30 años de música de todo el mundo

El sello World Circuit Records, impulsor de Ali Farka Touré y de Buena Vista Social Club, entre otros, cumple tres décadas

El grupo Buena Vista Social Club, en una actuación en Barcelona, en junio de 2015. ZUMAPRESS.com

"Trajo un papelito con un listado de nueve canciones y dijo que aquello era su disco”, recuerda el dueño y productor ejecutivo de World Circuit Records, Nick Gold. El pasaje reconstruye aquella vez que Gold ultimaba la grabación de Buena Vista Social Club en La Habana y rogaba a que le diera tiempo a hacer el primer álbum de Rubén González, pianista de la legendaria banda cubana.

El deleite de los sonidos que formarían parte de Introducing Rubén Gonzalez es el reflejo de una manía que resume el trabajo de World Circuit. Gold solo se atarea con aquello que le emociona musicalmente en una especie de principio inexorable que define la manera de hacer discos como el que amasa pan casero. Hundiendo los dedos y enharinando el repertorio.

El sello echa la vista atrás a aquellos dos primeros lanzamientos, La Tremenda, de la venezolana María Rodríguez y Sonidos de Sudán, Volumen 1, de Abdel Gadir Salim. Han pasado 30 años, pero en esta discográfica independiente de Londres sigue primando el gusto de su productor por trabajar siempre con "artistas cuya música es excepcional". "Ahora gozamos del lujo de tener más tiempo para repetir cosas si no han salido como se quería, además de contar algo más de dinero", explica Nick Gold.

En una empresa que en la actualidad solo cuenta con cuatro empleados, World Circuit se separa del orgasmo del hit y sigue a lo suyo. Con apenas dos o tres álbumes al año, el objetivo es obtener un sonido fiel y auténtico. Y en ese viaje por mantener unas grabaciones cuidadas, trajeron el son cubano y el blues del desierto de Malí. Sonidos de "dos países que son musicalmente fascinantes".

Gold fue el impulsor de Ali Farka Touré y de Buena Vista Social Club y reconoce que todo fue una coincidencia. Firmaron al bluesman y a Ibrahim Ferrer cuando ningún sello les hacía caso. La empatía del productor con ambos músicos dio paso a numerosos proyectos y, en 1993, Touré consiguió su primer Grammy gracias a Talking Timbuktu, en colaboración con el guitarrista estadounidense Ry Cooder. Fue un punto de inflexión en un camino ascendente donde el boca a boca funcionó, y la discográfica comenzó a poner álbumes en los estantes. Llegaba el género World Music, algo que, sin embargo, sigue sin agradar a Gold.

"Es una categoría que muestra muchas limitaciones. Es un espacio para ganar exposición y llamar la atención del público, pero es una minúscula etiqueta para la enorme cantidad de música que abarca. Es algo que, quizás, sirvió anteriormente, pero ahora la gente es menos ignorante musicalmente", explica el productor británico.

Enamorado de Cuba

Enamorado de la música cubana, Gold intentó realizar un disco colaborativo entre músicos de Malí y Cuba. Los africanos nunca pisaron La Habana, debido a un problema con los pasaportes, pero el imprevisto no desmotivó al productor. El Estudio Egrem se convertiría entonces en un espacio para revisitar la música de la isla y punto de encuentro de Compay Segundo, Eliades Ochoa, Ibrahim Ferrer y otros guajiros que grabaron lo que es hasta la fecha el disco cubano más vendido de la historia, Buena Vista Social Club. Y de ahí a los reconocimientos, aunque la forma de trabajar de Gold apenas haya cambiado.

El mimo de cada grabación es un factor primordial, ya sea en el estudio londinense de la compañía o en el terreno. Siguiendo aquel consejo de Ali Farka Touré de que la música es mejor grabarla donde pertenece, Gold y el ingeniero de sonido Jerry Boys llegaron a Malí con un estudio móvil y la intención de acabar con los cinco años de silencio de Touré. En una habitación del hotel Mandé, de Bamako, "con vistas al río Níger y muy buena comida local", el guitarrista maliense grabó junto a Toumani Diabate In The Heart of The Moon (2005), uno de los trabajos más aclamados del sello y que ganó el Grammy al mejor álbum tradicional de músicas del mundo.

World Circuit ha atraído a músicos como Toumani Diabaté, Tony Allen, Sierra Maestra, Fatoumata Diawara u Orlando Cachaito Lopez, que se han unido a la discográfica que también lanzó Rumba  Argelina (1993), del grupo español Radio Tarifa. Gold incluso consiguió un viejo sueño y devolvió a Occidente la juerga setentera de Dakar gracias a que fue el artífice del regreso de la banda senegalesa Orquestra Baobab.

Sin apenas celebraciones por estos 30 años, la discográfica trabaja ahora en un disco recopilatorio que conmemorará el décimo aniversario del fallecimiento de Ali Farka Touré y que saldrá en mayo. Además, Gold está envuelto en los detalles del Adiós Tour, de la Orquestra Buena Vista Social Club, una gira de despedida que pasará por Barcelona a principios de abril. Gold era ese joven que trabajaba en una tienda de discos de jazz y que puso su encandilamiento por la música cubana y del oeste de África a disposición de su pequeña discográfica. Ahora continúa explorando universos sonoros aunque guarda recelo de sus propios oídos. "Puede parecer ridículo pero cuando me intereso por la música de algún país temo que pueda ocurrir lo mismo que con Malí o Cuba porque no podríamos dar abasto".