Rihanna, Triángulo de Amor Bizarro y Skilled Mechanics

Tres discos, tres críticas, tres puntuaciones de los nuevos lanzamientos

EL DISCO DE LA SEMANA: Rihanna - Anti

¿Anti?¿Anti qué?¿Anti industria?¿Anti pop?¿Anti clichés?¿Anti singles?¿Anti álbum? Difícil decirlo. Quizás simplemente anti Rihanna, anti expectativas y anti ideas preconcebidas sobre qué puede y no puede hacer una gran estrella de la música con su carrera. Porque este, el octavo disco de la cantante de Barbados, es un desafío musical, y también conceptual, de los que deja cadáveres por el camino. Y no parece que a su autora le importe lo más mínimo.

Artista: Rihanna

Disco: Anti

Sello: Roc Nation / Universal

Calificación: 6'5 sobre 10.

Que el disco arranque con Consideration es toda una señal: es la canción con mayor deje vocal caribeño de todo el recorrido, un arrebato de flow jamaicano totalmente deliberado que viene a decirle a la gente y los medios que se ha acabado la contención, que si hace falta y le apetece mostrará su versión más fumeta y callejera sin atender a conflictos con su sello, las radios o quien haga falta. En ese sentido, el álbum es imposible de vender: no solo ha descartado los tres singles que habían precedido su lanzamiento, como casi todo el mundo sabe ya de forma gratuita, vía aplicación y sin previo aviso, sino que además ha optado por dar por buena y definitiva la vía más experimental, escurridiza y extraña de su propuesta, un banco de pruebas que ante todo parece una peineta a los fans más conformistas.

 En Anti, de hecho, sorprende casi todo. Por ejemplo, el tempo pausado, humeante, de puro apalanque psicotrópico, de todas las canciones. Sin excepción. Adiós a los coqueteos con la EDM, el dubstep, la música de club y la inmediatez. Quien busque hits para bailar y desmelenarse que llame a otra puerta. Aquí Rihanna está más cerca del perreo que del R&B, pero es un perreo con las pilas a punto de agotarse, con las revoluciones bajadas y el tono apagado, como si todo se hubiera grabado en un permanente estado de hipnosis. O de resaca, quién sabe. También sorprende la búsqueda de un sonido poco reconocible para una buena parte de su público: tiene aires dancehall, fogonazos trap, reminiscencias de The Weeknd, una producción del gran DJ Mustard, sonidos sombríos, texturas raras… incluso se permite hacer una versión de Same ol' mistakes, de la banda australiana Tame Impala. Otro golito por la escuadra: una gran diva del pop reivindicando -sin brillo, eso sí- a un grupo de rock tan personal y característico como el que lidera Kevin Parker. Esta sensación de puzzle caótico, de álbum construido a partir de la acumulación de parches, ideas, pruebas, aciertos y errores, transmite la idea de proyecto incompleto, pero incluso así tiene una profunda capacidad de fascinación.

Lo consigue incluso cuando eres consciente de sus déficits y carencias, que rebajan su impacto inicial, y de sus contradicciones. No tiene mucha lógica ni coherencia insertar entre todos estos ejercicios a la contra que lideran el trayecto canciones como Close to you o Love on the brain, dos ejemplos de soul pop convencional, accesible y domesticado que poco o nada tienen que ver con las demás piezas. Es como si en ellas Rihanna hubiera querido decirle a su público y al mundo, quién sabe si incluso a ella misma, que también es capaz de cantar por todo lo alto, que tiene un vozarrón y que sabe hacer algo más que discos oscuros y experimentales con acento caribeño. Lo sabíamos, nos constaba. De ahí, en realidad, la gracia del resto de Anti, aquello que le convierte en un álbum tan desconcertante como valioso: descubrirnos lo que no sabíamos. David Broc.

Triángulo de Amor Bizarro - Salve Discordia

Parecía difícil que se superasen, pero aunque el cuarto álbum de los gallegos no suponga -ni mucho menos- una ruptura en el abrasivo relato que vienen sosteniendo desde 2007, su centrifugadora sónica incorpora algunas opciones más a su ya clásica selección de programas. Los periodos liminales -aquellos en los que la orfandad de géneros definitorios perfilan una suerte de limbo temporal: este bien puede ser uno de ellos, y no solo en el plano musical- suelen ser terreno abonado para las teorías del caos. Y es precisamente en ese discordianismo que los británicos The KLF sublimaron hace más de veinte años al servicio del sabotaje de la industria musical (tal y como se la conocía) donde Triángulo de Amor Bizarro han encontrado la hebra argumental para otro trabajo tan sólido y rocoso como acostumbran, aunque -ojo- nada conceptual y sí ejemplarmente equilibrado, trascendiendo cualquiera de las dualidades reduccionistas con las que se les ha definido hasta ahora (dulzura versus malevolencia, acelerones contra recesos).

