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El cantante congoleño Papa Wemba muere en un concierto en Costa de Marfil

Conocido como el rey de la rumba congoleña, su fallecimiento ha conmocionado el país africano

Papa Wemba, canta en un concierto celebrado en París en 2006.

El rey de la rumba congoleña ha muerto. Papa Wemba, de 66 años y una auténtica leyenda de la música africana, falleció en plena actuación el sábado por la noche mientras daba un concierto en Abiyán, Costa de Marfil. El artista, que se desplomó sobre el escenario, sufría desde hacía meses una malaria cerebral que puede estar en el origen de su muerte. Durante unos segundos, sus músicos siguieron tocando, hasta que se dieron cuenta y pararon el concierto, que se enmarcaba en el Festival de Músicas Urbanas de Anoumabo. No podía ser de otra manera para un artista tan prolífico e intenso. Morir con las botas puestas.

Se llamaba en realidad Jules Shungu Wembadio Pene Kikumba, pero se le conocía por Papa Wemba. Nació en Lubefu, en 1949, en el antiguo territorio del Congo belga, hoy República Democrática del Congo (RDC). Desde pequeño comenzaron a llamarle Papa porque era el primogénito de su madre, una plañidera profesional y excorista que le llevaba a los entierros, en los que el niño comenzó a despuntar interpretando canciones funerarias. Sin embargo, su padre, un exsoldado que luchó en el Ejército belga durante la Segunda Guerra Mundial, quería que su hijo estudiara Periodismo o Derecho.

En los años sesenta, ya instalado en la capital y bajo el pseudónimo de Jules Presley, Papa Wemba comienza a sobresalir en los ambientes musicales de Kinshasa y participa en la creación de Zaïko Langa Langa, uno de los grupos más famosos de la RDC que, como si fuera un grito de rebeldía, da un giro a la rumba tradicional congoleña y la pasea por los escenarios de todo el país y luego del continente. Tras participar en otras bandas, como Isifi Lokole y Yoka Lokole, un Papa Wemba convertido ya en una figura nacional monta su propia marca, Viva la Música, y se entroniza como el rey de la movida musical en la República Democrática del Congo.

Varias personas atienden al músico Papa Wemba, después de desplomarse en el escenario. ampliar foto
Varias personas atienden al músico Papa Wemba, después de desplomarse en el escenario. AFP

África y el Caribe se abrazan en sus canciones. No fue solo la sublimación de un estilo tradicional, sino la inclusión de los ritmos de Cuba y Costa Rica, tan africanos en su origen como si fuera un viaje de ida y vuelta, para el nacimiento de algo nuevo. Sin embargo, es en los años ochenta y noventa, tras instalarse en Europa, cuando le llega el reconocimiento internacional a Papa Wemba. Colabora con artistas como Peter Gabriel, Manu Dibango, el senegalés Youssou N’Dour, Alpha Blondy, Aretha Franklin, Stevie Wonder y Angelique Kidjo. Su discografía es enorme y recibe premios por todo el mundo, sus discos se venden a cientos de miles en Francia, Estados Unidos, España, Gran Bretaña...

Si la rumba fue su plataforma de lanzamiento con la que triunfó no solo en su continente sino en los ambientes africanos de París o Bruselas, otros estilos como el rock, el ndombolo o el world music le encumbraron como artista global. Pero más allá de la interpretación musical, Papa Wemba fue un hombre polifacético.

Descubridor de un gran número de cantantes y artistas, como Koffi Olomidé, se convirtió en uno de los grandes referentes de la Sociedad de Ambientadores y Personas Elegantes (SAPE), un movimiento nacido en Brazzaville, al otro lado del río Congo, en los años veinte del siglo pasado y que se extiende rápidamente también por Kinshasa, en el que sus miembros se visten imitando el look dandy de la época colonial. Es la elegancia como forma de vida y el polifacético artista congolés uno de sus gurús. Asimismo, hizo sus pinitos en el cine como actor y compositor.

El capítulo más oscuro de su vida llegó el 18 de febrero de 2003, cuando Papa Wemba tuvo un serio tropiezo con las autoridades francesas. Condenado por inmigración irregular tras comprobarse que en sus giras introducía a personas en Europa a cambio de dinero, pasó tres meses y medio en la cárcel gala de Fleury-Merogis. Tal era su fama que el Gobierno congoleño pagó una desorbitante suma para excarcelarle. Sin embargo, el incidente nunca empañó la fulgurante carrera del rey de la rumba. Toda África y buena parte del mundo le lloran hoy.

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