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La segunda vida de ‘El señor de los cielos’

Luis Zelkowicz, el guionista de la serie que cuenta la historia novelada del narcotraficante mexicano Amado Carrillo, líder del cartel de Juárez, explica su éxito

Dicen que Amado Carrillo, líder del cartel de Juárez, murió en julio de 1997 tras someterse a una complicada operación para modificar su rostro. Nunca se supo si su fallecimiento fue provocado por miembros de un cartel rival —la leyenda duda de que realmente se produjera—, pero los doctores que lo operaron fueron asesinados cuatro meses después. Luis Zelkowicz (Caracas, 1955) ha sido el encargado de hacer revivir la historia de El señor de los cielos —llamado así porque sustituyó las avionetas para el transporte de droga por Boeing 727— en la pequeña pantalla para Telemundo. Y no duda al afirmar: “El señor de los cielos nos ha cambiado la vida a todos los que hemos estado implicados en ella”.

La narconovela obtuvo el premio Emmy Internacional 2014 al mejor programa en horario de mayor audiencia en lengua no inglesa. El estreno de la tercera temporada en Estados Unidos, en abril de 2015, se convirtió en el programa más visto en la historia de Telemundo, con 2,6 millones de espectadores. Y la cuarta se estrenará en abril de este mismo año.

Zelkowicz se ha unido al éxito que supone escribir una serie sobre narcotraficantes. El cartel de los sapos y Escobar, el patrón del mal, son otros ejemplos de narconovelas que en los últimos tiempos han despertado el gusto por estas historias, en especial en Estados Unidos y América Latina. El escritor venezolano ha querido dejar claro en su guion que los narcos “tienen el castigo por vía de la justicia real o poética de sufrir una pena, en una cárcel, o peor, al no tener nunca la felicidad que creían estar buscando”.

Pregunta. Toda una vida en las telenovelas. ¿Se mimetiza uno con las historias que escribe?

Respuesta. Más que mimetización, hay entrañabilidad con los personajes y compromiso con la historia, con uno mismo y con el público. Si eso no existe, las cosas no salen bien. Con 33 años como profesional en televisión, primero como investigador en un equipo de análisis semiológico —un lujo que se daba Radio Caracas Televisión— y casi inmediatamente escribiendo ficción, creo que si uno logra salir ileso de ese cuerpo a cuerpo con personajes y situaciones que es escribir una telenovela, ya es bastante.

P. ¿Dónde ha encontrado la inspiración?

R. Como toda manifestación artística, las telenovelas son un producto de su tiempo social. Su materia prima está en el imaginario colectivo de la cotidianidad. Se podría decir que, como en toda manifestación literaria narrativa o teatral, la realidad es el arco con el que se lanzan las flechas de la ficción. Las telenovelas nunca han estado en ese esquema maniqueísta en el que cierta crítica y percepción las ha encerrado, como la invariable historia de amor de la niña pobre con el chico rico. Es un análisis simplista que afortunadamente ha quedado atrás, hasta el punto de que actualmente son objeto de estudio en universidades como un cuerpo narrativo más complejo en su tramado de acción y fenómeno cultural de masas.

P. La última, la que actualmente sigue escribiendo, es todo un éxito. ¿Le tiene especial aprecio por encima de las demás?

Rafael Amaya caracterizado como Aurelio Casillas, versión novelada del narcotraficante Amado Carrillo.

R. Obviamente El señor de los cielos nos ha cambiado la vida a todos los que hemos estado implicados en ella, actores, escr itores, productores… Desde la escritura, el hecho de ser una serie con varias temporadas ha exigido mucho más tiempo dedicado a una sola historia y personajes. Por otro lado, esa sensación de que el producto gusta tanto, nos refuerza el hecho de que estamos haciendo las cosas bien. Cada historia tiene un enorme valor para mí porque ha correspondido a un momento de mi carrera. Tengo la fortuna de disfrutar mucho el trabajo que hago y, además, siempre el reto del presente es el más importante.

P. ¿Es complicado escribir sobre narcotráfico, cuando este rodea el día a día en muchos países dentro y fuera de Latinoamérica?

