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Congreso de la Lengua Española

El español es una suma

Las Academias de la Lengua han hecho en los últimos años un sólido trabajo por la unidad del idioma

Salón principal del teatro El Círculo en la clausura del III Congreso Internacional de la Lengua Española, en Rosario (Argentina) en 2004.

El entonces director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, recibía el 11 de marzo de 2009 en su despacho a una delegación del sultanato de Omán, formada por dos clérigos y dos diplomáticos. ¿Qué pretendía tan singular embajada? Algo sorprendente. Estaban allí para conocer la experiencia de la institución española de modo que les sirviera a ellos para promover la Academia de la Lengua Árabe en su país y favorecer luego la creación de una red de academias de ese idioma, según coincidieron en señalar fuentes de la institución española y de la embajada omaní. El nacimiento de la academia de Omán elevaría a cuatro las entidades similares de aquella lengua, pues ya estaban constituidas las de Siria, Egipto y Jordania.

A la delegación arábiga le interesaba saber cómo se armonizan el español general y las distintas variedades del idioma en cada país hispanohablante; y cómo se manejan esas diferencias en las obras que publica la Academia española.

Los representantes de Omán casi se cruzaron con un delegado del presidente de la República Francesa, que una semana antes había visitado también a García de la Concha para preguntarle cómo habían conseguido organizar la “hispanofonía”, término que él utilizó. Y años más tarde, el mismo camino tomaría el ministro de Cultura portugués que deseaba interesarse asimismo por la red de Academias del español.

Todos ellos tenían realmente un ejemplo en el que fijarse, porque el español es una lengua muy homogénea, unida en su inmensa y rica variedad. Una de las lenguas más cohesionadas del mundo. Muy lejos de las profundas hendiduras que se dan en el ámbito del árabe, del chino o incluso del portugués. Una lengua unida además por razones culturales y que hace sentirse hermanos a sus hablantes (algo que quizá no ocurre en todos los ámbitos del inglés). La docta casa se ha transformado en los últimos decenios, y ya hace mucho tiempo que abandonó su conservadurismo tradicional en todos los órdenes, su hispanocentrismo madrileño, su lentitud, su machismo.

Los Congresos de la Lengua han sido una gran caja de resonancia y un espacio de intercambio de conocimientos y expertos

Los limones todavía eran amarillos en la edición del Diccionario de 1992 (a pesar de que en toda América tienen color verde), y el matrimonio se definía aún en 1970 como algo “de por vida” (aunque el divorcio estuviera legalizado en muchos países hispanos). Pero la publicación de nuevas obras en los últimos años ha servido para situar a la Academia en la modernidad; y la colaboración entre las 22 instituciones hermanas (que serán 23 cuando se incorpore oficialmente la de Guinea Ecuatorial) ha instalado el panhispanismo en todas ellas.

Aunque todavía quedan algunos tramos por recorrer y avances por completar, el camino andado durante los últimos decenios por la institución fundada en el siglo XVIII ha constituido un impulso muy perceptible en todos los ámbitos del idioma.

Y todo ello, sin perder la autoridad otorgada libremente por la mayoría de los 500 millones de hablantes. Hasta tal punto se ha producido esta identidad que la gente dice “esa palabra no existe” si no la encuentra en el Diccionario.

Obras en colaboración

La colección de obras académicas se ha ampliado en la última década hasta conformar una biblioteca de consulta y ayuda que resuelve ya todas las dudas. El primer gran paso para llenar la nueva estantería del idioma español lo dan las Academias con la Ortografía de la lengua española en 1999. No todas participan con la misma intensidad, y ciertos errores dejan entrever descuidos en la supervisión de algún país que otro; o quizás las prisas. Pero ahí nació la primera gran obra panhispánica.

La nueva edición del Diccionario dos años después, en 2001, incorporó a su vez 6.000 americanismos, entre ellos “engentarse” (sentirse agobiado por una multitud de gente), “achicopalarse” (achicarse, disminuirse ante algo que consideramos superior) o “trancón” (embotellamiento en Colombia). Pero aún faltaban muchos más.

Esa colaboración entre las distintas Academias mejorará luego en el largo proceso que conduce al Diccionario panhispánico de dudas, que vio la luz finalmente en 2004 y contó no sólo con el apoyo de todas las Academias, sino también con el respaldo de los principales medios de comunicación del mundo hispano, que aceptaron hacerlo suyo y seguir sus recomendaciones. Esta obra recoge asimismo las variedades americanas, aunque con sensibilidad todavía mejorable en algunos ejemplos.

