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El rostro de la cultura cubana

El fotógrafo español Héctor Garrido ha retratado a las figuras más relevantes de la sociedad de Cuba, un trabajo de 6 años y 250 personajes

Viengsay Valdés, primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba, en 2011. Ver fotogalería
Viengsay Valdés, primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba, en 2011.

Héctor Garrido llevaba dos décadas fotografiando linces, ánsares, águilas reales, flamencos ciervos, cigüeñas, musarañas y otros animales de bien que pueblan las marismas de Doñana (Andalucía, España) cuando desembarcó en La Habana una tarde de 2010 y cambió su vida. En aquel primer viaje a la isla iba a exponer algunas de sus fotografías emblemáticas realizadas como investigador de la Estación Biológica de Doñana —donde Garrido reside desde el inicio de la década de los 90—, pero aquella experiencia cubana tomó un rumbo inesperado. “Yo venía quemado del ambiente cultural español, demasiado dormido en sus glorias y muchas veces más pendiente de cubrir el expediente que de la auténtica creación. Mi gran sorpresa fue descubrir en Cuba un verdadero huracán de producción artística, y no sólo por el talento, sino por las ganas de hacer y la forma de luchar de los artistas por sacar sus proyectos adelante”.

Primero pensó en hacer una serie de 10 retratos de personajes de la cultura cubana que había conocido y le habían impactado, empezando por la bailarina del Ballet Nacional de Cuba (BNC) Viengsay Valdés, o las chicas del cuarteto vocal Sexto Sentido. Pero de los 10 retratos iniciales rápidamente pasó a 100, y de esos 100 a 250, tomados en el transcurso de seis años de continuos viajes a la isla en los que atrapó el espíritu de las figuras más relevantes de la cultura, las artes, la sociedad, la ciencia y los deportes de élite en el país.

Cuba iluminada abarca el tramo final de un periodo de la historia cubana, de más de medio siglo, que ahora abre sus puertas a una nueva época de cambio. Un periodo en que la cultura, las ciencias y el deporte fueron algunos de los logros más exhibidos y a la vez los más reconocidos internacionalmente. “Este es el retrato”, explica Garrido, “de las personas que lo llevaron a cabo”.

Hay en este inventario músicos como Chucho Valdés, Omara Portuondo, Descemer Bueno, Pablo Milanés, Eliades Ochoa o la flautista Niurka González; artistas plásticos como Alfredo Sosabravo, Roberto Fabelo, Nelson Domínguez o René Francisco; escritores como Leonardo Padura, la poetisa Carilda Oliver o el desaparecido dramaturgo Abelardo Estorino. También cineastas como Fernando Pérez, actores como Jorge Perugorría y Daisy Granados, el plusmarquista mundial de salto de altura Javier Sotomayor, el jugador de beisbol Omar Linares o la directora del BNC Alicia Alonso y el Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal. En fin, un collage completo de Cuba y del mundo de las artes.

De momento, este catálogo “ilumina la isla y principalmente a los artistas que allí residen o mantienen un vínculo con ella”. Garrido es consciente de que no incluye esa otra parte importante de la cultura cubana englobada bajo el eufemismo de “los que están fuera”, pero su deseo es continuar el proyecto con ellos, pues ve Cuba iluminada como “algo inacabado y que probablemente no se acabará nunca”.

Liborio Noval, fotógrafo fallecido en septiembre de 2012, enciende un habano.
Liborio Noval, fotógrafo fallecido en septiembre de 2012, enciende un habano.

Los retratos logrados por Garrido no son baladíes. El trabajo previo de preparación para captar el alma creativa de los personajes fue fundamental y extraordinariamente complejo en algunos casos. En ocasiones la imagen se cimentó sobre la propia obra artística de la persona fotografiada, como en el caso del retrato de Alfredo Sosabravo o el de Roberto Fabelo, que quedaron sumergidos en su propia creación, formando parte de ella. A veces fue más allá, construyendo el ambiente imaginario del artista y dotándolo de elementos que eran físicos y sensoriales, como el viento caribeño de la pintora Flora Fong. Otras, el ambiente del lugar de trabajo o de la vivienda adquirieron el valor primordial para adjetivar el discurso narrativo. “Fue una forma de acceder al interior de la persona, pero mirando en su exterior inmediato, el que les rodea en los momentos en que se produce la creación artística”. Ocurrió, por ejemplo, con Leonardo Padura.

