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CRÍTICA | PÁNICO

No hable con ella (todavía)

Una comedia ácida, divertida y bien interpretada sobre la crisis de identidad masculina, escrita por Mika Myllyaho, el autor finlandés de moda

Un momento de 'Pánico', en el Teatro Colón de A Coruña.
Un momento de 'Pánico', en el Teatro Colón de A Coruña.

Una comedia ácida, sin demasiadas concesiones al humorismo, en la que el director y autor finlandés Mika Myllyaho habla de la crisis de identidad masculina en Occidente, a través de tres hombres zarandeados por problemas afectivos, laborales, económicos y existenciales: Leo, a quien María, su mujer, le ha pedido que no regrese al hogar hasta que no sepa lo que quiere de ella; Max, su amigo, anfitrión sobrevenido, que por debajo de su calma aparente está pasando un calvario; y Joni, hermano de Max y amigo de Leo, que presenta un programa de telerrealidad, vive deslumbrado por el brillo efímero de la fama y es incapaz de mantener una relación sentimental de calado.

PÁNICO

Autor: Mika Myllyaho. Versión: Fernando J. López, Intérpretes: Mon Ceballos, Felipe Andrés, Guillermo Ortega. Dirección: Quino Falero. Madrid. Teatro Lara, 30 de mayo y 6 de junio. Santander, Palacio de Festivales, 10 y 11de junio.

Con estos ingredientes, Myllyaho, director del Teatro Nacional de Finlandia, crea un fresco divertido e incisivo del incremento de las inseguridades varoniles ante tres factores: el empoderamiento femenino, la hiperespecialización ensimismada y competitiva que impone el capitalismo y el debilitamiento de las redes familiares y vecinales, que con su densidad de antaño tenían un añorado potencial protector.

Buscando como vadear el reguero que le separa de María, Leo pone a sus amigos ante su propio fracaso afectivo y vocacional: ambos están en la cuerda floja, sin percha y con la máscara social a punto de caérseles. Cuando discuten sobre Hable con ella, película de Almodóvar, los personajes de Myllyaho se revelan gemelos de los tres protagonistas de Arte, pero donde Yasmina Reza hablaba de las concesiones que los amigos hacen para mantener unido lo que no lo está en el fondo, Pánico habla de la imposibilidad de encontrarse con uno mismo cuando el ego está sobredimensionado (el caso de Joni), la relación maternofilial está mal trabada (el de Max) y el capital simbólico propio está devaluado (caso de Leo).

La comedia va in crescendo y acaba en punta. El hiperemotivo Leo de Guillermo Ortega resulta reconocible y cierto, pero algo parco en inflexiones. En sus conversaciones telefónicas, el Joni de Mon Ceballos debiera tener una energía más calma, para que su estrés no se solape con el de su amigo: el actor halla el tono y los matices pertinentes a partir de que Leo, durante una sesión de psicodrama, le coge la mano a Joni. Felipe Andrés hace una interpretación sugestiva, flexible y proteica de Max, cuyo equilibrio emocional aparente anda cañoneado bajo la línea de flotación. Quino Falero, el director, compone atinadamente la escena y el ritmo, y tiene su buena parte en el justo éxito de la comedia, que llenó el Teatro Lara el martes noche. Besándose y arrullándose justo en los momentos en que se ponen en evidencia las disfunciones de los personajes, una pareja las exorcizaba en las butacas justo de delante de la mía. Estrenada también en Moscú, Copenhague, Budapest, Minsk, Prem, Riga, Tartu, Florencia y París, Pánico (2005) forma parte de una trilogía, cuya segunda entrega (Caos), comedia negra femenina, también se ha producido en España.