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EL LIBRO DE LA SEMANA

Más que una vida

Schrobsdorff firma un fascinante libro sobre el viaje al infierno de unas gentes que se creyeron alemanas antes que judías

Imagen de Berlín en los años 20. Ampliar foto
Imagen de Berlín en los años 20.

La autora de este libro no pudo titularlo mejor: Tú no eres como otras madres. Y uno añadiría: y tú, lector, lectora, no has leído nunca un libro como este. Yo, al menos, no lo había hecho. Es un libro fascinante, abrumador, único. Casi no parece ni un libro (a tanto desprestigio puede llegar la literatura cuando se mide con la vida).

Veamos: trata de unas gentes que se creyeron alemanas antes que judías, lo que les resultó aún más doloroso cuando comprobaron que las iban a tratar sólo como judíos, desposeyéndolos de su dignidad para poder destruirlos. La Shoah. Su autora, Angelika Schrobsdorff, estuvo casada con Claude Lanzmann, autor precisamente de Shoah, la mítica película del Holocausto. Y lo que se cuenta aquí forma parte de ese relato universal e ­inabarcable que parece ir completándose con tanto dolor desde hace 80 años, cada día más extenso y cada día más vivo: como un universo en permanente expansión.

Sucede aquí lo mismo que con otras grandes obras: aunque pueda leerse como una novela (difícil encontrar un momento propicio para interrumpir su lectura), sabemos que se trata de las memorias de una persona, y por tanto, un relato veraz de un tiempo (el de antes, durante y después del III Reich) y unas ciudades (Berlín primero, Sofía después) dominados por millones de fanáticos (“el pueblo alemán” tal y como lo presentaron los jerarcas del partido nazi, y los Gobiernos europeos controlados por las SS) que terminaron reduciendo a millones de personas, entre ellas los principales personajes de estas páginas, a su condición racial, con el único propósito de acabar con ellas.

Sucede lo que con otras grandes obras: aunque pueda leerse como novela, sabemos que son las memorias de una persona

No hay una vida igual a otra, ni ninguna resulta insignificante cuando se la mide con ese implacable metro iridiado que es el sufrimiento. Y basta que alguien cuente sin retórica su vida para que se produzca algo tanto o más fascinante que el principio que rige la ficción, o sea, algo tan seductor como el argumento y el sentido narrativo con el que se presentan las novelas: la verdad. Ese es el punto de la indecidibilidad: nadie podría decidir si eso que lee es una novela o un relato verídico, como advertimos en la famosa “novela” del cautivo que aparece en el Quijote: ¿es una ficción o la confesión autobiográfica de Miguel de Cervantes?

La verdad aquí es además extraña: unas gentes privilegiadas (la madre judía de la autora, su padre ario, los amantes de su madre, los amigos, casi siempre bajo el mismo techo) viven la locura feliz de los años veinte. Lo tienen todo (juventud, salud, dinero; un paraíso en el que no faltan chóferes, casas de campo y fiestas al servicio de una geometría amorosa que explora sin noción de pecado, para eso es un paraíso, en toda clase de triángulos y paralelepípedos mientras Alemana ha empezado a devorarse a sí misma en un incendio devastador y centrípeto), y sólo cuando empiezan a perderlo se dan cuenta de su propia responsabilidad en el desastre.

Más que una vida

La autora, una muchacha entonces (nació en 1927 y vive aún), con esa atención extrema que acaso nunca tengamos tan acusada como en la infancia y la juventud, comprueba una y cien veces que, de todo el cuerpo humano, la memoria es el órgano que más daño nos hace y más felicidad puede proporcionarnos. “Malditos recuerdos, cristalinos y truculentos”, creo que dice en algún momento. Dicha y desdicha suelen ir juntos, advertimos a lo largo del libro. Por eso vemos a su autora cuadrar un círculo, tal y como hizo en el campo del ensayo Hannah Arendt al abordar la responsabilidad de los Consejos Judíos en la “solución final”.

Han pasado los años y aún seguimos preguntándonos cómo llegó a suceder todo aquello, y lo hacemos porque las respuestas ni son definitivas ni son sencillas.

De eso da cuenta este libro autobiográfico que en ocasiones puede llegarnos a parecer una novela por la trepidante sucesión de hechos, propios de esta clase de relatos (delaciones, detenciones, peligros, miedo, muertes, casualidades): daríamos tres vidas, si las tuviéramos, para volver a vivir aquellos momentos breves e irrepetibles de felicidad suprema de la única que tenemos. La felicidad de un paraíso que acabó en infierno. El relato de ese viaje, del paraíso al infierno, es el único modo de salir de este. De eso trata este libro memorable.

Tú no eres como otras madres.  Angelika Schrobsdorff. Traducción de Richard Gross. Periférica & Errata Naturae. Cáceres / Madrid, 2016. 592 páginas. 24,50 euros

Angelika Schrobsdorff de adolescente en Bulgaria. ampliar foto
Angelika Schrobsdorff de adolescente en Bulgaria.

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