El camino andado durante los últimos decenios por la institución fundada en el siglo XVIII ha constituido un impulso muy perceptible en todos los ámbitos del idioma

La antigua gramática de 1931 (llamada con humildad Esbozo de una nueva gramática española) no se libraba tampoco de aquel hispanocentrismo de la época, pues apartaba los usos de América del lugar que merecían. Pero eso también quedó subsanado y mejorado con la imponente Nueva gramática de la lengua española (2009), así como su edición más llevadera (la Nueva gramática básica), publicada en 2011.

Las Academias americanas también han hecho su propio trabajo conjunto, y lanzaron en 2010 el Diccionario de americanismos, que recoge las distintas variantes del español en aquel continente, con expresión de los países donde se usa cada término. Reúne 70.000 voces, con 120.000 acepciones.

A partir de ahí, la colaboración entre las 22 instituciones del español ya casi deja de ser noticia, y entre todas ellas alumbrarán con normalidad las siguientes revisiones de todas las obras académicas. No sin polémicas a veces, como las que rodearon a la Ortografía de 2010. Tales discusiones trascendieron el ámbito de los académicos, porque también se animaron a entrar en el debate escritores, periodistas, traductores y, por supuesto, muchísimos hablantes.

Entre otras transformaciones, esta nueva edición de la Ortografía recomendaba retirar la tilde al adverbio “sólo”, cambiaba el nombre “y (griega)” por “ye” y eliminaba la letra q de una palabra si no la acompañaba, pegadita, la última de las vocales en función muda (como sucede en “queso”); lo que convertía el viejo “quórum” en el moderno “cuórum”.

La intensidad de la discusión podía entenderse como una grieta en la unidad del idioma y en el respeto a las Academias, pero también mostraba con claridad la vinculación emocional que puede desatar una simple rayita sobre la oronda letra o de “sólo”. Y además no llegó la sangre al río, pues se trataba de una recomendación.

Las Academias americanas también han hecho su propio trabajo conjunto, y lanzaron en 2010 el Diccionario de americanismos

La misma expectación rodeó el estreno del último Diccionario, publicado en 2014. Esta 23ª edición incluye 93.111 entradas (frente a las 88.431 de la anterior), con 195.439 acepciones; se introdujeron 140.000 enmiendas, que afectaron a 49.000 voces. Y los americanismos (gracias al trabajo previo de todas las Academias) suman ya 19.000.

A toda esa labor que se plasma en libros (con sus respectivos accesos a través de Internet) hay que añadir dos elementos más, uno de amplísima repercusión internacional cada tres o cuatro años y otro de carácter más diario, inmediato y percutiente: los congresos de la lengua y la Fundéu.

Los Congresos de la Lengua Española han constituido una gran caja de resonancia. En ellos se presentaron todas esas obras académicas y se han tendido unas sólidas redes de relaciones personales para el intercambio de conocimientos entre escritores, lingüistas, periodistas, editores… de todo el mundo hispánico.

La Fundéu (Fundación del Español Urgente) se creó en 2004 a iniciativa de la agencia Efe (a partir de su Departamento de Español Urgente) con el patrocinio del BBVA y la tutela de la Academia española. Su misión consiste, desde que fue creada, en aconsejar con rapidez a todos los periodistas ante las nuevas dudas y dificultades que encuentran cada día, pero enseguida amplió su ámbito (gracias a las nuevas tecnologías) para comunicarse con millones de hispanohablantes. Presidida por el director de la Academia, cuenta con un consejo asesor formado por académicos, filólogos y periodistas, y sigue en sus recomendaciones los criterios de esa institución. Los periódicos, las cadenas de televisión y de radio ya se han acostumbrado a recibir las respuestas rápidas de la Fundéu, y a contar con ella como un compañero más de la Redacción.
Todas estas herramientas han ido cimentando un armazón muy sólido (porque se construyó despacio) que hoy en día nos permite disponer de una lengua común muy homogénea, cuya rica diversidad no impedirá nunca que dos hispanohablantes se entiendan a la perfección entre sí ni que, al mismo tiempo, pasen un rato divertido contándose sus diferencias léxicas. Poco a poco, todo el mundo hispánico (y España quizá con más retraso) ha asumido con naturalidad la frase proclamada por el historiador de la lengua mexicano Antonio Alatorre: “El español es la suma de todas las maneras de hablarlo”.

Así que aquellos señores llegados desde el sultanato de Omán hicieron muy bien en visitar la Real Academia.

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