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Un tribunal confirma la pena de cárcel para el cineasta iraní Keywan Karimi

La corte de apelación condena el director a un año de prisión y 223 latigazos

El creador es culpable de "propaganda antigubernamental" por su filme 'Writing on the city'

La sentencia es definitiva. Un año de cárcel, 223 latigazos y 20 millones de riales (unos 600 euros) por una película. En concreto, Writing on the city, un documental del cineasta iraní Keywan Karimi que narra los últimos 35 años de historia del país a través de mensajes y grafitis que han ido apareciendo en sus muros. La corte de apelación ha establecido que el filme es culpable de los dos delitos de los que le acusó el régimen: propaganda antigubernamental e insulto a la santidad. El tribunal le ha quitado al director cinco de los seis años de prisión de la primera condena, pero ha mantenido la base del asunto: quien haga filmes que no gusten a Teherán lo paga, y muy caro.

“No tengo intención de dejar el país. Tengo que pasar mi tiempo en prisión, pero soy optimista y recuerdo mucha gente famosa que fue encarcelada, y eso me da energía", defiende el cineasta en un correo electrónico, a la vez que excluye recursos ante tribunales internacionales. “Lo único que puedo esperar de momento es aplazar mi ingreso en prisión, por lo menos hasta después del Año Nuevo Iraní (mediados de abril), cuando mi madre haya superado la quimioterapia y yo haya terminado de rodar mi nueva película”, agrega Keywan Karimi.

La historia de esta herida a la libertad de expresión arrancó en septiembre de 2013, cuando el director colgó en Internet el tráiler de Writing on the city. Sin haber visto siquiera la película –que celebró su estreno mundial el pasado 12 de febrero en el festival Punto de Vista de Pamplona- a la Guardia Revolucionaria le bastó con lo que se intuía en aquel avance. Los agentes entraron en casa del director, destruyeron sus discos duros y lo encerraron dos semanas en una celda de aislamiento. “Apenas tenía media hora al aire libre”, contaba a este periódico el cineasta hace dos semanas, cuando todavía esperaba con optimismo a la sentencia de la corte de apelación. Finalmente, a la sazón, pagó la fianza de 100.000 dólares y volvió a casa. Ahora ya no tendrá esa suerte.

Todo por 80 minutos de filme. Básicamente, Writing on the city parte desde la revolución de 1979 liderada por el ayatolá Jomeini para contar entre voces en off e imágenes de archivo cómo las paredes han relatado los cambios en la sociedad iraní: los grandes murales de los mártires durante la guerra contra Irak en los ochenta, los anuncios publicitarios que marcan la llegada del capitalismo, las pintadas idílicas de granjeros felices impuestas por el expresidente Mahmoud Ahmadinejad.

“Al principio quería hacer una película sobre los grafitis underground. Pero descubrí que también los había de propaganda, hechos por el Gobierno. Y me di cuenta de que se podía seguir la historia de la sociedad a través de su reflejo en los muros”, describía Karimi a este periódico. Y relataba su odisea: “Pasé ocho veces por el banquillo. Y eso que no hay una sola prueba que sostenga las acusaciones”.

Ya por entonces prometía que ni se planteaba dejar Irán. Karimi cree que allí están su papel, su misión y su destino: “Acepto y entiendo que la gente pueda irse y escoger una vida mejor. Pero yo, como director y activista, tengo aquí mi fuente, mi lugar donde pensar y actuar. Tienes que pelear cara a cara. Es un deber moral hacia mi sociedad. Si nos vamos todos, ¿quién intenta cambiar las cosas? Hice una película para la Historia, quiero ser responsable de ella”.

Su batalla ha recibido varios apoyos internacionales, incluidos muchos cineastas europeos, y Punto de Vista ha preparado 223 words, un filme donde otros tantos directores dirigen una palabra de apoyo al iraní. Aunque el cineasta considera que le ha fallado el respaldo precisamente en su país, donde creadores como Jafar Panahi o Asghar Farhadi ya afrontaron problemas con el régimen, y sin embargo casi nadie ha levantado la voz a favor de Karimi. Él lo achaca a una mezcla de miedo y desconocimiento.

Tal vez ahora su nombre empiece a sonar más. O quizás también contribuyan las dos películas nuevas que prepara: sobre el acoso judicial que ha sufrido y una obra de ficción, protagonizada por un abogado. Karimi tiene claro por qué rueda: “El cine está hecho para pensar y enseñar a hacerlo, no para levantar dinero”. Así que piensa seguir el mismo rumbo, cueste lo que cueste: "Estoy seguro de que me castigarán por cada película nueva quehaga, pero yo he escogido esta manera de hacer cine. He realizado todas mis películas entre restricciones. Cuando hice The Adventure of Married Couple vivía en la calle, porque no podía pagar el alquiler ya que había gastado todo el dinero en Writing on the city. Creo que la mitad de mi creatividad nace en situaciones de emergencia".

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