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Amy Adams: “Nací miedica”

La actriz estadounidense Amy Adams, nominada en cinco ocasiones a los Oscar, presenta dos películas en el certamen italiano

Amy Adams
Festival de Venecia  Amy Adams, a la entrada del hotel Excelsior, en Venecia. GC Images

De repente, Amy Adams empezó a llorar. No estaba en una prueba para un papel, sino ante un grupo de periodistas. La actriz, entre una y otra pregunta, recordó una anécdota reciente de su hija y la emoción le costó unas lágrimas: “Estábamos caminando en la playa y, de golpe, no la veía. Pregunté: ‘¿Dónde estás?’. Y contestó: ‘Detrás de ti. Sigo tus huellas, pero no estoy en tu sombra”.

A la intérprete (Vicenza, Italia, 1974) le acercaron un pañuelo mientras se disculpaba por llorar. No hacía falta perdonar nada; en el fondo, su conmoción también hablade La llegada, una de las dos películas que presenta en Venecia; la otra es Nocturnal Animals.

“Para mí el filme es muy personal. Tiene que ver con nuestras elecciones, nuestra relación con el tiempo y la falta de comunicación”, aseguró. Aunque, a priori, el filme de Dennis Villeneuve es una vuelta de tuerca a la ciencia ficción. Las alienígenas visitan la Tierra, pero, en vez de las balas, cantan las palabras: Adams interpreta a una lingüista que intenta comunicarse con los extraterrestres y comprender a qué han venido. La intérprete se sumó al proyecto por un guion “maravilloso”. Muchísimo menos le gusta verse obligada a hablar de ello o de su vida. “Me tengo que exponer emocionalmente, y me resulta horrible. Desde luego no me hice actriz para esto, o para ser criticada. Pero aprendes a lidiar con el fracaso”.

Le costó lo suyo, eso sí. En una gala de los Oscar —ha sido candidata a cinco, sin ganar nunca—, sentada entre Sean Penn y Meryl Streep, sintió que allí no pintaba nada. Asegura que nadie le reconoce por la calle y se define como “aburrida”, nada diva: es más, cree firmemente en los modales. Y, sobre todo, pelea desde siempre contra la inseguridad: “Me asusta la posibilidad de fallarme a mí misma o al director. Nací miedica y con una ansiedad natural. Aunque también con una imaginación muy vívida”.

Empezó con mucho teatro, entre musicales y el sueño de ser bailarina. En 1999, una lesión le impedía danzar temporalmente, así que lo intentó con el cine. Debutó con Muérete, bonita. Y desapareció, entre papeles menores en películas irrelevantes. Ella misma habla de “año oscuro” y llegó a plantearse rendirse. Pero Spielberg primero —Atrápame si puedes— y el filme indie Junebug, después, la devolvieron a su sitio natural. Hoy en día es una de las actrices mejor valoradas de Hollywood, con un currículo que va de los superhéroes al cine de autor. Tanto que no cambiaría nada de su camino. “Si quitara algún momento doloroso se modificaría la historia que me ha llevado hasta aquí. Bueno, quizás algún chico que no besé de joven”, concluye. Y esta vez se ríe.

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