El concurso remonta con dos relatos sobre soledad e inmigración

Algunos platos fuertes fueron 'Fuocoammare' de Gianfranco Rosi, 'L’avenir', de Mia Hansen-Løve, y 'Mahana', de Lee Tamahori

Como todo sábado de un festival grande, la Berlinale reservó para ayer algunos de sus platos fuertes. Por un lado, un documental, el del italiano Gianfranco Rosi, Fuocoammare, sobre la llegada de los inmigrantes a la isla de Lampedusa. Por otro, dos largos de ficción: L’avenir, de la siempre interesante directora francesa Mia Hansen-Løve, y Mahana,del caído en desgracia Lee Tamahori. El resultado fue muy desigual.

El peor parado resultó el veterano Tamahori. El neozelandés ha vuelto a sus orígenes con una historia de maoríes como su primera película, Guerreros de antaño (un drama que le llevó a Hollywood, industria de la que fue expulsado cuando la policía le detuvo vestido de mujer y ofreciendo sexo oral por dinero a quien se acercara), protagonizada por el mismo actor que aquel filme, Temuera Morrison, pero sin garra, sin pasión. Le ha quedado un Amor en tiempos revueltos con regusto antropológico.

Rosi ganó el León de Oro de Venecia con Sacro GRA, sobre la autopista que circunvala Roma. Ahora se lanza a Lampedusa a testimoniar el drama de las oleadas multitudinarias de inmigrantes y lo mezcla con un crío local de 12 años, con un ojo vago, que quiere salir de ella. Las dos historias no casan, aunque al menos Rosi decide no recrearse en imágenes explícitas. La hinchada de tifosi ha recibido con aplausos a Fuocoammare, y el resto de la prensa opina desde el titubeo hasta la calificación de “pornografía sentimental”. En Berlín Rosi agradeció a los productores la posibilidad de haber pasado mucho tiempo sumergido en esa realidad, “imposible de reflejar en un corto, como estaba previsto en los planes iniciales”. Aseguró que todos somos responsables de esta tragedia, “una de las más grandes que ha visto la humanidad” y que espera que la película levante testimonio de “esa barbaridad que está ocurriendo ante nuestros ojos”. De ahí se entendería lo del ojo vago del protagonista, aunque según el director es una coincidencia. Fuocoammare queda a medio camino entre la fuerza de su historia y la oportunidad fílmica perdida.

La última película, L’avenir, de Hansen-Løve, resultó la más redonda. Podría parecer otra vuelta de tuerca sobre la vacuidad sobre la que ya reflexionaba la cineasta en Eden, la vida de un dj en los noventa. Ahora Isabelle Huppert encarna a una profesora de filosofía, con cierto prestigio incluso editorial, que se va quedando sola. Y en esa deriva de mayor libertad conseguida a cambio de mayor soledad, Huppert hace suya una película que muestra la vida como un viaje individual hacia la nada.