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Libros

El poeta de la ciudad

En la obra de Fonollosa no hay engaños ni artificios, son poemas secos, ásperos y desabridos; despojados endecasílabos blancos

El poeta de la ciudad

La peripecia biográfica y literaria de José María Fonollosa (Barcelona, 1922-1991) es hoy conocida, pero cuando en 1990 apareció Ciudad del hombre: Nueva York, con prólogo de Pere Gimferrer, muchos se preguntaron quién era ese poeta desconocido, y otros creyeron que se trataba de una farsa, del heterónimo de alguna figura poética famosa. Sin embargo, ese escritor ignorado y secreto, alejado de modas y círculos literarios, no sólo existía sino que fue, tras la publicación póstuma en 1996 de otra antología de su obra, Ciudad del hombre: Barcelona, el poeta que en los noventa tuvo más reediciones, proclamando su importancia y singularidad en la historia de la poesía, aunque su perseguida gloria literaria tuviera una escasa existencia: desde la presentación en mayo de 1990 de su primera recopilación poética, hasta su muerte, en octubre de 1991, habían pasado un año y pocos meses.

Hay ejemplos de poetas que, al margen de sus contemporáneos, publicaron a destiempo o no pudieron hacerlo. En esto Fonollosa y Juan Larrea corrieron suertes similares, pues el poeta más marginal del 27 tuvo parecido destino de secretas intenciones: olvidado hasta la famosa edición de Versión celeste de 1970 en Barral Editores, sólo entonces alcanzó merecido reconocimiento, incluso leyéndose como un libro primordial de la generación novísima en ciernes. Más extremo aún, Fonollosa se adelantó a los modos y maneras de la generación de la experiencia en ese momento en liza, de la que Ciudad del hombre sería una obra de referencia, aunque escrita en los cuarenta años anteriores y por quien debería formar parte de la poesía de posguerra. Una obra que apareció de pronto, in medias res, y cuyo manuscrito original, compuesto por 236 poemas escritos entre 1947 y 1985, seguía inédito hasta esta primera edición íntegra, con su orden y estructura definitivos, que José Ángel Cilleruelo lleva a cabo con magistral precisión, y con un erudito prólogo que pone en claro la historia y avatares de la vida y obra de este magistral poeta de las calles de Barcelona.

En Ciudad del hombre no hay engaños ni artificios, son poemas secos, ásperos y desabridos; despojados endecasílabos blancos con una estructura métrica paralelística y simétrica, compacta en la narratividad de un tono coloquial engañosamente prosaico; una poesía más allá de lo poético, fruto de su “maldita difícil sencillez”, de la severa literalidad de palabras elegidas para “expresar la obra / en su justa extensión, la exacta, la única”. Este recorrido por la vida urbana es un fresco, una ronda de voces y emociones, un trenzado de historias y personajes en los que se despliega el sujeto poético, hilos vitales que el poeta mezcla y transforma en una red discursiva donde aparecen “reunidos junto a mí mis yo dispersos”. Lo que se cuenta busca su modo de contarse, un itinerario diseñado en la mente del poeta al ritmo de las ambiciones, deseos, obsesiones y temores del caudal sanguíneo de unos habitantes que van y vienen por calles y avenidas, con sus cargas de desamor y angustia, con su desesperación y sus fracasos en busca de algo que no se sabes si será posible encontrar: “Resistir, rebelarse, es empeorar / aún más la situación desesperada”.

Un potente y actual libro que, en su realismo vital y en su dramatismo, con ironía, reproducen cuadros detallados de una existencia urbana cincelada al detalle. Una mezcla de lo exterior y lo interior, donde la realidad viva de las calles de Barcelona sirve como expresión de las impresiones y pensamientos íntimos de quienes buscan la “esencia” de “esa materia / donde anida el dolor: el Universo”, y de quienes a ese dolor se enfrentan.

Ciudad del hombre José María Fonollosa Prólogo y edición de José Ángel Cilleruelo Edhasa Barcelona, 2016 382 páginas. 24 euros