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La voz de una generación de refugiados

El cómico francés Kheiron cuenta el drama de sus padres, luchadores demócratas iraníes, en ‘O los tres o ninguno’

Fotograma de 'O los tres o ninguno', de Nouchi Tabib, 'Kheiron'.

Decía Mario Benedetti que cuando teníamos todas las respuestas, cambiaron todas las preguntas. Así debieron de sentirse en los años setenta los opositores al sah de Persia, uno de los grandes sátrapas de Oriente Medio. Tras lustros de lucha por obtener la democracia en Irán, en 1979 la revolución islámica llevó a su país al otro extremo, el del fanatismo religioso de los ayatolás. Así que toda una generación de iraníes huyó, tras malvivir en la clandestinidad y sufrir torturas de ambos bandos. “Es curioso, porque a la vez salieron dos olas de exiliados, los que, como mis padres, se habían opuesto al sah, y sus enemigos, los seguidores de Reza Pahlevi. A Francia, donde mi familia se asentó en el suburbio parisiense de Sena-Sant-Denis, y al norte de Europa llegaron los primeros, y sé que a España arribaron los segundos. Tuvimos más suerte”, explica entre carcajadas el cómico Nouchi Tabib (Teherán, 1982), más conocido como Kheiron.

Aquellos infortunados salieron adelante como bien contó en cómic y en cine Marjane Satrapi en Persépolis. “Cuando la vi, pensé: ‘¡Está contando la vida de mis padres!”, asegura el actor, que se ha convertido en guionista y director de cine con O los tres o ninguno, en la que narra el drama de sus progenitores con humor, su propia Persépolis, y en la que Kheiron encarna a su padre.

El “tuvimos más suerte” refleja la identidad de cómico, reacio a hablar de política: “No me atrae mucho Irán, y solo volvería a un país del que no recuerdo nada [los Tabib huyeron de Persia cuando su hijo era un bebé] por recorrer el pueblo de mis padres con ellos. Sin embargo, no forma parte de mis raíces”. En cambio, sí se siente voz de los emigrantes, de los refugiados. “Tampoco me interesa el hecho de hacer política. Pero a través de mi historia muestro una problemática que no se ha solucionado. La influencia estadounidense en las naciones del Tercer Mundo, donde colocaban dictadores que luego les molestaban; el drama de los refugiados sirios, el ISIS… Nos debería avergonzar no haber encontrado respuestas. No sé si el sistema de integración francés es el mejor, pero a mi familia le ayudó, y pudieron demostrar su potencial”. Kheiron acelera su discurso: “Cada gesto es político. Mi película es política. Eso me importa. Pero los políticos, no, porque son más falsos que la lucha de wrestling”.

Kheiron es uno de los cómicos más salvajes de Francia. “Mi padre está sordo y no se entera. Mi madre vino a verme un día y cuando hice el sketch de la exploración uretral se tapó avergonzada la cara. Bueno, en realidad les tengo prohibido ir porque mi espectáculo es tan absurdo como vulgar, uso muchas palabrotas. Aunque cuando se enteran de que actúo en la Olimpia [una de las salas míticas de París], se quedan tranquilos. En realidad, únicamente les preocupa mi felicidad”, cuenta, antes de puntualizar: “Solo soy así en el escenario”.

En O los tres o ninguno hay mucho cariño a sus progenitores: “He intentado hacer una película púdica. Por ejemplo, no les ves besarse, porque yo nunca en la vida real les he visto hacerlo. He pensado un filme para todos los públicos porque no tengo ningún control sobre el espectador que está en la sala. Pedí a mis padres que confiaran en mí. Ellos leyeron el guion, lo aprobaron, conocieron a los actores que iban a encarnar a sus familiares y amigos, fueron al rodaje y la vieron acabada. Llevamos tres años hablando solo de la película. Yo mismo he cambiado mi físico, adelgacé, suavicé mi voz y cambié mi postura para parecerme a él, uno de los tipos más valientes que he conocido. Y después de todo el esfuerzo, mi madre vio una secuencia dramática, magnífica, todo el mundo a su alrededor lloraba, y soltó: ‘Nunca fue azul nuestro sofá”. El francés gesticula en la que debe de ser una imitación materna impecable.

Kheiron fue un buen chico, estudió en un liceo privado sin meterse en peleas, mientras su padre se licenciaba como abogado y ejercía de mediador social. Uno comprende por qué su película favorita es Intocable, mezcla de drama social y punto de vista naíf. “He estrenado en la misma fecha, el 4 de noviembre, pero de 2015. Y sí, ha sido un taquillazo en Francia”. Sus padres estarán orgullosos.

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