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Silvia Pinal | Actriz

“Yo fui la musa de Luis Buñuel”

La actriz cuenta en sus memorias 'Esta soy yo' cómo comenzó a trabajar con el cineasta español

Colgado en un muro de piedra volcánica, un alargado retrato de Silvia Pinal preside la casa de la actriz al sur de la Ciudad de México. El óleo fue pintado por Diego Rivera en 1956. La Pinal (Guaymas, 1931), como la llaman, todavía recuerda las agotadoras sesiones en las que posó de pie para ser inmortalizada por los pinceles del muralista. Para romper el tedio de esas tardes, el artista lanzaba buscapiés a su modelo.

-“Silvia, ¿haría el amor con una mujer?”, preguntaba el pintor detrás del lienzo.

-“Claro que no, maestro”, respondía la actriz mientras trataba de guardar el equilibrio tras el KO de la pregunta.

-“Pues debería, es una cosa bellísima, es como un poema”, remataba Rivera.

Sentada en un mullido sillón blanco, entre cojines grises con imágenes de felinos, Silvia Pinal revive su paso por ese mundo en blanco y negro que fue la época dorada del cine mexicano. La actriz recupera en sus memorias Esta soy yo (Editorial Porrúa, 2015) aquellos días en los que fue el objeto del deseo en las pantallas de los años cincuenta, cuando trabajó con Pedro Infante, Germán Valdés Tin tan, Gabriel Figueroa y Emilio El indio Fernández, entre muchos otros.

Su vida cambió para siempre años después, cuando Francisco Rabal le presentó a una de sus figuras más admiradas, Luis Buñuel. Una cena en un hotel de Madrid cambió el rumbo del cine mexicano. De aquella noche nació una colaboración que dio a la cinematografía iberoamericana su única palma de oro en un Festival de Cannes. La presea de Viridiana, que Buñuel no pudo recoger en la ceremonia de 1961 porque olvidó el frac en Madrid, está guardada en casa de la actriz en un pequeño armario de madera y cristal que la protege del polvo y de la nostalgia de los viejos recuerdos.

Pregunta. ¿Cómo fue ese primer encuentro con Buñuel en Madrid?

Respuesta. No nos tomaba muy en serio. Lo primero que me preguntó enfrente de Gustavo Alatriste es: “¿Quién es este señor?” Le dije que era mi marido. “¿Y por qué quiere hacer cine conmigo?”, me dijo. “Porque me ama, don Luis". “Es buena razón”, dijo.

P. Viridiana nace cuando se pone un cheque sobre la mesa.

R. Buñuel no era un buen comerciante y no cobraba mucho. Gustavo le hacía los cheques. Si él quería 15, Gustavo le pagaba 30. Eso fascinaba al viejo porque nunca había trabajado así. Siempre le decían que no, que lo que quería hacer era muy caro. Gustavo siempre le hacía los cheques por más dinero. Fue una seducción total.

P. ¿Cómo ingresó los rollos de 'Viridiana' a México tras la censura del Vaticano a la película? 

R. Traía unas copias en la maleta. En la aduana un señor me preguntó: "¿Qué trae ahí?". Me temblaban las piernas, pero le dije que eran unos cortometrajes caseros que había filmado. Fue así como la película se pudo ver en México. Nadie quería proyectarla, pero Salvador Novo nos ayudó a conseguir cine.   

P. ¿Fue usted la musa de Luis Buñuel?

R. Decir musa se me hace demasiada osadía, pero sí. Soy la única que hizo tres películas con él. Ni Catherine Deneuve ni Jeanne Moreau, ni nadie.

P. ¿Cómo era Buñuel en el set?

Soy la única que hizo tres películas con Buñuel. Ni Catherine Deneuve ni Jeanne Moreau, ni nadie

R. Muy estricto, muy exacto. No daba tiempo de risas, ni nada.

P. ¿Recuerda usted la visita de Marilyn Monroe a la locación de El ángel exterminador?

R. Enloqueció con la pinche Marilyn Monroe. Llegó desnuda con un vestidito encima. Al llegar ya se le caía la baba a todos los señores. Yo huí. No quería que me vieran con ella ni loca.

P. ¿Por qué?

R. Estaba hecha una facha, toda greñuda. Nos ponían miel y tierra sobre la ropa, era una cosa muy incómoda y aquella señora llegó como princesa.

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Silvia Pinal ante su retrato pintado por Diego Rivera en 1956.

P. En el foro estaba también Gabriel Figueroa.

R. Sí, me tocó trabajar mucho con él. Además de ser un gran fotógrafo era muy simpático.

P. ¿Qué echa de menos de esa época?

R. Ese tipo de cine.

P. El cine mexicano vive un gran momento ahora, encuentra usted algún paralelismo…

R. No, don Luis era uno solo y no hay nada qué hacer. Fue un gran director y escritor. Lo que hizo no se puede mejorar.

P. Uno de sus muchos esposos fue político, gobernador de Tlaxcala. ¿Por qué la farándula se siente tan atraída al poder en México?

R. No sé. Nunca me ha preocupado. Soy quien soy y no me parezco a nadie.

P. ¿Le sirvió para lanzar su carrera política?

R. No, yo ya me dedicaba a la política.

P. Fue diputada en la presidencia del polémico Carlos Salinas, en 1991.

R. Ser diputada es el puesto más hermoso que pueda tener alguien. Puedes inventar, crear, estar en la Historia de tu país.

P. ¿Prefiere a la política sobre el cine?

R. Sí, es una manera de ayudar, cosa que como actriz no puedo hacer.

Le doy gracias a Dios de que exista Televisa

P. ¿Lamenta no haberse ido a Hollywood?

R. No, para nada. En su tiempo vino una persona que estaba haciendo el musical Bells are Ringing en Estados Unidos. Me dijo que me fuera a estudiar allá, que me pagaría la escuela y los gastos. No me gustó la idea. Aquí ya era famosa y tenía premios. Empezar allá no me importaba ni interesaba.

P. ¿Hubo una brecha del lenguaje?

R. También. Soy una facha con el inglés, no se me da. El italiano lo aprendí en dos patadas y el francés se me daba bien.

P. Fue diputada del PRI y fundadora de Televisa. ¿Se percibe como una mujer del sistema?

R. ¿Por qué tan drástico? Fui pionera de la televisión. Comencé en las bodegas de Novedades, donde inició el canal 4 y ahí seguí. Adoro Televisa, es mi casa. Le doy gracias a Dios de que exista.

P. Tuvo un romance con Emilio Azcárraga, El Tigre.

R. Le decía Pato. Lo quise mucho y él me quiso mucho. Hasta el último momento fuimos íntimos amigos.

P. ¿Sigue siendo militante del PRI?

R. Sí, soy fiel hasta la muerte.