García Márquez, la seriedad y la ‘cheveridad’

El lanzamiento de la edición puertorriqueña de ‘Gabo periodista’ se convierte en un homenaje al Nobel caribeño

Gabriel García Márquez, sentado en un patio típico sevillano en abril de 1994.

Si los congresos de la lengua se midieran por las palabras nuevas que generan, el que se celebra en San Juan hasta el sábado podría medirse por la palabra ‘cheveridad’. No está en el ‘Diccionario de la Real Academia Española’ pero este miércoles la empleó Jaime Abello, director de la Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). Lo hizo para reivindicar el carácter caribeño de esa fundación durante la presentación en el flamante Museo de Arte de Puerto Rico de la edición local de ‘Gabo periodista’, una antología de textos periodísticos del autor de ‘Cien años de soledad’.

Coeditada por la FNPI y por la Fundación Ángel Ramos, esa edición es la más completa de todas las publicadas hasta ahora en Colombia, México y Venezuela dado que su exhaustiva cronología incluye la muerte del escritor en Ciudad de México el 17 de abril de 2014. Era jueves santo, en un mes hará dos años. Preparada por Héctor Feliciano, presidente de la comisión organizadora del congreso de la lengua, la antología es fruto de la selección y los comentarios de 19 autores de todo el mundo: de Antonio Muñoz Molina a Jon Lee Anderson pasando por Alma Guillermoprieto o Juan Villoro. Cinco de ellos se sentaron el miércoles en el salón de actos del Museo de Arte para recordar a un narrador que nunca dejó de considerarse periodista: 51 años de ejercicio y ocho volúmenes de sus obras completas lo demuestran. Como recordó el francés Jean-François Fogel, meses antes de recibir el premio Nobel de Literatura en 1982, García Márquez trató de romper el bloqueo creativo en el que se encontraba imponiéndose la escritura semanal de un artículo para EL PAÍS.

El argentino Martín Caparrós, los españoles Juan Cruz y Álex Grijelmo y los citados Abello, Feliciano y Fogel sortearon la inclemencias del aire acondicionado para, sin que la ‘cheveridad’ anulara la seriedad, desgranar algunas de las enseñanzas de un autor al que trataron durante años: que el periodismo, cuando merece la pena, es una rama de la literatura (Caparrós), que un cuento y una crónica pueden tener el mismo origen (Fogel), que García Márquez es periodista hasta cuando inventa (Cruz) o que las grabadoras no piensan y lo importante en una entrevista no es tanto la literalidad como “captar el aire” de lo que dice el entrevistado (Grijelmo). El autor de ‘Noticia de un secuestro’ siempre dijo que escribía para que lo quisieran más y bastaba escuchar a sus amigos para certificar que lo consiguió.