Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Una antología salda cuentas con el olvido a las poetas en castellano

Ana Merino y Raquel Lanseros seleccionan a 82 autoras relevantes del siglo XX de todos los países hispanohablantes

"Hemos querido ensanchar el canon", destacan

De izquierda a derecha, Violeta Parra, Gloria Fuertes, Piedad Bonnett, Carmen Conde y Alejandra Pizarnik.
De izquierda a derecha, Violeta Parra, Gloria Fuertes, Piedad Bonnett, Carmen Conde y Alejandra Pizarnik.

Ante todo, se trata de una pesada deuda generacional pendiente. Y de algo más… Aun a riesgo de exponerse a las polémicas —primero canónicas, después de sexo— Ana Merino y Raquel Lanseros como antólogas y Chus Visor como editor se han atrevido a reunir en Poesía soy yola obra de 82 mujeres, nacidas entre 1886 y 1960, nombres relevantes en la lírica en español del siglo XX.

Ellas cambiaron de alguna manera la unívoca (y masculina) manera de ver el mundo. Quisieron dejar de ser musas para convertirse en sujeto activo con palabras tan tiernas como mordientes. De la exploración ecléctica de géneros y tendencias al hallazgo de las voces propias, estos nombres parten de la uruguaya Delmira Agustini (Montevideo, 1886-1914), asesinada por su exmarido a los 30 años, y terminan en Ana Istarú (San José de Costa Rica, 1960). Abarcan todo un mapa de testimonios convulsos y desgarrados, introspectivos y plagados de exquisitas sensibilidades muy diversas.

“Comenzamos a trabajar en esta antología hace dos años. Muchos pensarán que la sacamos ahora a raíz de la polémica creada, pero no es así”, asegura Chus Visor

Merino (Madrid, 1971) y Lanseros (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1973) son, a su vez, poetas en activo en este presente en el que el género vive un momento de eclosión. Y como notario de las idas y venidas de la poesía ejerce Chus Visor desde que creó su editorial en 1969. No solo en las voces masculinas. Su catálogo rebosa con los nombres de las mejores poetisas de su tiempo y del pasado.

Aún resuenan los ecos de la controversia que desataron hace unos meses unas declaraciones de Visor que incendiaron las redes sociales. “Si vas a coger a las poetas desde 1898 para acá, es decir, todo el siglo XX, no ves ninguna gran poeta, ninguna, comparable a lo que suponen en la novela Ana María Matute o Martín Gaite”, dijo entonces el editor y librero. “Comenzamos a trabajar en esta antología hace dos años. Muchos pensarán que la sacamos a raíz de la polémica creada, pero no es así”, precisa ahora.

Han incluido a poetisas de todos los países de habla castellana. “El hispanismo del siglo XXI debe tener vocación transatlántica si quiere crecer. Ser inclusivo y aportar un abanico de posibilidades que nos enriquezcan a todos”, afirma Ana Merino, además de poeta, experta en cómic y dramaturga. “Entiendo la poesía siempre desde un territorio plural que abarque a todos los países hispanoparlantes. Siento innecesaria y ficticia cualquier barrera literaria que separe nuestro idioma”, tercia Raquel Lanseros.

Las palabras de Visor que incendiaron las redes sociales

No quiere acordarse de la fecha, pero en junio de 2015 el editor Jesús García Sánchez, más conocido como Chus Visor, declaró al suplemento El Cultural que la poesía femenina española —que no la hispanoamericana— de la pasada centuria no había estado a la altura de la masculina. “Si vas a coger a las poetas desde 1898 para acá, es decir, todo el siglo XX, no ves ninguna gran poeta, ninguna, comparable a lo que suponen en la novela Ana María Matute o Martín Gaite”, dijo. “No hay una poeta importante ni en el 98, ni en el 27, ni en los 50, ni hoy. Hay muchas que están bien, como Elena Medel, pero no se la puede considerar; por una Medel hay cinco hombres equivalentes”, añadió.

Unas 400 firmas apoyando una reclamación en la web change.org le censuraron y ardieron las redes sociales contra quien ha armado el catálogo poético más importante de una editorial en castellano desde hace cinco décadas. No ha existido ningún poeta importante en el mundo moderno y contemporáneo al que no haya estado atento.

Visor salió escaldado, pero su nueva antología, Poesía soy yo, reunida para su colección por Raquel Lanseros y Ana Merino en un proyecto que lleva fraguándose dos años, vuelve a certificar el apoyo constante de su editorial a las mejores poetisas que dio la lengua española en el siglo XX. Y por no hablar del XXI, porque las generaciones nacidas entre 1960 y 1990 —Lanseros y Merino son buena prueba de ello— han tenido en los últimos años un hueco más que estelar en su índice.

La discriminación, tanto en los grupos poéticos como en los círculos académicos, se revela como una lacra que persiste, con menos intensidad en el presente, pero con similares efectos perniciosos. “En nuestra generación, las cosas han cambiado algo, pero no lo suficiente como para que una antología así haya dejado de ser necesaria”, defiende Lanseros. “Aún no hemos llegado al momento en que las características personales y extraliterarias de quien escribe dejen de influir, para bien o para mal, en la recepción de la obra, su reconocimiento y su categorización. Ojalá este libro sea otro pequeño paso en esa dirección. Solo del conocimiento puede nacer la normalización”, añade.

Merino ahonda en ciertas transformaciones que se han registrado: “Nuestra generación ha vivido importantes aportaciones en el espacio teórico de la identidad femenina, los estudios de género y el concepto de igualdad. Occidente ha construido discursos culturales donde la mujer ha adquirido un poder intelectual. Sin embargo, creo que existen grandes matices dependiendo de los países y de sus problemáticas. Hay muchas regiones en las que la producción femenina sigue siendo un hecho social”.

A la hora de abordar una antología así, algunas poetas vivas reculan. No quieren figurar bajo un sesgo de género, sino medirse en un canon similar, más de tendencia o generacional, junto a hombres y mujeres.

Lógica de la compensación

Ello ha supuesto dificultades y que algunas no hayan querido figurar en la lista. Es lo que Carmen Conde, la primera escritora que ingresó en la Real Academia, llamó en su antología Poesía femenina española viviente, publicada en 1954, lógica de la compensación.

“Aquello no dejaba de ser una reacción paralela y necesaria ante un canon de ortodoxia estrecha e injusta que requiere construir opciones alternativas. La mirada de la compensación fue un avance en los estudios literarios que permitió abrir y fijar nuevos marcos de conocimiento”, incide Lanseros.

“Cada canon es una construcción intelectual que depende de muchos factores. Refleja la realidad cultural de su época. Nosotras hemos querido ensancharlo, promover nuevas búsquedas y sorprender gratamente a los lectores”, remata Merino.