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Morena Baccarin, la brasileña que robó el corazón de Deadpool

Morena Baccarin, aficionada a los cómics, tiene un papel protagónico en la nueva película de Marvel

Son muchos los que piensan que Deadpool, uno de los personajes más cínicos de Marvel, un “meta superhéroe” capaz de reírse de lo más sagrado, no tiene corazón. Y todos ellos están acertados porque una brasileña se ha encargado de robárselo a este héroe de papel en su primera incursión cinematográfica. Se trata de Morena Baccarin, actriz, estrella, madre y, a juzgar por su filmografía, una verdadera aficionada a los cómics. “Conozco ese mundo, formé parte de él porque iba con regularidad a la librería Forbidden Planet, en Nueva York. Pero eran cosas de mi hermano, algo que hacía con él”, confiesa a EL PAÍS. Parece mentira porque Deadpool es solo su última incursión en el género.

El exotismo de esta belleza nacida en Río de Janeiro hace 36 años siempre ha hecho de ella la perfecta candidata para dar vida a figuras de otra dimensión, como la cortesana interestelar de Serenity, la alienígena de Stargate SG-1 o V, y más recientemente, la doctora Leslie Thompkins de Gotham, la aliada de un joven Batman. Todo eso antes de convertirse en la mujer que le roba el corazón a Deadpool (interpretado por Ryan Reynolds). “Con honestidad te digo que no sé si yo me enamoraría de Deadpool, pero está claro que mi personaje lo está”, afirma sobre este superhéroe del que se espera barra la taquilla mundial.

Morena es hija del periodista Fernando Baccarin y de la actriz brasileña Vera Setta. Baccarin se mudó con su familia a Nueva York cuando tenía siete años, pero Brasil sigue en su recuerdo y en su corazón. Especialmente en estos días de carnaval cuando vienen a su memoria sus aventuras como parte de los desfiles. “Me considero brasileña. En casa con mi madre y con mi hijo hablo portugués y en la mesa no hay nada mejor que la comida de mi país. La feijoada quizá es un poco pesada para mi estómago, pero me encanta la moqueca y el brigadeiro, ¡Dios mío!, es el mejor postre del mundo”, asegura mientras se acaricia la panza. No lo hace por glotonería sino con amor de madre, embarazada de su segundo hijo fruto de su relación con Ben McKenzie, el actor con el que trabaja en Gotham.

No hay fecha de boda que le una a McKenzie. Un juez dictó el pasado año que la actriz tiene que pagar 23.000 dólares al mes a su anterior marido, Austin Check, padre de su primer hijo, Julius, hasta que este sea mayor de edad.

En Deadpool, Baccarin dejó atrás sus inhibiciones protagonizando un montaje sexual junto con Reynolds de los que harán historia entre sus fans. “Esas escenas siempre intimidan”, confiesa. Pero su amor hacia un personaje como el de Vanessa le hizo superar cualquier duda. “Como actriz es raro encontrar un papel así, una mujer que le planta cara a su pareja, que tiene escenas de acción, que tiene humor, sensualidad. Mira otras películas que hay ahora en pantalla, The Big Short, Spotlight. ¡No encuentras una mujer por ningún lado! Deadpool tiene tres mujeres en su reparto y eso es inusual en una industria que por cada tres o cuatro actores contrata a una actriz”, se queja.

Baccarin hace de cada trabajo un logro. Lo demostró a su paso por Homeland. La serie la puso en el mapa para el gran público y con ella consiguió su primera candidatura al Emmy gracias a un papel mucho más real, la esposa de un prisionero de guerra que tras ser dado por muerto regresa a casa. “El trabajo en la serie fue un gran momento, pero confío que solo sea la guinda del pastel que aún está por venir”, dice confiada en el futuro que la espera como madre y como actriz.

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