fronteras del cómic, y crítico con las millonarias adaptaciones al cine de sus obras, Moore reivindica exprimir el potencial de cada medio. “No suscribo la idea moderna de que todo debe ser válido en diversas plataformas", explica. "Así, acabas con cómics que quieren ser películas y con películas que quieren ser merchandising. Estoy harto de leer novelas que en el primer párrafo sabes en qué actriz piensa el autor. No me gusta la falta de ambición de la cultura contemporánea. Y no vale con quejarse: hay que hacer algo que creas mejor”.

El cine, y un libro sobre magia, son los campos que le ocupan ahora. "Me interesan las cosas que no sé si sabré hacer", asegura. Moore se mantiene muy vivo. Por si hay alguien ahí en el futuro mirando su retrato en la pared.

‘Jerusalem’ es Northampton

Qué nadie se lleve a engaño: Jerusalem transcurre en Northampton, la ciudad natal del autor. Más concretamente, en el kilómetro cuadrado donde creció Moore. El título responde al poema de Blake, convertido en himno oficioso de Inglaterra. “Si profundizas en una comunidad ves las cualidades narrativas de la existencia, cómo viven las familias durante generaciones, la estructura temporal y espacial del mundo”, defiende.

Histórico anarquista, Moore indaga en Jerusalem en las raíces de la identidad y la cultura inglesa. Pero cree que “la idea de nación se está rompiendo”. “Internet ha evaporado la geografía y la ha desprovisto de significado político”, sostiene. “El ISIS es un ejemplo de movimiento posnacional, aunque no es el que yo deseaba, claro. Debemos celebrar nuestra tierra pero no por encima de la de otros. La cultura inglesa no sería nada sin el contagio de otras. Creo en las identidades inclusivas. Ninguna cultura existe si está aislada”.

En una versión anterior de este artículo se decía erróneamente que Alan Moore tiene 72 años, en lugar de 62.

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