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La ciencia desvela la modelo que ocultó Degas tras una mujer anónima

Investigadores australianos aplican una técnica rompedora para descubrir a Emma Dobigny en un lienzo reutilizado del pintor francés

El retrato escondido de Emma Dobigny encontrado en 'Portrait d'une femme', el cuadro del artista Edgar Degas. A la derecha, una falsa reconstrucción en color.
El retrato escondido de Emma Dobigny encontrado en 'Portrait d'une femme', el cuadro del artista Edgar Degas. A la derecha, una falsa reconstrucción en color. AFP

Hay un retrato del pintor francés Edgar Degas oculto bajo su Portrait de femme, un óleo sobre lienzo de 1880 o poco antes, actualmente en la colección de la National Gallery de Victoria, en Australia. Los investigadores creen que la mujer escondida es la modelo Emma Dobigny, y deducen ciertas técnicas del pintor a partir de las correcciones que hizo a las orejas de su musa. La tecnología que han desarrollado se podrá usar sobre otros lienzos reutilizados de los que emergerá tal vez una historia oculta del arte.

Ya se sabía que había algo debajo del Portrait de femme, y se lleva intentando reconstruir desde 1922, pero con resultados muy modestos. Científicos del Sincrotrón Australiano, en Victoria, y el Museo Reina Victoria de Launceston (Australia) han usado técnicas muy avanzadas (fluorescencia de rayos X, o XRF, computación en falso color) para producir una imagen excelente, al nivel de resolución de una sola cerda del pincel, y con todos los colores que usó el pintor, hasta el mínimo matiz. Presentan los resultados en la revista técnica Scientific Reports.

Las orejas de Dobigny han resultado particularmente informativas. Su desproporción y textura borrosa indican que Degas estuvo luchando con ellas, en sucesivos intentos de hallar su forma final. Los historiadores del arte saben que Degas, uno de los padres del impresionismo, pintaba una especie de "orejas de duende" en ese periodo. La XRF es tan fina que puede distinguir las sucesivas capas con que el artista fue corrigiendo las iniciales orejas de duende de Dobigny hasta darles una forma más convencional, propia de su estilo maduro.

La reconstrucción también revela muchas sutilezas sobre la técnica del pintor, como las distintas direcciones de la pincelada y otros detalles que, según piensan los investigadores australianos, resultarán imposibles de reproducir para los falsificadores, no de este cuadro, sino de cualquier cuadro. Ahí ven otra futura aplicación de su metodología.

David Thurrowgood;David Paterson;Martin D. de Jonge;Robin Kirkham;Saul Thurrowgood;Daryl L. Howard   Pie de Foto: 'Portrait d'une femme' de Edgar Degas. (a) La imagen visible del cuadro. La zona rectangular resalta el área del escaneo XRF. (b) Radiografía. El cuadro oscurecido ha sido rotado 180 grados. La cara y la oreja de la mujer son la fuente de contraste principal. (c) Detalle de la imagen reflejada bajo los rayos infrarrojos. Se indica un contorno parcial de la cara escondida. ampliar foto
David Thurrowgood;David Paterson;Martin D. de Jonge;Robin Kirkham;Saul Thurrowgood;Daryl L. Howard Pie de Foto: 'Portrait d'une femme' de Edgar Degas. (a) La imagen visible del cuadro. La zona rectangular resalta el área del escaneo XRF. (b) Radiografía. El cuadro oscurecido ha sido rotado 180 grados. La cara y la oreja de la mujer son la fuente de contraste principal. (c) Detalle de la imagen reflejada bajo los rayos infrarrojos. Se indica un contorno parcial de la cara escondida. EL PAÍS

Solo un año después de su descubrimiento, en 1895, los rayos X se han utilizado para analizar obras de arte. Su utilidad se basa en los metales pesados que contienen los pigmentos. Pero, como sabe cualquier paciente de dentista, los rayos X no aportan una información muy delicada; allí se ven cosas muy blancas (los metales) y otras no tan blancas (cualquier otra cosa), y deducir de ahí el vuelo de una pincelada o el matiz de un color requiere casi tanto arte como el que tenía el artista, y una cara mucho más dura.

La fluorescencia de rayos X (XRF por sus siglas inglesas), que requiere usar un sincrotrón, o pequeño acelerador de partículas, también detecta los metales de los pigmentos, pero con tanta finura que permite la reconstrucción de las capas de pintura ocultas con una calidad comparable a la que tenían antes de que el pintor las arruinara con su nueva pintura. Su estreno fue sin duda espectacular: el descubrimiento en 2008 de un retrato de mujer bajo el Patch of grass de Van Gogh. La XRF mejorada de los australianos ha dejado aquello muy atrás ocho años después. Ahí sí que se ve, literalmente, el trazo de una sola cerda del pincel de Degas.

En la larga y honrosa historia de las pinturas ocultas, el pintor de las bailarinas no destaca por su especial sofisticación. Para reciclar un óleo, uno suele tapar la pintura anterior con una lechada que le deje libre el campo, pero eso no iba con Degas: se conformó con darle la vuelta al retrato fallido y pintar el nuevo encima. Utilizó esas capas de pintura finas y atmosféricas, con una textura casi de pastel, que ahora todos distinguimos como su marca de fábrica.

Y el tiempo, para colmo, ha jugado en su contra: las propiedades de refracción del aceite en que se disuelven los pigmentos les hace perder opacidad con el paso del tiempo. Si los artistas se supieran la fórmula del verde esmeralda (Cu(C2H3O2)2·3Cu(AsO2)2), evitarían usarlo para tapar otras pinturas: es evidente que una cosa con tanto paréntesis solo puede volverse transparente con los años. No aprendemos.

Repintar, una práctica para ahorrar o arrepentirse

F.B.

Pintar sobre una figura ya plasmada en un lienzo ha sido una práctica habitual en el mundo del arte. La primera razón es obvia: para ahorrar costes. Es significativo el caso, una vez más, de Pablo Ruiz Picasso, que solía repintar en su juventud, pero no tanto en su madurez, cuando era ya un artista consagrado. Otra razón es el arrepentimiento del creador y su ánimo corrector para mejorar.

En cualquier circunstancia, siempre resulta interesante para los historiadores del arte poder analizar la técnica empleada, las dudas del artista, o como, en ocasiones, una mancha es aprovechada para crear algo nuevo. Y todavía más desde que la metodología de la investigación del objeto estético ha adoptado un planteamiento más activo en la comprensión de la obra, que concede importancia a los cambios que experimenta el objeto y al papel del espectador, apunta el director del Museo Nacional Reina Sofía, Manuel Borja-Villel. Una perspectiva alejada del platonismo y cercana a la idea performativa de que la obra se va haciendo a sí misma conforme se trabaja.

La investigación australiana sobre el cuadro de Degas ha vuelto a poner de manifiesto, además, los grandes avances de la ciencia que permiten ver mucho más en todos los campos, con aplicaciones desde la medicina hasta la historia del arte. La restauración del conocido cuadro de José Gutiérrez Solana, La tertulia del café de Pombo, hace seis años en el Reina Sofía, descubrió que debajo de los nueve señores sentados alrededor de una mesa con sus cafés, sus copas y sus azucarillos, había un altar con una figura religiosa, varias velas y una persona agachada ignota.