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CRÍTICA | NUESTRA HERMANA PEQUEÑA

Aprendiendo a (sobre)vivir

Kore-eda propone un relato fragmentario, sin un conflicto central

Un fotograma de 'Nuestra hermana pequeña'.

Siete años después de encontrar la inspiración para su anómala Air Doll (2009) en un manga de Yoshiie Goda, Hirokazu Kore-eda ha vuelto a dirigir su mirada al mundo de las viñetas en Nuestra hermana pequeña, adaptación de la serie todavía en marcha Umimachi Diary creada en 2007 por la autora Akimi Yoshida. En ese material, dirigido originalmente al público femenino adulto, ha encontrado el estímulo para dar una modulación mucho más luminosa a temas que su filmografía había abordado previamente en títulos como Nadie sabe (2004) –película demoledora sobre el imperativo de supervivencia de una infancia a la intemperie- y Still Walking (2008) –melodrama familiar con deliberados ecos del cine de Yasujiro Ozu, donde, en el seno de una reunión familiar, tenía lugar una perturbadora ceremonia del rencor-. El tono optimista de Nuestra hermana pequeña asume el riesgo de provocar el rechazo de cierto sector de espectadores, en tiempos de altísima cotización del cinismo y de alerta refleja ante todo lo que levante sospechas de extrema sensibilidad: lejos de proponer una trivialización de los temas de Nadie sabe y Still Walking, el último trabajo de Kore-eda demuestra que la solidez de su mirada humanista soporta importantes cambios de registro, confirmando su condición de gran heredero de los viejos maestros (Ozu a la cabeza, pero también Kurosawa y Naruse).

NUESTRA HERMANA PEQUEÑA

Dirección: Hirokazu Kore-eda.

Intérpretes: Haruka Ayase, Misami Nagasawa, Kaho, Suzu Hirose, Ryô Kase.

Género: drama. Japón, 2015.

Duración: 128 minutos.

En Nuestra hermana pequeña, Sachi, Yoshino y Chika Kouda, tras asistir al funeral de su padre, deciden acoger en su hogar compartido en la ciudad costera de Kamakura a la hija que el difunto tuvo con otra relación. El hogar familiar es un espacio de supervivencia libre de resentimientos, que fue sucesivamente abandonado por un padre adúltero y una madre que se vio incapaz de tomar las riendas del orden doméstico. Kore-eda propone, en consonancia con el manga original, un relato fragmentario, sin un conflicto dramático central, cuyos grandes temas van afirmándose por sedimentación, con extrema elegancia, sin florituras de estilo, pero con exquisitas composiciones de plano liberadas de toda tentación exhibicionista. Película sobre los retos, pero también los placeres de aprender a vivir, “Nuestra hermana pequeña” apuesta por la redención de los pecados de los padres a través de la limpieza de mirada, la capacidad de perdón y la aceptación de los obstáculos vitales de una descendencia desbordantemente vital. Dominada por la serenidad de tono y el asombro ante el detalle cotidiano, Nuestra hermana pequeña no es cursi: es sabia.

Aprendiendo a (sobre)vivir. 

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