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Fuertes medidas de seguridad en unos Oscar “sin amenaza específica”

Con cerca de 3.000 invitados, hay 500 agentes desplegados para asegurar que todo transcurra con normalidad

En la alfombra roja que conduce a los Oscar todo está engalanado. Eso incluye las bocas de riego del bulevar Hollywood que, pintadas de dorado, se funden con el ambiente de fiesta y glamour. Bocas de riego que muchos invitados a esta gala querrían utilizar pero que no pueden porque están de servicio. Se trata de los perros policía, presencia habitual en las veladas de Hollywood y  con más razón en los Oscar. La 88ª edición de estos premios es la primera que tiene lugar tras los atentados en París y en San Bernardino (California). Según un comunicado oficial de la policía de Los Ángeles, "no existe ninguna amenaza específica" contra los Oscar. Pero la gala es el centro de todas las miradas, con cerca de 3.000 invitados entre lo más granado de la industria y alrededor de 40 millones de espectadores en Estados Unidos siguiendo en directo el espectáculo por televisión.

De ahí la vigilancia de los perros policía que se suman a los 500 agentes y otras fuerzas especiales desplegadas por la zona para asegurar que todo transcurra con normalidad. Eso además de las cámaras de seguridad y los detectores de metales en todas las entradas, incluso para las estrellas que acceden con sus nombres escritos en la entrada y pasando también por controles donde pueden requerirles su carné de identidad. Un despliegue del que ni la Academia ni las fuerzas del orden han querido dar detalles "por razones de seguridad" pero que de una manera elegante, como parte del decorado, salta a la vista por su fuerte presencia.

Si durante su primera nominación al Oscar con Antes que anochezca Javier Bardem describió el ambiente de la alfombra roja como un campo de batalla, un momento salido de Apocalypse Now en medio del griterío y el sonido ensordecedor de los helicópteros de la policía y las televisiones que recorren la zona, hoy más que nunca el sentimiento de estado militar es una realidad.

Además de la presencia policial, la Academia cuenta con su propia equipo de vigilancia, miembros de la compañía Especialistas en Seguridad Industrial apostados en todas las entradas y lugares claves una vez que las fuerzas del orden dieron por terminado cinco horas antes de la ceremonia el último barrido buscando posibles explosivos. "La presencia es contundente", declaró a la prensa la encargada de seguridad de la policía de Los Ángeles, Beatrice Girmala, dispuesta a proteger "la mayor exportación" de Hollywood al resto del mundo.

Hoy la tienda de campaña que acota todo el perímetro de alfombra roja no es para proteger de la lluvia en un Los Ángeles que vive una de las mayores sequías de su historia. Si la Academia ha vuelto a plantar el techo es para separar a los invitados del resto de los viandantes en un bulevar que lleva una semana cerrado al público y al tráfico rodado. Una barrera que aleja a los Leonardo DiCaprio o las Brie Larson, los posibles ganadores de la gala, de las protestas convocadas por su blancura en un año sin diversidad racial entre los candidatos en categorías dramáticas. Estas son pequeñas y están lejos, confinadas en un aparcamiento abierto donde menos de 50 personas protestaron a tres cuadras de distancia de la alfombra roja.

Esta también el recuerdo del suceso que ni 24 horas antes tuvo lugar en Anaheim (California) a unos 50 kilómetros de distancia, durante la manifestación de un grupo de supremacistas blancos del Ku Klux Klan que se saldó con tres heridos por arma blanca y 13 detenidos.

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