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‘Cuento de invierno’ explora los límites de Shakespeare

El director teatral Declan Donnellan arrasa en Madrid con una versión sencilla y rompedora de una obra del dramaturgo

Shakespeare le apasiona. Le embrujó a los 16 años cuando vio Sueño de una noche de verano en un montaje de Peter Brook y todavía sigue enganchado. Declan Donnellan (Manchester, 1953) encuentra en Cuento de invierno, que ha dirigido durante cinco días en el Teatro María Guerrero de Madrid hasta ayer, y en los demás textos del Bardo los mismos personajes que se pasean por una ciudad cualquiera de hoy: estafadores, asesinos, individuos que cometen delitos sin inmutarse... Hombres ciegos por los celos, incapaces de ver la realidad y que se creen sus locuras. Hombres que llegan al trastorno psíquico por una fantasía.

“No es ficción lo que [Shakespeare] escribió; es pura realidad. Seguimos teniendo los mismos problemas y los resolvemos igual o peor que hace 400 años. Todavía pedimos préstamos sin control, pensando que la burbuja jamás se va a romper”, dice el director teatral inglés, quien ha hecho de este Cuento de Invierno una de las obras más aclamadas de la temporada.

Su apariencia de hombre afable se conjuga con un halo de respeto entre los actores a los que dirige. Antes de llegar a Madrid con su espectáculo todas las entradas ya estaban vendidas; imposible ver el nuevo trabajo del fundador de la compañía británica Cheek by Jowl si no se había programado con tiempo. La obra de Donnellan ha ido incluida en los actos que organiza el British Council para conmemorar el cuarto centenario de la muerte de Shakespeare.

Imaginación y eclecticismo

La compañía Cheek by Jowl nació en 1981 de la mano del escritor y director Declan Donnellan y el escenógrafo Nick Ormerod. Con ella han puesto en marcha importantes obras teatrales, rompedoras y llenas de imaginación.

Su trayectoria cuenta con espectáculos como Fuenteovejuna, El rey Lear, Antígona, Falstaff o Las tres hermanas.

En el libro El autor y la diana, publicado en 2001, Donnellan explica a los intérpretes que sufran un bloqueo en el escenario cómo superarlo.

Este montaje de Cuento de invierno es una coproducción internacional en la que participan centros como The Barbican, Les Gémeaux / Scène Nationale, el Grand Théâtre de Luxembourg, el Piccolo Teatro di Milano-Teatro d’Europa, el Chicago Shakespeare Theater y el Centro Dramático Nacional. Con puesta en escena de Nick Ormerod, cofundador de Cheek by Jowl, la obra pasa de la tragedia a la farsa a lo largo de un periodo de 16 años. Habla de un rey delirante y paranoico que destruye a su familia.

Escrita en torno a 1611, en la época de La tempestad, aborda las relaciones entre padres e hijos en una trama de pérdida y recuperación, discordia y reconciliación en la que intervienen elementos sobrenaturales y que da paso a la esperanza.

Cuento de inviernose centra en un hombre al que destroza su propio delirio y arrasa con todos sus familiares. El dolor de la mente por someterse a semejante tortura está presente en el escenario. “Shakespeare no escribe sobre personas muertas, sino sobre vivos. Las situaciones y personajes pueden resultar de fantasía, pero cuanto más lo piensas más reales son”, considera Donnellan.

El genio inglés abordó en su pieza cuestiones como el abandono o el paso del tiempo. “Es importante a lo largo de su trabajo fantasear sobre el abandono y cómo podemos llegar a convertirnos en individuos violentos. Y nos muestra de alguna manera cómo al final de la vida parece que las personas tienen una segunda oportunidad”, indica el director. Es lo mismo que ofrece Donnellan a los personajes sobre el escenario para llevar al espectador del odio a la risa y hasta la ternura.

¿Alguna vez ha sentido miedo al subir a escena determinados personajes de Shakespeare? “No, da más miedo no entrar en ellos”, responde. “Es más peligroso no explorar sus límites. Él se conecta de alguna manera con la experiencia de los seres humanos y tiene una extraordinaria capacidad para empatizar. Una de las razones porque la gente le adora es por cómo sabe hacernos desaparecer en los mundos que describe”, añade.

Gran estudioso de los autores del siglo XVII, no solo británicos, sino también franceses, españoles y rusos, Donnellan resalta que lo mejor de Shakespeare suele ser lo más sencillo: “Es increíble hasta qué punto se disuelve dentro de la vivencia. Los escritores que no son tan buenos necesitan decir lo buenos que son; él ni siquiera pensó que su obra podría quedar en el tiempo, ni se preocupó por imprimir sus libros”. Por ello, defiende festejar a actores como John Heminges y Henry Condell, responsables de recopilar en 1623, siete años después de su muerte, la mayor parte de sus obras y editarlas en el First Folio. “No habrían sobrevivido, porque no mostró interés en hacerlas vivir. Quizá Hamlet o Romeo o Julieta, el resto no las tendríamos”, apostilla el director.

¿Estaría de acuerdo Shakespeare con su trabajo? “Seguro que no. Trato de que cada vez sea diferente. Me interesa muchísimo saber cómo se actuaba en la época. Las evidencias que se tienen sugieren que le odiaban, porque nunca estaba satisfecho. Como hoy, entonces también habría grandes broncas en el teatro”, opina.

¿Hay una apetencia mayor por el teatro? “El público es importante. Cuando te sientas en una butaca formas parte de la obra y lo que sientes influye en lo que está ocurriendo en el escenario”. El sábado, los espectadores, puestos de pie, obligaron ale elenco a salir una decena de veces para festejar que unos y otros se sintieron conectados a través de Shakespeare.