Una escultura en honor a César Vallejo, olvidada en Lima

La obra, creada por Jorge Oteiza, fue emplazada en los sesenta

El escultor vasco Jorge Oteiza (1908-2003), en su tercera visita a Perú en 1960, elaboró la maqueta de una estela funeraria en honor al poeta peruano César Vallejo, a quien admiraba. La escultura de acero que creó Oteiza fue instalada dos años después de su visita, a tres cuadras de la Plaza de Armas de la capital peruana. Es considerada como la primera obra de arte abstracta de Lima. El monumento es hoy ajeno a las miradas de los transeúntes y del circuito turístico, en cuya memoria cultural no figura la presencia de este trabajo del denominado mago escultor.

“Tener un Oteiza en Lima es importante, pero se le debe mostrar con la historia del espíritu abstracto que iba en contra de su entorno en la época, frente a una iglesia tradicional barroca. Ahora la escultura se ha integrado muy bien en el espacio, es parte de la memoria visual de Lima, pero debe ser parte también de nuestra memoria cultural”, manifiesta el curador Daniel Contreras, quien investigó el contexto de creación de la estela.

La obra de arte está ubicada en la plaza de San Agustín, cerca de la iglesia del mismo nombre —importante por su fachada del barroco churrigueresco—, en el centro histórico de Lima. La escultura luce limpia, solo atacada por las palomas. Está rodeada por quienes buscan sombra en las bancas, por las personas que hacen lustrar sus zapatos en un kiosko y por el vendedor de gelatinas, que apoya su pesada caja en la base de roca de la escultura.

Contreras afirma que el día de su instalación casi nadie la comprendía, aunque sabían que era una “estupenda” escultura. “Una caricatura posterior a la instalación de la estela, publicada en el diario La Prensa, mostraba a los transeúntes señalándola, con signos de interrogación, con el dedo en la boca”, añade.

El catálogo de la muestra Acero, que escribió Contreras en 2013, relata que el día de la inauguración de la obra de Oteiza, un crítico anónimo escribió en la superficie: “esto es un adefesio”; la inscripción fue borrada de inmediato.

“Ha pasado por muchas situaciones, en los ochenta se convirtió en una letrina, también fue grafiteada, y hubo el riesgo de que fuera trasladada a otro espacio”, recuerda Contreras, quien destaca que, desde la remodelación de la plaza de San Agustín en 2014, el espacio está recuperado.

La estela fue pensada para la inauguración del cementerio general de El Ángel en junio de 1959, pero ese no fue finalmente su destino.

Joaquín Roca Rey y Fernando de Szyszlo fueron fundadores del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC). “Los miembros del IAC eran intelectuales, unos jóvenes locos con dinero y dedicados al arte. Hicieron el trámite ante la municipalidad y colectaron entre ellos el dinero para la obra. Era la más importante institución de arte contemporáneo”, señala Contreras.

El día que Oteiza presentó ante el IAC su maqueta, estuvo presente el intelectual peruano más relevante del momento, Sebastián Salazar Bondy. “No estuvo a favor ni en contra, pero anticipó que podría haber una confrontación por el espacio religioso donde colocarían la figura”, anota Contreras.