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La familia descarta un acuerdo que permita reabrir Chillida-Leku

La decisión llega tras negarse a aportar 50 millones la Diputación de Gipuzkoa

Un grupo de personas contempla 'Buscando la Luz I', una de las esculturas de Chillida instaladas en su museo.

El Museo Chillida-Leku, uno de los tesoros culturales más valiosos de Euskadi y refugio de la obra del artista vasco más universal, seguirá cerrado sine die. Cuatro años de intensas negociaciones entre la familia Chillida y las instituciones se han ido definitivamente al traste, justo cuando todo apuntaba a que el acuerdo para reabrirlo podía ser inminente. La Diputación de Gipuzkoa, pieza clave en la operación, anunció su decisión de no participar en la compra de la obra del museo porque le resulta “imposible” asumir los 50 millones que tendría que desembolsar.

La familia de Eduardo Chillida, que siempre había mantenido en silencio sobre las negociaciones, se mostró “sorprendida” en un comunicado que envió ayer por la tarde tras recibir la noticia de que la Diputación Foral de Gipuzkoa se salía del proyecto y anunció “que la decisión de finalizar el proceso por su parte cierra cualquier posibilidad de acuerdo futuro”.

La decisión de la institución guipuzcoana, en manos del PNV y el PSE, frustra cualquier opción de seguir adelante con las conversaciones y, en la práctica, desbarata el plan que se había trazado para reabrir el museo que cerró sus puertas al público el 1 de enero de 2011 por problemas económicos.

Es un jarro de agua fría que cogió incluso al Gobierno vasco con el pie cambiado. Las dos instituciones habían acercado posiciones con la familia de Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924-2002) para adquirir el museo ubicado en Hernani (Gipuzkoa) por 100 millones de euros, que serían sufragados a partes iguales por la Diputación guipuzcoana y el Ejecutivo autonómico.

Llegados a este “punto crítico” del proceso negociador, la Diputación comunicó ayer que no participará en la adquisición de Chillida-Leku porque las “prioridades” de su plan de gestión son “la promoción económica” y “las políticas sociales”. Los 50 millones que tendría que aportar por Chillida-Leku son una cifra inasumible para las arcas forales, según justificó esta institución.

El desmarque de la Diputación da un giro total a la situación. Solo tres días antes, el viceconsejero de Cultura del Gobierno vasco, Joxean Muñoz, abría una puerta a la esperanza, al dar como inminente un acuerdo. Muñoz aseguró que las negociaciones se encontraban en el “esprint final” y confió en “hablar pronto de noticias concretas y positivas”. Dio por muy avanzadas las conversaciones y añadió que estas iban en la dirección adecuada para volver a abrir el museo.

Ahora, sin la Diputación en la mesa de negociación, el Gobierno vasco da por finalizado el intento de reabrir el museo. El Ejecutivo de Urkullu, que muestra su “respeto” a esta decisión, considera que “un proyecto de este calado es imposible sin la participación de las instituciones de Gipuzkoa”. Es un reconocimiento implícito de que el intento no tiene más recorrido por el momento y llega a su fin.

“Ha llegado el momento de tomar una decisión y la Diputación, por responsabilidad, seriedad y coherencia hacia los compromisos que ha adoptado con la sociedad de Gipuzkoa, ha decidido no participar en la compra de Chillida Leku. No ha sido una decisión fácil, pero estamos convencidos de que es la más adecuada para defender el interés general de nuestro territorio”, manifestó el diputado general, Markel Olano (PNV).

La espantada sorprendió también al responsable de Cultura de Gipuzkoa, el socialista Denis Itxaso, muy contrariado con la “precipitación” que ha habido al tomarse una decisión tan relevante. “El colmo de la mala gestión de este tema es que la noticia se produzca en plena celebración de la capitalidad cultural San Sebastián 2016”, añadió Itxaso, socio de Olano en la Diputación. Itxaso hizo un llamamiento “a la serenidad y a la calma”, y abogó por estudiar si es posible hacer frente “en plazos” a los 50 millones que le correspondería pagar a la Diputación. A pesar de que los Chillida Belzunce no van a entrar a valorar la decisión ni de la Diputación ni del Gobierno —“siempre han mantenido un profundo respeto a las instituciones”— desean señalar que durante los cuatro años de trabajo, todos han aportado, discutido y cedido y que parecía que “el cierre del acuerdo era inminente”.

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