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El sorprendente parecido entre España e Irán

Una exposición descubre similitudes en la obra de 12 fotógrafas, seis de cada país, de diferentes edades y estilos

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'Velo al viento' (1997), de Cristina García Rodero (izquierda), e imagen de la serie 'Golestan Wedding in the suburbs of Tehran' (1978) de la iraní Hengameh Golestan.

Afinidades, similitudes, parecidos inesperados… más allá del manido término "diálogo", usado para mostrar la relación entre dos obras que se exponen juntas, la exposición Miradas paralelas. Irán-España: fotógrafas en el espejo, en el centro Conde Duque, de Madrid, hasta el 15 de mayo, compara imágenes de seis fotógrafas iraníes con las de seis españolas. De cada autora se muestran cuatro fotos y al lado de cada una, la imagen hermana, como si fuera un díptico. Las primeras sorprendidas con el resultado han sido las propias fotógrafas. De Cristina García Rodero (Puertollano, Ciudad Real, 1949) y Hengameh Golestan (Teherán, 1952) se exponen fotos en blanco y negro de bodas. La gran autora española no conocía la obra de la iraní, de la que destaca "su sencillez y, a la vez, su mirada profunda, y la autenticidad". "Se ve que empatizaba con la novia retratada". "Es que era la hermana de un amigo mío", continúa Golestan sobre su serie realizada en 1978, durante el día en que siguió a la novia, de 18 años. Con traductor de farsi de por medio, ambas bromearon sobre su parecido físico y comentaron sus reportajes de bodas: "Cuando los haces, te imaginas si esa pareja va a funcionar y será feliz o no", añade la autora del totémico libro España oculta.

¿Ha sido más difícil su oficio por ser mujer? "Cuando empecé, con 20 años, había solo cuatro o cinco fotógrafas en mi país", cuenta Golestan, que ha documentado en su país la vida doméstica de niños y mujeres. Con esa misma edad comenzó también García Rodero: "Lo bueno, como mujer, es que podía entrar con más facilidad en las casas que si hubiese sido un hombre, pensaban que no era problemático dejarme trabajar", cuenta la premio Nacional de Fotografía en 1996, que proclama: "Nunca me ha preocupado lo que pensaran los demás. Solo he querido investigar y fotografiar".

Otra pareja de Miradas paralelas es la que forman Isabel Muñoz (Barcelona, 1951) y Gohar Dashti (1980). Las imágenes de la zona de Bam tras el terremoto de diciembre de 2003, que tomó la española, en blanco y negro, se complementan con las de un Irán desierto y onírico casi monocromo. "Ver las fotos de Gohar ha sido un amor a primera vista", comentó la poseedora de dos World Press Photo, para quien hay una mirada común "por ser mujeres". "Se comparte la forma de amar, los sentimientos, cómo vives la opresión y la libertad" y, tras contemplar la imagen de un grupo de 11 mujeres vestidas de arriba abajo de negro, sentadas en un largo sofá, comentó: “Parece una imagen salida de La casa de Bernarda Alba".

La exposición, organizada por el Ayuntamiento de Madrid y la Asociación Cultural del Mediterráneo Occidental (Medocc) representada en la presentación por su fundador, Diego Moya, cuenta con la colaboración de la Agencia Española de Cooperación Internacional. Los comisarios son Zara Fernández, también directora del Medocc, y Santiago Olmo, y está previsto que las fotos viajen de Madrid a Teherán y Sevilla. En el recorrido, Fernández destacó las complicidades descubiertas entre las obras de artistas "que no se conocían y de edades y etapas distintas" y explicó que el motivo de haber escogido a Irán como país invitado "es su gran nivel en las artes visuales".

Foto de la 'Serie Bam' de Isabel Muñoz (2005) y 'Sin título', de Gohar Dashti (2013).

También acudió el dúo formado por la asturiana Soledad Córdoba (Avilés, 1977) y Shadi Gadirian (Teherán, 1974). El simbólico trabajo de ambas muestra a mujeres atrapadas entre ramas (en el caso de la española) y telarañas (la iraní). No se conocían, pero "está claro que hay una conexión, porque hablamos de temas comunes, como el encierro y la soledad", subraya Córdoba, que agregó: "Hay incluso casualidades en la composición". Su compañera explica que sus imágenes se basan en una antigua obra de teatro iraní. "Es común en nuestras fotos una aparente sensación de melancolía, pero luego se aprecia que hay luz y libertad".

Los otros encuentros los protagonizan Amparo Garrido (Valencia, 1962) y Rana Javadi (Irán, 1952), que coinciden en sus imágenes de colores luminosos. "La obra de ambas se escenifica y se cubre con papeles, flores o telas", señala la comisaria Fernández. Mayte Vieta (Blanes, Girona, 1971) y Ghazaleh Hedayat (Teherán, 1979), con piezas metafóricas que hablan de la intimidad a través de paisajes, en una mirada próxima a la abstracción plástica. Por último, María Zarazúa (Madrid, 1974) y Newsha Tavakolian (Teherán, 1978) aportan sus series de retratos de jóvenes, en entornos urbanos, que posan silenciosos, ensimismados. Da igual que sean de Irán, de España o de cualquier otro lugar. Son historias comunes de fragilidad y soledad.

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