Selecciona Edición
Iniciar sesión

Fallece Carlos Rolando, creador de los logos de PRISA, Desigual y Camper

Argentino afincado en Barcelona en 1967. Fue el diseñador que creó multitud de marcas corporativas

Una imagen vale más que mil palabras. Las empresas e instituciones se conocen tanto por lo que venden o representan, como por sus marcas corporativas. De eso sabía mucho el diseñador argentino Carlos Rolando, creador de un buen puñado de logotipos que identifican a empresas españolas punteras. Desde Mango, Camper y Desigual, hasta PRISA y Fagor, pasando por Roca, Arco, la Exposición Universal de Sevilla 92, Eroski, Astilleros Españoles, Ifema, Círculo de Lectores o la imagen de la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos de 2016, entre otras muchas.

Rosarino de nacimiento (1933) y barcelonés de adopción, desde que se instaló en la capital catalana en 1967, junto a compatriotas como Mario Eskenazi, Ricardo Rousselot o América Sánchez. Rolando, premio Nacional de Diseño en 2005 por su trayectoria profesional “coherente y alejada de los aspectos superficiales de la gráfica. Provocativo y concreto, activo defensor del papel de diseño en la comunicación... y responsable de la mejora de nuestro entorno visual cotidiano”, falleció el pasado miércoles en Barcelona a los 83 años.

“Cuando llegó a España el diseño gráfico estaba muy atrasado. Con Yves Zimmermann, América Sánchez y Enric Satué renovaron el diseño de este país. Podría decir que fueron sus padres”, asegura Eskenazi, que trabajó junto a Rolando en los primeros años, firmando trabajos como las primeras campañas de la marca de zapatos Camper. “Era brillante como director de arte, con una cultura bastante amplia. No se encontraba gente así en estos momentos en España”, asegura el diseñador que reconoce: “Yo estoy aquí en parte a él. Me dio trabajo y me trató como a un hijo. Era muy generoso a la hora de enseñar. Estaba enterado de todo lo que pasaba en el mundo del diseño y lo hacía entender”, remacha. Estudiante de Arquitectura mientras se formaba en artes plásticas, tanto en la pintura, la fotografía como la tipografía, comenzó en Argentina como director de arte en el mundo editorial y en una agencia de diseño, acabó desarrollándose tras su llegada a la capital catalana de camino a Londres.

Algunos de los trabajos firmados por Rolando.

“El mejor”

En Barcelona se especializó en el diseño corporativo y en la creación del packaging para marcas como Danone, Panrico, Frudesa, Evax y Dodotis, entre otras muchas. Tras trabajar en las principales empresas publicitarias como la de su gran amigo Lluís Bassat o Joaquín Lorente, fundó su propio estudio, Design Consultancy. Bassat no duda en calificarlo como “el mejor”. “Estaba dotado de un talento extraordinario para las ideas, era el diseñador más profundo que he conocido, y he conocido muchos”. Desde que se encontraron en 1973, asegura que su relación de publicista y proveedor de diseños se fue consolidando para acabar en “amistad profunda”.

Rolando no creía en los profesionales que siempre mantienen un “estilo propio”. Por eso, su trabajo es siempre distinto, contrario al estándar que vivía el diseño actual, en el que nada destaca y no se asumen riesgos. “El fue quién me animó a ser valiente y arriesgar en las ceremonias de apertura y clausura que dirigí para los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, en temas como el encendido del pebetero con la flecha del arquero”, recuerda Bassat. “Todavía recuerdo sus grandes abrazos”. El también coleccionista de arte reivindica a Rolando como “un artistazo en mayúsculas”, tanto en su faceta de pintor como de escultor, creador de obras en cartón “de una belleza fantástica”; unas obras que Bassat anuncia que expondrá próximamente.

A lo largo de los años Rolando recibió numerosos premios por su trabajo; como el reconocimiento del Club de Creativos en 2011 y el Premio Laus honorífico que le concedió el FAD en 2012, además del mencionado Nacional de Diseño en 2005. En la actualidad trabajaba en carteles, buscando inspiración en los grandes, como el modernista Ramon Casas.

Todo hubiera sido diferente si, como cuentan quienes lo conocieron, no le hubiese dado la última oportunidad a la ciudad de Barcelona durante un semáforo en rojo, mientras iba camino del aeropuerto que le llevaba a la capital inglesa. Al final se quedó y, con él, uno de los diseñadores gráficos que más han influido en esta disciplina en España recientemente.