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arteBA, 25 años de pasión argentina por el arte contemporáneo

La feria pionera en Latinoamérica es la tercera más visitada del mundo

Selfies y champán en la inauguración de arteBA, en Buenos Aires. Ver fotogalería
Selfies y champán en la inauguración de arteBA, en Buenos Aires.

La primera feria de arte que vio la luz en Latinoamérica, arteBA, celebra su 25 aniversario convertida en el motor del mercado de arte argentino y también en escaparate para acercar las obras al gran público. La reconstrucción del gran mural realizado por Kenneth Kemble en 1960 da la bienvenida a los visitantes de esta nueva edición, en la que se respira un clima de optimismo entre galeristas y organizadores. "Argentina está en un momento bisagra. Hay producción de mucho nivel que se está posicionando muy fuerte y ahora es el momento de comprar arte argentino", dice la gerente de arteBA, Julia Converti.

El panorama artístico del país ha dado un salto monumental desde la primera edición de arteBA, celebrada en 1991 en el Centro Cultural Recoleta. En este cuarto de siglo Buenos Aires se ha convertido en un polo de atracción artística de primer orden, que recibe a grandes estrellas internacionales, como la japonesa Yayoi Kusama, la serbia Marina Abramovic y el estadounidense Jeff Koons, que han arrastrado a miles de visitantes a los museos. Estos han proliferado por todo el territorio nacional: se han fundado cerca de una treintena de instituciones artísticas, entre las que sobresalen el Malba y la Fundación Proa. También ha crecido el coleccionismo, aunque dista aún de tener la fuerza de otros países, y con el paso de los años el arte local se ha abierto a América Latina y el mundo, como demuestra la invitación de la feria madrileña ARCO a Argentina para ser el país invitado en 2017.

En el último cuarto de siglo han pasado por la feria más de 8.800 artistas de más de 20 países distintos

"Fue un momento fundacional muy importante y de mucha audacia. Existían pocas ferias en el mundo y ninguna en Latinoamérica. Supuso plantar una bandera para empezar a trabajar en un modelo desconocido", dice Converti al echar la vista atrás. ArteBA celebra ahora sus bodas de plata con más de 250 invitados internacionales, obras de 400 artistas y 86 galerías, la mitad de ellas extranjeras. Casi 900 m2 están dedicados a la sección Dixit, que festeja los últimos 25 años del arte nacional.

En toda su historia, han pasado por la feria más de 8.800 artistas de más de 20 países distintos y arteBA se ha posicionado como la tercera más visitada del mundo, solo por detrás de Art Basel y ARCO. La gran afluencia de público saltó a la vista en la inauguración, celebrada en la noche del miércoles, cuando miles de personas recorrieron el recinto ferial con una copa de champán en una mano y el celular en la otra para sacarse selfies junto a sus obras favoritas. Una de las piezas que despertó más curiosidad fue el automóvil decorado por la argentina Mariana Tellería. El público hacía fila para tumbarse en los asientos reclinados del coche y apreciar el fresco barroco en el que se reproducía una versión del infierno. Su galerista, Orly Benzacar, evita dar el precio, pero asegura que la artista puede intervenir otros vehículos. También llamó la atención el rancho de barro de Alberto Passolini, en cuyas paredes se aprecia la pintura de una batalla histórica, mientras que las ilusiones ópticas de Julio Le Parc y las obras inspiradas en arañas y ciudades flotantes de Tomás Saraceno fueron objeto de innumerables fotografías.

"Buenos Aires se orienta a la pintura, mientras que Nueva York y Shanghai están más abiertos a la adquisición de vídeos, fotografías, instalaciones y otro tipo de formatos más experimentales", opina el artista y sociólogo Syd Krochmalny al comparar los tres mercados artísticos.

Desde 1991 hasta ahora se han fundado cerca de una treintena de instituciones artísticas en todo el país

En un mercado que se mueve en dólares, el levantamiento de las restricciones cambiarias dispuesto por Mauricio Macri al llegar a la Presidencia es ampliamente aplaudido. Aunque la organización evita dar cifras, en el primer día -a puertas cerradas, solo para coleccionistas- las ventas rondaron los 50.000 dólares, según medios locales. La Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes adquirió dos óleos de Carmelo Arden Quin y la escultura Mono Albino de Edgardo Giménez. El Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires se quedó con Luci, un políptico de gran formato compuesto por nueve fotografías de Humberto Rivas, mientras que también vendieron obra Juan Becú y Sofía Bohtlingk.

Krochmalny señala que "Buenos Aires cuenta con una ferviente escena cultural e intelectual", pero ve en el mercado su punto débil: "Para aumentar su impacto internacional necesita de un mercado más transparente y eficiente y de una demanda solvente más arriesgada". La rosarina Ana Gallardo convierte el problema en una instalación sonora: invita al espectador a ponerse unos auriculares y escuchar su CV para denunciar que no puede vivir de sus obras.

"En el arte deciden muy pocos"

Julio Le Parc en el Museo Fortabat.
Julio Le Parc en el Museo Fortabat.

Julio Le Parc (Mendoza, 1927), maestro argentino del arte cinético y óptico, visita Buenos Aires con motivo de arteBA. Residente en París desde hace más de medio siglo, a sus 87 años de edad no para de exponer: en Buenos Aires inaugura una muestra sobre la reinterpretación de su obra clásica La Larga Marcha (1974-1975) que hizo para una colección de la firma francesa Hermès. "Me entusiasmó porque experimenté con las variaciones en la superficie y los movimientos de la seda de los pañuelos. Se puede plegar, observar a contraluz...", detalla sobre su incursión en la alta moda.

Infatigable explorador de la luz y el movimiento, mantiene sus modales seductores y una mirada crítica sobre el mercado del arte: "El principal problema es el sistema de difusión y valorización del arte contemporáneo. Deciden muy pocos". Para contrarrestarlo, propone un trato más directo entre el artista y el espectador y crear alternativas para que todo el público, independientemente de que tengan o no dinero, "pueda expresar su opinión e incidir en las políticas culturales de una ciudad".