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Recetario de canciones (Febrero)

Dale loco y pon todas las palmas y “la la las” posibles en tu vida

La sección 'Recetario de canciones' recomienda música al acabar cada mes y, sobre todo, busca que la vida suene mejor

Fueron protagonistas. Kunfé Ko (Djeneba Kouyate).

Más allá de cualquier gira anunciada de artista de renombre, programación de cartel de cualquier festival o lanzamiento de disco, el protagonismo musical de este pasado mes sin duda corresponde a los responsables y artistas que hicieron posible la celebración del primer Festival Acoustik Bamako (FAB). Como contó Mercedes Goiz, los sonidos de África vibraron en Bamako, capital de Malí, como un gesto de coraje frente a la amenaza de los yihadistas. Los salafistas radicales tienen controlado parte del país y sus sharias prohíben la música, con penas de prisión o latigazos para quien la escuche o la toque en la calle. En este festival internacional, las verdaderas heroínas fueron las cantantes e intérpretes que además sufren otro tipo de amenazas por su forma de vestir o relacionarse. De esta forma, en el corazón de la olvidada África, las canciones de Nahawa Doumbia, Djeneba Kouyate, Safi Diabaté o Dené Isebere fueron ejemplares gestos de valentía contra los bárbaros.

Una canción para una noticia. Veo veo… mamoneo (Rosendo).

Rita Barberá, exalcaldesa de Valencia, está rodeada de casos de corrupción. Pero la discípula de Fraga ha logrado blindarse como aforada y se niega a abandonar su plaza en el Senado, con la ayuda del PP. Casi todo su equipo actual y parte del anterior ha sido imputado en la Operación Taula. Una trama dedicada, presuntamente, al cobro de comisiones, financiación y blanqueo del Partido Popular. Pero Rita es mucha Rita. Esta semana dijo que no iba a dimitir, ni se lo planteaba, y aprovechó para decir que Podemos son “una amenaza”. “Les recomiendo la lectura de Gramsci, del que Errejón es un experto. Su modo de actuar es la manipulación, la maniobra, el engaño y el insulto”, dijo en rueda de prensa. La respuesta de Errejón en Twitter fue un zasca en toda regla: “Agradezco a Rita Baberá que me cite como estudioso de Gramsci y recomiende su lectura. Me permitiría recomendarle un autor ruso: A. Dimitir”. ¿Le subiría el caloret al leerlo? Es la duda. A la espera de que se lea al autor ruso, a Rita le recomendamos también la siguiente canción del abuelo. Si quiere puede hacer como hace con la ética política, tomársela como un juego. ¿Veo veo? ¿Qué ves? Lo mismo que Rosendo, señora Barberá.

Disco destacado. Dust (Lucinda Williams).

The Ghosts of Highway 20, el último álbum de la gran dama del folk norteamericano, fue nuestro disco de la semana el 10 de febrero. La cantante confesaba a este periódico que lo concebía como un homenaje a sus recuerdos de infancia e Ignacio Julià destacaba su “hondura emocional e innegociable humanismo”. Los hay que creen que Taylor Swift, la gran triunfadora de los Grammy, es country o, para entendernos, música americana. Ok. Música americana es, claro, como películas americanas son las protagonizadas por Kate Hudson o Reese Witherspoon. Pero de qué hablamos cuando hablamos de milenarismo, que exigiría Fernando Arrabal en un ataque de lucidez. Lucinda no se pone vestidos llamativos, ni hace piruetas en el escenario, ni se rodea de tíos buenos en millonarios videoclips, ni, bueno, en fin, hace las canciones de Taylor. Lucinda es innegociable. Gracias, Lu.

Territorio nacional. El último hombre en la tierra (Coque Malla)

Mientras ya conocíamos a nuestra representante para Eurovisión, Coque Malla sacaba nuevo disco. Visto los resultados de una cosa y otra, la segunda se erige como un acontecimiento. Malla ha publicado una deliciosa obra, reseñada por Juan Puchades como un gran disco de “vocación intemporal”. La canción que da título al álbum es un perfecto ejemplo intemporal, una composición fabulosa sobre ese verbo tan maldito como bendito, tan sobado como imprescindible, que se conoce como “amar”. ¿A quién le importa que otro año más recibamos menos de siete puntos en Eurovisión si tenemos a gente como Coque haciendo canciones como esta?

La Ruta Norteamericana. Traveller (Chris Stapleton).

Volvemos a los Grammy. Al fin y al cabo, son el gran acontecimiento musical del año. Especialmente en Estados Unidos. Como ya se ha dicho, Taylor Swift ganó como disco del año. Era favorita. Pero, entre los cinco nominados con otros pesos pesados en lo suyo como The Weeknd, Kendrick Lamar y Alabama Shakes, estaba un hombre del que nadie hablaba pero cuyo trabajo es más que destacable. Y lo es, sobre todo, para todos los aficionados a la música norteamericana. Chris Stapleton. Su disco Traveller es un tratado de folk de carretera. Un viaje que invita a coger la autopista y no mirar atrás. Quien quiera hacerlo que se lo lleve en el coche.

¡No te pierdas este vídeo! No Surrender (Bruce Springsteen).

