Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
GENTE SINGULAR | Sílvia Pérez Cruz

De donde nacen todas las patrias

Esta cantante, intérprete y compositora toca todos los palos, la copla, el fado, el bolero, el jazz y el flamenco

De donde nacen todas las patrias Ampliar foto

Esta ampurdanesa de Palafrugell tiene el rostro —que de un lado recuerda a la raza cósmica de Frida Kahlo y de otro a la griega Irene Papas— de una mujer-tierra de cejas pobladas, mirada oscura, mandíbula firme, labios carnales y un regazo maternal de payesa, tan catalana, tan mediterránea, tan ibérica, cuya voz prodigiosa llega de esa región profunda, pegada a las vísceras más secretas, donde vibran todas las patrias.

Esta cantante, intérprete y compositora toca todos los palos, la copla, el fado, el bolero, el jazz y el flamenco; genera nuevas melodías desde la bossa nova de Brasil al folk norteamericano sirviéndose de guitarra, saxo, piano o tumbadora. Parecen demasiados sones, pero en realidad son solo uno, puesto que la voz de Silvia baja a sus raíces en busca de una savia común y los enhebra, los reconvierte, los fusiona en el aire y al final es su garganta la única que manda, bien en catalán, en castellano, en portugués o gallego. La lengua es su voz. Ese es el idioma. Pero debajo solo está el Mediterráneo.

Guardo dos momentos memorables de su música. Una noche de julio en la playa de Calella, desde las barcas fondeadas en la bahía a modo de platea, el público oye su habanera, Vestida de nit. La letra en catalán, compuesta por la madre de la artista, Gloria Cruz, habla de una isla con palmeras, de cañas de azúcar y ron, que los viejos marineros recuerdan en la taberna, pero también expresa el coraje de unos jóvenes navegantes, fuertes y valientes, héroes en la tormenta, que en tierra inventan historias de barcos con la añoranza de mujeres enamoradas.

La voz limpia y melancólica de Sílvia Pérez Cruz suena de noche bajo las estrellas Altaír, Vega y Deneb, que forman el Triángulo de Verano, en aquella bahía de Calella, tantas veces descrita por Josep Pla en el Quadern gris. La voz de Silvia me llevaba a la lectura de aquellas navegaciones del escritor en una barca de vela latina y las brasas de sardinas en las calas; me devolvía a las historias de mulatas, a rutas de la sal, a tormentas y calmas que los viejos marineros contaban en los bares mientras sonaban las fichas de dominó en el mármol en aquellos largos veranos cuando los gritos de los niños, que buscaban cangrejos, los apagaba la resaca, un sonido semejante al que producían en las terrazas las señoritas al apurar con una paja el hielo del granizado de limón o de café. Cantaba Silvia Pérez Cruz y los gatos dormían sobre las redes tendidas con olor a brea.

La cantada de habaneras en Calella se inició en 1966 y Cástor Pérez, el padre de Sílvia, que era músico, investigador y también cantante, fue uno de los promotores. Este recital de habaneras se celebraba primero en la taberna Can Batlle, y allí Silvia, de cuatro años, oía las primeras canciones y a veces su padre la subía de pie a una de las mesas y la niña se ponía a cantar y allí fue donde ella recibió los primeros aplausos de su vida procedentes de las manos leñosas de payeses un poco tronados por la Tramontana, que jugaban al tute o a la brisca y hablaban de cosechas perdidas o ganadas como si fueran batallas.

La voz limpia y melancólica de Silvia Pérez Cruz suena de noche bajo las estrellas Altaír, Vega y Deneb

Otro momento inolvidable fue oírla cantar Paraules d’ amor de Serrat. Otra vez Sílvia te llevaba a aquella región de la adolescencia con aquella niña cuya nombre ya no recuerdas, que oyó tus primeras palabras de amor, sencillas y tiernas; ¿ a quién no le pasado?; teníais 15 años; la querías, ella también te quería; no sabes qué habrá sido de ella, dónde estará, la perdiste y no la vas a volver a encontrar. Los primeros temblores de la carne, el bañador de algodón olvidado tras las cañas. La acompañaba a la guitarra Toti Soler.

Muy joven Sílvia se fue a Barcelona a estudiar música, guitarra, saxo y piano. Creó un grupo femenino, Las Migas, y después comenzó a caminar sola en múltiples batallas, como intérprete, compositora, letrista, arreglista y productora. Sones cubanos con Javier Colinas al contrabajo. Jazz flamenco. Espriu-Raimon o María la Portuguesa. Todo. Hoy está embarcada como actriz protagonista en la película Cerca de tu casa, de Eduard Cortés, sobre los desahucios, de la que ha compuesto las canciones, recogidas en el disco Domus. Sílvia Pérez Cruz ya fue la voz de Blancanieves, de Pablo Berger y ha trabajado en otras bandas sonoras y en diversos montajes de teatro. Pese a tantos éxitos, puede que tenga un tercer momento estelar como mujer-tierra. ¿Por qué será que mientras la oigo cantar un bolero, una copla, una habanera la imagino cocinando en Palafrugell un arroz negro inolvidable como una payesa?