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PELÍCULA DE LA SEMANA

Batman y Superman: Un encuentro fatigoso

Se supone que están ocurriendo cosas continuamente pero ninguna de ellas es capaz de impedirme el aburrimiento.

Imaginas el esfuerzo neuronal de los ejecutivos de Hollywood para exprimir sin tregua géneros que permitan la continuidad de sus fabulosos sueldos. Saben que, independientemente de la calidad, la mediocridad o el tono convencional de su oferta, siempre va a existir demanda. Existe un público masivo que está enganchado al género de superhéroes, esos seres con atributos excepcionales a los que es imposible encontrártelos en la grisácea realidad, tipos que adaptan la excentricidad a un tono discreto en la vida cotidiana, pero que en cuanto se colocan la máscara son capaces de todo tipo de prodigios para enfrentarse al mal y salvar al mundo, o a su ciudad, de la amenaza de destrucción. Y puedes entender que los siempre acojonados mortales, que sufren un proceso incesante de destrucción en cualquier lugar del planeta, sueñen desde la pantalla con seres alados y capaces de hacer continuos milagros para protegernos de villanos empeñados en el apocalipsis.

Supongo que los más emblemáticos y los que más pasta han generado en el cine entre esos personajes que nacieron en el cómic son Superman y Batman. ¿Y que mejor idea que juntarlos a ambos cuando Hollywood percibe síntomas de saturación en sus hazañas por separado?

Se supone que para encuentro tan trascendente la productora ha tirado la casa por la ventana, ha reunido a los guionistas más imaginativos, al director menos acomodaticio para que, respetando las claves y las convenciones del género, el producto vaya a ser tan espectacular como creativo.

Pero Batman v Superman: el amanecer de la justicia no justifica las expectativas. Hablo en primera persona, por supuesto. Nunca me ha entusiasmado el género, pero reconozco haberme divertido moderadamente con el primer Superman que protagonizó Christopher Reeve y de no cansarme de ver una y otra vez esa obra maestra de Christopher Nolan, El caballero oscuro, recreándose en un Batman aún más trágico que épico y con el maquiavélico anarquista El Joker creando un perdurable monumento a la crueldad.

No le exijo arte al enfrentamiento entre los legendarios y alados guardianes de Metrópolis y Gotham. Me conformo con un mínimo entretenimiento, con no abrir la boca demasiadas veces en su dilatado metraje. Pero no hay forma. Se supone que están ocurriendo cosas continuamente pero ninguna de ellas es capaz de impedirme el aburrimiento. Pretenden introducir dramatismo a la rivalidad entre los justicieros pero es de mentira, se queda en énfasis inútil, en una sucesión de imágenes presuntamente vertiginosas, aunque huecas. El guión es fatigoso, con el aire de ocurrencias sobre la marcha. Del Ben Affleck actor nunca he esperado nada y aquí, como Batman, me lo vuelve a confirmar. Henry Cavill, como Superman, pone todo el rato cara de tormento y de un profundo mundo interior. El histriónico e insoportable Jesse Eisenberg, interpretando a Lex Luthor (al que hizo tan gracioso el inmenso Gene Hackman) me despierta instintos homicidas. Ruega el director Zack Snyder, la productora y la exhibidora que nadie haga spoiler, debido a que su criatura está repleta de sorpresas. No me afecta ninguna de ellas.