Bruce Springsteen también fue uno de los nombres del mes. En febrero supimos que sacará una autobiografía y vendrá de gira otra vez por España, tocando en Madrid, Barcelona y San Sebastián. En España, país con legión incontable de seguidores y que le dedica los espacios de telediario que no tienen casi todos los demás, muchos ya se frotan las manos. De alguna manera, tenía que tener su canción este mes. Salgamos de lo tópico: lo hacemos con esta interpretación acústica de uno de sus himnos a la amistad, No Surrender. Y, en este vídeo, con palabras para Stevie (Steve Van Zandt), el guitarrista de la E Street Band, al que califica como "mi mejor compañero de sueños".

¡Por fin es viernes! She loves you (The Beatles).

Olvidarse de los problemas, doblegar a la rutina, ganar por KO a la frustración... Con su aire de viernes eterno, los Beatles son necesarios. Como decía George Harrison, vinieron al mundo para acabar con el aburrimiento. Y lo consiguieron. Historia cerrada y perfecta, los cuatro fabulosos de Liverpool representaban en sus inicios la pura alegría. Esta canción, uno de sus primeros éxitos, guarda toda la esencia de su beat inmortal, único, que catapulta hasta el sol.

Díselo con una canción. Hermanos (Fito Páez y Moska).

Apartado para unir corazones y, por tanto, conectarse con la vida de una forma extraordinaria. A decir verdad, esta canción, que abre Locura total, el fantástico disco que el año pasado publicaron Fito Páez y Moska, es algo más que una declaración sentimental. Es amor, cierto, pero es algo más. Es un torrente amoroso arrasador, sin nudos ni cortapisas. Es un manifiesto vital, una proclama efusiva de emoción, solo dispuesta a ser compartida con otra persona. Es una actitud. Si Coque Malla, tras sentirse encantado sabiéndose el último hombre en la Tierra con ella, se embriagaba de "la la las", perdiendo la razón, atención, mucha atención, a los que vienen a continuación. En el mismo momento en el que entra la voz de Fito, más intensa con la instrumentación, todo se eleva un estado. Gloria cuando, tras una lírica que te empuja a vivir, se rompe el sentido con ese divino "dale loco". Y la canción y la simple existencia se llenan de coros y palmas. Los "la la las" invaden el cuerpo y el espíritu en plena borrachera emocional, en un jolgorio imparable. Reza la letra al final: "Siembra la tierra de pasión". Y luego más derroche de "la la las". Hay sentimientos que no se pueden explicar de otra forma.

De la vieja gramola. Lola (The Kinks).

Esta canción que ponemos en nuestra jukebox imaginaria condensa todas las demás, como Lola guardaba todos los buenos propósitos, batallas necesarias e ilusiones que se han ido comentando en este recetario musical. Lola era una mujer de raza, una verdadera luchadora por las causas justas, que tenía valores y confiaba en que los pequeños actos podían guardar grandes conquistas. Lola no soportaba a los corruptos, le hervía la sangre con los que abusaban de su poder. Lola era innegociable. Lola siempre quiso sentirse (y qué estúpido/a no) la última mujer en la Tierra por esa otra persona. A Lola también le encantaba viajar. A Lola le recomendé No Surrender cuando creí que más lo necesitaba. Nunca fui muy original. A Lola le regalé un disco de los Beatles, que contenía She loves you. Lola, pese agobiarse con cosas menores que la llevaban de cabeza, siempre sonreía cuando había que sonreír. Es decir, cuando la otra persona lo necesitaba.

Lola Carretero luchó tres veces contra el cáncer y en la última gran batalla todavía podías estar con ella y estaba rodeada de palmas y "la la las". Le dolía todo el cuerpo, los médicos no se explicaban cómo duraba tantísimo y todos nos preguntabamos cómo con tanta carga hacía para regalar tantos "la la las". A Lola le encantaba ponerse su nariz de payaso. Entre tanto traje y corbata, entre tanto qué dirán, entre tanto anodino, ella con su nariz de payaso estaba loca. "Dale loca". Y se fue a vivir sola y enferma al lado del mar. Me mandó esta foto que acompaña este artículo con su nariz de payasa en la arena de la playa por la que paseaba. Lola fue la primera persona en leer mi novela Martha y editarla como amiga pese a estar en tratamiento. Lola me llamó llorando al acabar de leerla y me dio las gracias por haberla escrito. Las gracias infinitas se las di yo. Como una niña, le encantaba presumir de que tenía una canción como la de los Kinks con su nombre. Qué pasada, pensaba yo, tener una canción tan buena con tu nombre. Le encantaba también contar que había visto a los Kinks en directo. Otra pasada. También lo pensaba. Lola murió hace unos días y sus cenizas descansan en el mar que tantas veces observó sola.

La canción de Lola tiene palmas y, a su manera, tiene "la la las" para estirar ese nombre que nombra a una amiga de muchos compañeros de EL PAÍS y de muchos más fuera de las paredes de la redacción. Siempre se dedicó a tareas invisibles pero esenciales, como subir noticias a la web cuando la palabra web apenas existía o editar la web cuando todo lo importante pasaba en la web. Siempre fue profesional. Pero lo más importante: siempre fue un ejemplo vital. Recuerdo que el día que llamó llorando me dijo: "Tiene que ser muy bonito que te recuerden por una canción". Lo sea o no, sirva para algo o para nada, tú ya tienes la tuya, Lola.