Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Muere Prince Buster, el embajador del ‘ska’

Sus efervescentes discos inspiraron a Madness, Specials y otros grupos del movimiento 2-Tone

Prince Buster baila con Brigitte Bond en Londres en febrero de 1964.
Prince Buster baila con Brigitte Bond en Londres en febrero de 1964. TopFoto / Cordon Press

Cecil Campbell, de 78 años, conocido en el universo musical jamaicano como Prince Buster, falleció el jueves 8 de septiembre en un hospital de Miami (Florida), tras sufrir varios derrames cerebrales. Ejerciendo como cantante y productor, Buster fue uno de los máximos creadores de ska de los años 60 y también intervino en su ralentización, el sensual rock steady que daría lugar al reggae.

Su apodo reflejaba sus vivencias en Kingston, su ciudad natal. Lo de Príncipe venía de sus hazañas como boxeador y jefe de pandilla; Buster era una variación del apellido de Alexander Bustamante, el primer ministro de la Jamaica emancipada. Tras batirse en las batallas de los muy competitivos sound systems, Prince Buster montó su propia discoteca móvil, Voice of The People. Y se interesó por la elaboración de las grabaciones que animaban aquellas veladas, aprovechando que tenía acceso al estudio de la emisora RJR.

Prince Buster se graduó a productor y, según evocaba Jimmy Cliff, enseñaba lo esencial a los aspirantes a artistas: la necesidad de escribir canciones completas, que se transformarían mágicamente con las aportaciones de los instrumentistas. Fue responsable de añadir africanía a Oh Carolina, de The Folke Brothers (1961), con los tambores niyabinghi de Count Ossie; intuyó que el futuro de la música jamaicana estaba en acentuar las diferencias con el rhythm and blues de Nueva Orleans que arrasó en la isla durante los años 50.

Como solista, Buster encadenó éxito tras éxito: Independence song (1961), Madness (1963), Al Capone (1964). Esta última impactó en el Reino Unido. Allí trató a Georgie Fame, el cantante/organista que animaba a los mods del Soho con sus versiones de ska. Disculpen: los británicos denominaban entonces blue beat a todas las músicas modernas procedentes de Jamaica; el nombre derivaba del grupo de acompañamiento de Buster, The Blue Beats, que sirvió para bautizar una discográfica londinense.

De visita en Miami, Buster conoció al boxeador Cassius Clay y, bajo su influencia, se unió a la Nación del Islam como Mohammed Yusef Ali. Esa decisión tendría consecuencias a la larga: chocó con el movimiento rastafariano, que dominaría ideológicamente el ambiente musical jamaicano en los 70. Buster había criticado la tribu urbana de los rude boys, en su papel de Judge Dread, un magistrado que dictaba duras penas contra los jóvenes delincuentes. Para entonces, la música había bajado su ritmo e iba camino de su codificación como reggae.

Atento a los gustos callejeros, Prince Buster produjo a los llamados DJs (en la jerga jamaicana, artistas que hablaban más que cantaban) y hasta indagó en las técnicas del dub. Sin embargo, se desencantó con la creciente violencia de Jamaica, potenciada por políticos irresponsables con complicidad de la CIA y Fidel Castro.

Acomodado en Miami, Prince Buster se había resignado a la vida del hombre de negocios emigrado cuando descubrió que sus semillas habían prendido en el Reino Unido. Madness era un alborotado grupo londinense que habían tomado el nombre de su tema Madness is gladness; su primer lanzamiento fue un homenaje llamado The Prince y su éxito internacional comenzaría con la adaptación de un instrumental de Buster, One step beyond. También los Specials y The Beat realizaron versiones del Príncipe.

Aunque Buster simpatizaba con los planteamientos antirracistas del movimiento 2-Tone, se resistió a volver a los escenarios. Lo hizo finalmente a partir de 1988, cuando su tema Whine and grine entró en las listas británicas, tras ser usado en un anuncio de pantalones vaqueros. Giró incluso con los soberbios Skatalites y editó varios discos en directo. Sin embargo, se resistió a retornar a Jamaica: su país se había convertido en la peor de sus pesadillas.