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Granada cartografía su legado rock

El proyecto GRX-R&R crea una ruta turística con señalización de locales históricos y aspira a revitalizar el panorama musical de la ciudad

Un concierto en Granada en mayo de 2013.

Estamos tomando un café, en pleno centro de Granada, con Nani Castañeda, batería de Niños Mutantes e impulsor del proyecto Granada Ciudad del Rock, y Juan Codorniu, guitarrista original de Lagartija Nick. Este último recuerda como, a principios de los 90, quedaban a primera hora de la mañana aquí, en el Café Lisboa, para partir hacia su destino en algún remoto escenario. Coincidían con La Guardia y 091 pero entre ellos prevalecía la soberbia del rock y ni siquiera se saludaban. Llegaban las furgonetas y enfilaban sus divergentes trayectos hacia el próximo bolo.

Poco después, en El Bar de Eric, ilustre batería granadino, Jota de Los Planetas comenta que precisamente para erradicar esa absurda competitividad se adoptó la dinámica indie: crear comunidad e infraestructuras, buscar sinergias más que disparidad, no fastidiar a los teloneros con pésimo sonido. Es lo que pretende el proyecto GRX-R&R, una ruta turística con señalización mediante placas informativas de locales ya históricos como Planta Baja o Ruido Rosa. Se aspira a reinstaurar la música en vivo en los pubs, apoyar el concurso de maquetas Emergentes o lograr una mayor implicación de la ciudad en el festival Granada Sound. Otra de las metas sería racionalizar el Botellódromo ideado por el Ayuntamiento del PP para erradicar de las calles esa práctica insalubre.

Las áreas de turismo y cultura del citado consistorio respaldan GRX-R&R, que no solo contempla espacios donde se fomenten las actuaciones en vivo, se extiende a disquerías tan influyentes en la educación de varias generaciones como Marcapasos o Discos Bora Bora. Sin olvidar el tapeo en Botánico, Catavinos o —arriba, en el Albaicín, donde vivió y creó el gigante Enrique Morente— Torcuato y La Porrona. Este nuevo paquete turístico supone un extra para una capital que no necesita del rock para proyectarse, pero ha decidido asumir su condición de caldo de cultivo en el panorama estatal. Una realidad con evidente poso cultural —el redescubrimiento del cineasta e inventor Val del Omar en un disco de Lagartija Nick, por ejemplo— y conexión con la mitología rock por gracia de Joe Strummer.

Tiene sentido. Desde que, en los 60, Miguel Ríos y el malogrado conjunto Los Ángeles iniciaran una forma propia de abordar la música pop, autóctona pero cosmopolita, Granada ha sido terreno abonado para el rock. A principios de los 80, los hermanos Lapido (091) y los hermanos Arias (Lagartija Nick) sustanciaban la transición hacia la eclosión indie que protagonizarían Los Planetas, Niños Mutantes o Lori Meyers. Su potencial relevo, grupos como Eter, Trèpat o Eskorzo, actuaron el pasado 15 de marzo en Planta Baja, dando un sonoro disparo de salida al proyecto. Al día siguiente, el flamante auditorio del Centro Federico García Lorca acogía los parlamentos oficiosos, el poeta García Montero declamaba sus enraizados versos, y Javier y Antonio Arias recordaban a su fallecido hermano Jesús desde esa supernova de la fusión flamenco-rock que fue Omega.

Hay también lógicas aristas que pulir, y mucho escepticismo entre la oposición política. El histórico Javi PPM se lamenta de que hayan cerrado su estudio de grabación por la denuncia de un vecino —otra paradoja: uno de los locales que conforman la ruta turística, Polaroid, también fue clausurado por exceder la normativa de la Junta de Andalucía— y el indomable Jota es amonestado por entrar al auditorio con una lata de cerveza. El rock siempre se nutrió de contradicciones, pero al reconocerlas y solventarlas se hace un camino que solo puede beneficiar a la retrasada conciencia de que fue cultura antes que negocio. GRX/R&R es una buena idea que debería potenciar esa normalización.