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Un ‘facelift’ de Oscar

Es raro que el Oscar haya esperado tanto tiempo para hacerse unos retoquitos

Con 88 años a sus espaldas y convertido en el centro de todas las miradas en Hollywood, lo raro es que el Oscar haya esperado tanto tiempo para hacerse unos retoquitos. La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas confirmó que para esta edición sus estatuillas “han restaurado sus facciones de forma sutil”. Un facelift imperceptible a simple vista. Las dimensiones serán las mismas, casi 35 centímetros de alta por 3,5 kilos de peso, un premio más pesado de lo que todos sus ganadores se esperan. Pero su diseño y la aleación serán más cercanas a la original. De hecho, para modelar el nuevo Oscar la Academia ha utilizado una de las estatuillas de su primera promoción, de las entregadas en 1929, elaboradas en bronce por George Stanley según el diseño de Cedric Gibbons.

Owen Siegel posa con una estatuilla dorada y otras plateadas del Oscar, en su factoría de Chicago, en 1995.

La compañía neoyorquina Polich Tallix dedicada a la fundición de piezas artísticas se ha hecho cargo de los cambios utilizando un nuevo proceso de manufactura. El Oscar primigenio ha servido como modelo para obtener un escáner digital que posteriormente se ha impreso en 3D para poder así crear un molde de cera que utilizar en la fabricación de la nueva promoción de estatuillas. Posteriormente y durante tres meses las estatuillas se elaboraron una a una en bronce líquido que una vez enfriado recibe un baño de oro de 24 quilates que le da a la figura el brillo conocido en manos de los ganadores. La Academia nunca precisa el número de estatuillas disponibles aunque son suficientes para cubrir posibles empates. Las que sobran de un año a otro pasan a la caja fuerte de esta institución que tiene su sede en Beverly Hills.

Parte del proceso de creación de las estatuillas.

Este es el primer año que la empresa Polich Tallix se encarga de la manufactura, desde 1982 en manos de la casa R.S.Owens con base en Chicago, compañía en la que trabajan unos 60 empleados de origen hispano que se preciaban de su trabajo. Ahora su labor seguirá vinculada a la Academia pero solo para la manufactura de aquellos otros premios concedidos por esta organización que no son el Oscar. Sin embargo, este no es el primer facelift que reciben las cerca de 3.000 estatuillas entregadas a lo largo de la historia. El diseño original de Gibbons, el de un caballero apoyado en una espada de cruzado en lo alto de una lata de película, se ha mantenido casi inalterado a lo largo de los años. Ni tan siquiera ha cambiado el número de aspas en la bobina de la lata de película, cinco como las cinco primeras ramas de la Academia (actores, productores, directores, guionistas y técnicos) a pesar de que ahora hay un total de 24 categorías. Lo que ha variado con los años es la altura, no tanto de la estatuilla sino de su base, una medida que cambió por última vez en 1945. También durante la Segunda Guerra Mundial y ante la falta de metal se otorgaron estatuillas esculpidas en escayola que acabada la contienda fueron sustituidas por las estatuillas habituales.

Lo que sigue siendo parte de la mística de estos premios es su nombre. Aunque su nombre oficial es el Premio de la Academia al Mérito, la propia organización aceptó de forma oficial en 1939 el mote familiar de Oscar dada su popularidad. La leyenda dice que una bibliotecaria de la Academia, Margaret Herrick, dejó claro lo mucho que se parecía la estatuilla a su tío Oscar. Otra de las teorías es la que dio Bette Davis asegurando que era el nombre de su primer marido, Harmon “Oscar” Nelson. Una versión de la que luego se retractó.

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