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Alabama Shakes y Courtney Barnett, grandes bazas ‘indies’ en los Grammy

En los premios también se apuesta por lo independiente. Una decena de nombres a valorar

Los Grammy han tenido fama de ser unos premios que miran más al pasado que al presente. En las últimas ediciones ha variado esa constante, ahora sí es un banco de oportunidades, hay vía libre para el músico, cada uno escoge cómo llegar hasta aquí. En la categoría de mejor nuevo artista, cinco alternativas, cinco visiones distintas sobre como pilotar en este negocio. Los casos de Meghan Trainor y Tori Kelly tienen puntos en común. Meghan es una artista precoz, siendo adolescente grababa y producía discos, con la mayoría de edad ha colocado su canción All about that bass en los hogares y locales de medio mundo. Defiende a Frank Sinatra como inspiración, tiene entre ceja y ceja a los héroes recientes del r&b, todo y que ella se alimenta del pop comercial. Tori Kelly es hija natural de Youtube, hacía versiones y las colgaba en el canal, llegó a acumular 24 millones de visitas. No escapó a ojos de los capos de los grandes sellos, ahora protagoniza duetos con Ed Sheeran.

En cambio, el británico James Bay podría haber quedado como hombre de un solo éxito por Hold back the river. Con el apoyo de la crítica de su país, y la gira junto a Taylor Swift refuerza su candidatura. En lo que ocupa a Sam Hunt, otro más que persigue el sueño americano, primero como jugador de fútbol americano, ahora como producto de la factoría country de Nashville. En la parcela independiente, la australiana Courtney Barnett ofrece plenas garantías, asegurando que haya relevo generacional en el rock, publica un disco de consistencia guitarrera como Sometimes I sit and think, and sometimes I just sit que ha puesto a todos de acuerdo. A diferencia de sus competidores, tiene madera de fondista, también podría optar al premio a mejor disco alternativo.

En ese apartado, Wilco y Björk son propuestas dominantes y afianzadas. Para la banda de Chicago liderada por Jeff Tweedy sería un regalo por la acumulación de méritos, Star Wars no es el mejor disco de su carrera, aunque su conjunto gana enteros en función de las escuchas. Se publicó por sorpresa, lo pusieron a disposición de todo el mundo digitalmente y gratuito, un detalle de honor. Björk provoca más recelos, hay un sector militante que aplaude cada uno de sus movimientos, con Vulnicura explora, hurga en el dolor humano y sube el nivel con respecto a alguna de sus obras recientes. En cuanto a My Morning Jacket, están en tierra de nadie, no se presentan con un disco tan exuberante, The Waterfall no despunta dentro de su catálogo, si bien siguen siendo una delicia de grupo, aúnan elegancia e intensidad, no cabe duda que Jim James es un genio.

Lo mismo podríamos decir de Kevin Parker, Tame Impala era el paradigma en el nuevo imperio de la psicodelia, con Currents abrazan otras dinámicas con el objetivo de ser todavía más ambiciosos. Él no se corta un pelo, la estrategia funciona. Eso sí, los que han mutado más y mejor son Alabama Shakes, con Sound & Color entran por derecho en la disputa por más premios (también al de mejor disco del año). Con este disco, menos conversador que su debut, han reformulado los códigos del rock clásico, el de la música negra moderna, trazando una revolución inédita e inesperada. Una medida inteligente; Britanny Howard ha pensado más en el futuro que en evocar la gloría de tiempos pretéritos. Un atrevimiento con recompensa segura.