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La Berlinale indaga en las tragedias de Europa

Tres filmes de la Sección Oficial abordan algunos de los dramas del continente

Enviado especial a Berlín

Hans Fallada fue uno de los escasos escritores alemanes no judíos —su auténtico nombre era Rudolf Wilhelm Friedrich Ditzen— que se opuso a las barbaridades del III Reich. Popular en Alemania en los años treinta, durante la Segunda Guerra Mundial solo publicó cuentos para niños e historias alejadas de la política, aunque siguió escribiendo textos sociales antinazis, que vieron la luz al acabar el conflicto bélico.

Muerto en 1947 a los 53 años, su obra de Fallada ha renacido en las librerías gracias al éxito en EE UU. Su novela póstuma, Every man dies alone, con sendas versiones televisivas en las antiguas RFA y RDA y una adaptación al cine en 1976, ha sido rebautizada como Alone in Berlin, título que ha mantenido el suizo Vincent Perez, más interesado en los últimos años en la dirección que en la interpretación, en la nueva visión fílmica del mundo de Fallada que ayer concursó en la Berlinale.

Alone in Berlin se basa en un hecho real: la historia de un matrimonio alemán cuyo hijo murió en el frente francés al inicio de la Segunda Guerra Mundial. En junio de 1940, mientras la capital del Reich bullía de felicidad y apoyo a Hitler, la pareja se dedicó a producir y distribuir material antinazi. Brendan Gleeson y Emma Thompson encarnan a ese matrimonio, y Daniel Brühl al policía que les investiga.

Perez, de madre alemana y abuelo paterno valenciano asesinado por tropas franquistas, asegura que la novela le ayudó a “entender muchos miedos y realidades de las que nunca se ha hablado”. Un mundo que Fallada reprodujo en el edificio berlinés en que viven los protagonistas, unos temores que Perez fracasa en plasmar a la pantalla.

Sarajevo es otro enclave crucial para la Europa del siglo XX, la que arranca con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria en 1914 y acaba con la división y la guerra de los Balcanes.

Batiburrillo en Sarajevo

El director bosnio Danis Tanovic, quien hace tres años ganó en la Berlinale el Gran Premio del Jurado con La mujer del chatarrero, hace un batiburrillo de todo ello en Muerte en Sarajevo, que se desarrolla el 28 de junio de 2014 en el hotel Europa, donde se va a reunir una delegación de diplomáticos de la UE. Mientras en la azotea un programa de televisión aporta datos históricos, en una habitación Jacques Weber —que hace de sí mismo— ensaya la obra de teatro Hotel Europa, de Bernard-Henri Lévy, que ha colaborado en el guion, y los empleados del establecimiento preparan una huelga. “Revivimos el pasado sin cesar. Me gustaría cambiar eso”, dijo ayer el director ante la prensa. Tanovic saca lo mejor de sí, su contundencia, en el giro final, pero hasta ese momento no cuaja el batiburrillo: el bosnio nunca ha sido cineasta de sutilezas.

Ante ese continente se abre ahora una nueva amenaza, la del yihadismo que está enrolando a jóvenes europeos en sus matanzas.

A una madre belga que busca por Turquía a su hija recién conversa al radicalismo dedica Rachid Bouchareb su La route d'Istanbul, proyectada en la sección Panorama. Más allá de las buenas intenciones, Bouchareb ya contó mejor algo parecido en London river. Pues no repitamos la historia.

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