R. Al no estar haciendo una crónica, sino un trabajo de ficción, todos esos elementos reales entran en una alquimia en la que el resultado final son unos personajes y unas situaciones muy verosímiles. Uno como comunicador tiene la responsabilidad de no caer en la apología del delito. En esta historia me he preocupado mucho de dejar claro que estos antihéroes no solo tienen una existencia hecha de lujos y placeres, sino que viven el sobresalto de haber entregado su vida como criminales y tienen el castigo por vía de la justicia real o poética de sufrir una pena, sea concreta, en una cárcel, o una peor, que es no tener nunca la felicidad que creían estar buscando.

P. ¿Cómo afrontó la primera vez que se sentó a escribir el guion de El señor de los cielos?

R. Ya en México, a finales de los noventa, trabajé con el equipo de Alberto Barrera Tyszka, en su novela Demasiado Corazón, para Argos TV, en la que uno de los personajes principales estaba inspirado en El señor de los cielos, Amado Carrillo Fuentes. El narcotráfico ha terminado por ser parte de la historia contemporánea y la televisión no puede escapar a eso.

P. ¿Facilita el trabajo el crear una versión de Amado Carrillo Fuentes y no estar obligado a seguir al pie de la letra los hechos ocurridos?

“El narcotráfico es parte de la historia contemporánea y la televisión no puede escapar a eso”

R. Por supuesto no tenemos las ataduras que tiene un reportero con la veracidad de los hechos. Lo nuestro entra más en el terreno de la verosimilitud. Trabajamos con personajes de ficción, aunque la gente tenga la sensación de que está viendo algo que ocurrió en la vida real. Por eso siempre insisto en que estamos haciendo ficción. Los personajes tienen ya su propio universo, su propia historia a través de más de 340 horas en lo que termine la cuarta temporada.

P. ¿Dónde reside la esencia de El señor de los cielos que la hace tan atractiva?

R. Es una suma de factores que involucra desde los valores de producción y el casting, hasta la estructura narrativa, en la que se mezclan los elementos de acción propios de las series semanales con la estructura del relato de transmisión diaria como la telenovela. Ha resultado muy atractivo también para el público ver las pasiones que mueven a estos personajes desde una perspectiva tridimensional y más humana.

P. ¿Cómo valora la prohibición que hay, precisamente en Venezuela, de no transmitir narconovelas en la televisión pública? ¿No está la sociedad preparada para verlas?

R. En Venezuela hay un problema serio de comunicación. La sociedad venezolana está preparada para consumir cualquier tipo de programación. Es muy común una frase que repetimos muchos venezolanos de que cuando creemos que no se pueden poner peor las cosas, se ponen peor. Por supuesto todo bajo el fraude de que se trabaja por el bienestar de un pueblo para el cual el Estado decide qué debe leer, qué debe ver en televisión, cómo debe pensar... mientras han sido un fracaso total desde el punto de vista económico.

P. En Venezuela ya ha empezado el enfrentamiento entre el Legislativo y el Ejecutivo. ¿Tiene solución el país? ¿Qué es lo que necesita?

R. Venezuela necesita diálogo sincero. Con los resultados de las elecciones del 6 de diciembre pasado, se acabó la hegemonía de administración del poder. Es lo que quieren los venezolanos, lo acaban de decir en las urnas. La justicia social se logra en las democracias, con todos los problemas que pueda haber, no en esos experimentos destinados al fracaso.

“Las telenovelas no están en el esquema de la invariable historia de amor de la niña pobre con el chico rico”

P. A veces, los seguidores se preguntan si es necesario alargar las series hasta el infinito. ¿Cree que pasará lo mismo con esta?

R. Veremos qué más nos exigen los propios personajes y el público. Historia, tenemos, pues en nuestro caso el seguimiento de la serie es orgánico. Los personajes iniciales han pasado por muchas peripecias, muchos han desaparecido, otros nuevos han llegado. El trazo de la realidad en el que nos inspiramos, el devenir político y social de la región, sigue proporcionando elementos.

P. ¿Cómo se consigue mantener la tensión argumental durante más de 70 capítulos por temporada?

R. Es difícil, pero quizás la misma condición abismal de estos personajes, siempre en el límite, permite la aparición constante de sorpresas, las cuales generan nuevas situaciones y peripecias que mantienen la tensión narrativa.

P. ¿A dónde nos lleva la cuarta temporada de El señor de los cielos?

R. Más que en las tres anteriores, el tema de la muerte ronda a nuestro personaje principal. Le tocará enfrentar a la muerte cara a cara.