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OBITUARIO

Muere José Ricardo Morales, exponente del teatro del absurdo

El dramaturgo, exiliado tras la Guerra Civil española en el buque 'Winnipeg' fletado por Neruda, ha fallecido a los 100 años en Chile

José Ricardo Morales, el último dramaturgo vivo que estuvo en activo el periodo de la II República española, fue hasta el pasado día 17 una memoria lúcida y crítica de la historia de nuestro país de todo un siglo. Y nunca mejor dicho, porque el escritor, ensayista y académico había cumplido unos pletóricos 100 años el pasado 3 de noviembre.

La noticia de su fallecimiento se dio a conocer de manera inmediata por la Biblioteca Nacional de Chile, país al que llegó exiliado en 1939 a bordo del Winnipeg, barco que fletó Pablo Neruda desde Francia para salvar del horror a unos cuantos miles de republicanos españoles, entre los que se encontraban numerosos científicos e intelectuales, como Morales.

En España la noticia llegó a través de su nieta, la decoradora de interiores Graziella Copetta, quien envió un breve texto a los muchos amigos de Morales: “Con gran orgullo y profundo dolor les anunció la partida de José Ricardo Morales, en su cama muy tranquilamente, y en paz de haber realizado todos sus deseos antes de morir, y de sentir el máximo cariño de ustedes. Un abrazo de Mar a Mar”.

Morales, que tomó la decisión de ser “chileno por vocación” y nunca volver a España, salvo algún esporádico viaje en los años ochenta, desarrolló la práctica totalidad de su carrera literaria en Chile, donde fue miembro de la Academia de la Lengua, organismo que le propuso por cuatro veces para el Premio Cervantes.

Nacido en Málaga en 1915, toda su familia era de Valencia, de donde se consideraba él mismo, y ciudad en la que creció, estudió Magisterio y Filosofía y Letras, y fue miembro del grupo teatral El Búho, de Max Aub, con quien que tuvo gran amistad. Todo esto antes de su exilio a los 23 años, así como su militancia en la FUE (Federación Universitaria Escolar), asociación universitaria progresista, donde dirigió la sección cultural. Además durante la II República era waterpolista (participó en la Olimpiada Popular de 1936 en Barcelona, frustrada por el golpe de estado franquista), fue redactor jefe de Frente Universitario, así como comisario de brigada del Ejército Popular Republicano, responsable de división en el frente de Ripoll (Cataluña) donde salvó manuscritos y códices miniados que logró enviar a Suiza, y estuvo en el campo de concentración de Saint-Cyprien en Francia.

Prácticamente ignorado por el teatro español contemporáneo, a pesar de los esfuerzos de José Monleón por darle a conocer a través de la prestigiada revista Primer Acto, del fallecido Ricardo Domenech y, posteriormente, de la Asociación de Autores de Teatro, de la que era miembro de Honor, y del experto teatral Manuel Aznar, impulsor y responsable de la edición de sus obras completas en dos grandes tomos, Teatro (2009), con 42 obras, y Ensayos (2012), publicados por la Institució Alfons el Magnànim de Valencia. Él, por su parte, aplicaba su sobresaliente ironía para hablar del olvido sobre su teatro, ecléctico y marcadamente moderno: “El tener una obra condenada a la ‘postumidad’ siempre lo he vivido con humor. Es una manera de asumir lo que no tiene sentido”, dice de su dramaturgia, en la que, curiosamente, nunca habla de la guerra, del exilio, del desgarro.

Su obra, profundamente vanguardista e incluso precursora del teatro del absurdo, de lenguaje primoroso, rico y cultivado, no llegó a los escenarios españoles hasta hace tres años, cuando el Centro Dramático Nacional, dirigido aún hoy por Ernesto Caballero, programó un ciclo sobre su teatro, con numerosas actividades y el estreno de tres de sus textos. Fue un año después de que este diario publicara una entrevista con él (trabajo por el que recibí el Premio Internacional de Periodismo Cultural Paco Rabal) en la que Morales clasificaba a los españoles, tras la Guerra Civil, en tres categorías: “aterrados, enterrados y desterrados”.

En Chile creó con Ferrater Mora y otros exiliados la editorial Cruz del Sur y dirigió la colección La fuente escondida, donde publicó a los poetas “desterrados, pero por la crítica española que no les hacía ni caso, a pesar de ser muy buenos” y preparó la colección Divinas Palabras, donde colaboraron Guillén, Salinas y otros muchos. También en el país que le acogió sacó por oposición sus cátedras en arquitectura, filosofía, y la última etapa en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, en el departamento de Estudios Humanísticos.

El propio Ferrater Mora señaló que Morales tenía obras, como El embustero en su enredo, (que le estrenó Margarita Xirgu, fascinada por el texto, en Chile en 1944 y en Argentina un año después), que son antecedentes clarísimos del teatro del absurdo que aparece con Ionesco en 1950, cosa que también sostienen en sus investigaciones Aznar y Domenech.

Morales también fue pintor, oficio que compartió con su mujer, la también poetisa, Simone Chambelland, fallecida en 2012. “Mi relación con la pintura fue a consecuencia del vacío que se produjo cuando escribía teatro y Xirgu, [que le estrenaba muchos textos] dejó de trabajar en los años sesenta, y me quedé sin compañía que me estrenara”. Ocurrió después de que fundara en Chile el Teatro Experimental y el Teatro Nacional de Chile, donde incorporó el repertorio de El Búho.

Durante sus 100 años de vida nunca militó en ningún partido: “He sido y soy republicano, radical socialista, pero de un socialismo no beligerante, no limitado a consignas, participo de varias posiciones diferentes, pero no descarto la política, estoy aquí por política y eso nunca lo olvido”, dijo no hace mucho este hombre que hasta el final de sus días siguió de cerca la actualidad española.

El Grupo de Estudios del Exilio Literario (GEXEL) de la Universitat Autònoma de Barcelona, dirigido por Manuel Aznar Soler, responsable de la publicación de las obras completas de Morales, celebró el pasado 3 de noviembre el 100 cumpleaños del autor con un Seminario en su honor, en la que se proyectó el documental José Ricardo Morales, de mar a mar, y, tras la proyección, mantuvieron una videoconferencia con Morales, quien celebraba en su casa una comida familiar en ese momento.

Entre sus muchas obras destacan Bárbara Fidele, La vida imposible, La cosa humana y Oficio de tinieblas, Cómo el poder de las noticias nos da noticias del poder, La odisea, El inventario y ensayos como Arquitectónica: Sobre la idea y el sentido de la arquitectura, Estilo y Paleografía de los documentos chilenos. Siglos XVI y XVII, Mímesis Dramática y Estilo, pintura y palabra.

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