También Garrido trabajó las coincidencias estéticas entre la obra y el personaje que las crea. En el caso de José Luis Fariñas, los trazos sinuosos de tinta china con los que el artista expresa sus complejos mundos interiores asemejan la forma ondulada de sus propios cabellos. “Sólo hubo que dejar que el viento jugara con ellos”. A veces los propios personajes fueron conscientemente desvinculados de cualquier entorno para sumergirlos dentro de ellos mismos. “Las chicas del cuarteto vocal Sexto Sentido compartían un sueño desde que cursaban sus estudios en el conservatorio musical. Ellas son hoy su propio sueño de antaño, y por eso fueron despojadas de cualquier aderezo”.

Cuba iluminada se desarrolló durante seis años (2010-2016) de continuos viajes a la isla y se realizó en dos fases, con un parte aguas situado en diciembre de 2013, cuando se hizo una primera gran exposición en La Habana que incluyó a algo más de la mitad de los retratos que finalmente componen la obra. La segunda fase se ha completado este mes de julio con la publicación del libro Cuba Iluminada (Editorial Rueda) y la inauguración en La Habana de la segunda exposición, que recoge la totalidad de la obra. Esta abrió sus puertas el pasado martes en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales de La Habana, en la Plaza Vieja, con apoyo de la embajada española. Más adelante, viajará a España y a otros países de Europa e Iberoamérica.

Varias figuras retratadas al principio de Cuba iluminada ya no están en este mundo, siendo estos casi los últimos testimonios gráficos que quedan de ellos. Son, entre otros, el dramaturgo Abelardo Estorino, el fotógrafo Liborio Noval (que forma parte de la iconografía de la revolución), el músico Juan Formell (director de los Van Van, la orquesta de música bailable cubana por excelencia), el director de cine Daniel Díaz-Torres (que acababa de estrenar su película La película de Ana), el arquitecto Mario Coyula (que quiso ser retratado en el Cementerio Colón, donde está una de sus obras) o el compositor César Portillo de la Luz, autor de Contigo en la distancia y de esos versos mágicos que dicen: “Es que te has convertido/en parte de mi alma/ ya nada me conforma/si no estás tú también.”. Los mismos que atraparon a Héctor Garrido cuando aterrizó en La Habana allá por 2010 y asumió la cultura cubana como algo propio.

Un retrato para toda la vida

En Cuba iluminada hubo retratos fáciles y difíciles, y uno de estos últimos fue el que Garrido tuvo que hacer a la actriz Laura de la Uz a las siete de la mañana de un caluroso día habanero. La actriz —la más importante de su generación— tenía mil compromisos, y fue la única hora que concedió a los productores del proyecto. Garrido pensó en desistir pues ese día estaba especialmente cargado de citas, y además la actriz estaba renuente a colaborar. “Yo llegué un poco desganado, absorto en pensar cómo hacer tantas cosas en el que fue el día de mayor trabajo en los seis años de proyecto. Andaba sacando las cámaras del maletero del coche cuando oí detrás de mí una voz que decía: “Buenos días”. Miré y allí estaba Laura, asomada a su balcón, muy hermosa, brillante y sonriente como es ella, natural, fresca y alegre. Bella, muy bella”.

Comenzó la sesión de fotografías con esa hermosa luz del amanecer y todo fluyó de una manera orgánica. “Tan bonita que ambos teníamos ganas de hacer más fotos, de probar más vestidos, de crear más escenas. Pasaban las horas y yo había olvidado completamente el resto del trabajo del día. Sólo me importaba ella. Hasta que me llamaron la atención y me sacaron del sueño para volver al trabajo. Pero ya algo mío se había quedado ahí para siempre”. Hoy, está de más decirlo, Laura de la Uz y Héctor Garrido son pareja y viven juntos.