Artista: Triángulo de Amor Bizarro

Disco: Salve Discordia

Sello: Mushroom Pillow

Calificación: 8 sobre 10.

Desmadre Estigio y O Salve Eris, por ejemplo, principio y final de este Salve Discordia, abonan el terreno para las exploraciones más oscuras que se les conocen. La primera lo hace con una parsimoniosa cadencia psych rock filtrada por su propio tamiz, insano y desasosegante. Mientras que la segunda se reviste de una pátina afterpunk, con el ritmo tan cambiado respecto a lo que acostumbran, que se podría justificar su paralelismo con la métrica hip hop, en la onda de aquellos temas que Lou Barlow componía en los 90 al frente de The Folk Implosion para películas como Kids (Larry Clark, 1995). Entre ambos pozos sin fondo, hay explosiones de luz como Baila Sumeria, confeso e indisimulado guiño a New Order (precisamente la banda de quien toman su nombre) que, como casi todos los momentos más refulgentes de su discografía, tiene a Isa Cea al mando de las tareas vocales. Un apartado este en el que también sobresale esa progresión entre su tradicional relectura shoegaze y la herencia de los girl groups de los años 50, que irrumpe ahora con fuerza en Seguidores (como un cruce entre Pale Saints y The Shangri-Las), el filo abiertamente spectoriano de Qué Hizo Por Ella Cuando la Encontró o esa diana pop instantánea que es Barca Quemada.

Y es que la alternancia entre Cea y Rodrigo Caamaño sigue siendo uno de sus mejores activos, al margen de su capacidad para modular un discurso que, pese a su filiación noise rock y política de máximos (sus directos sigue sin admitir rehenes, por mucho que se prodiguen sobre los escenarios), va descubriendo más vetas a cada nuevo paso que da. Cómo Encontró a la Diosa, Luz del Alba o Euromaquia (“Europa es una zorra y está matando a su juventud”, afirman) son andanadas sónicas más reconocibles, que incrementan -no obstante- su velocidad de crucero y rematan un disco -producido por Carlos Hernández, como su debut- nuevamente sin fisuras. Suman y siguen, lo que en su caso equivale a mantener el listón bien alto. Carlos Pérez de Ziriza.

Skilled Mechanics - Skilled Mechanics

Portishead editaron Third (Island, 2008) cuando nadie daba un duro por el trip-hop y cuando, básicamente, utilizar el nombre de este género en una conversación entre amigos te aseguraba chanzas, burlas, vergüenza e incluso algún que otro improperio. Como siempre ocurre en la historia pendular de los géneros musicales, después del hype viene la calma y, tras la calma, el ostracismo. En esas estábamos cuando Third lo cambió todo sin cambiar nada: el disco seguía sonando a Portishead “at their best”, y si alguien era capaz de decir que aquello no supuraba trip-hop al cien por cien era para lapidarlo ipso facto.

Artista: Skilled Mechanics

Disco: Skilled Mechanics

Sello: False Idols

Calificación: 6 sobre 10.

Dos años después de Third, Massive Attack dejaban caer su Heligoland (Virgin, 2010) y, básicamente porque los de Robert del Naja son incapaces de editar un mal disco, refrendaban la sensación de que la época de veto al trip-hop había finiquitado y que, básicamente, el que debía rematar la jugada era Tricky… False Idols (False Idols, 2013), sin embargo, se fue retrasando una y otra vez y, al final, no sólo se editó demasiado tarde, sino que fue incapaz de cumplir con las expectativas. Fue lo más parecido a ver una compleja jugada de fútbol a cámara lenta durante ni más ni menos que cinco años: un jugador le pasa la pelota a otro y el público se vuelve loco, este se la pasa a un tercer jugador y, cuando este debería rematar con un sonado gol, el esférico se va por la escuadra y adiós muy buenas.

Cualquiera podría pensar que, ante semejante panorama, Tricky ha hecho lo mejor que podría hacer: ocultarse tras una misteriosa máscara y asociarse con dos de sus colaboradores de toda la vida, DJ Milo y Luke Harris, para lanzar un proyecto totalmente nuevo bajo el nombre de Skilled Mechanics. Pero, ojo, porque esto de jugar al escondite no es algo nuevo en Tricky: tras el éxito masivo de Maxinquaye (Island, 1995), su siguiente álbum Nearly God (Island, 1996) apareció sin crédito alguno. Y, para más inri, justo después del mencionado False Idols, Tricky lanzaría otro trabajo titulado Adrian Thaws (False Idols, 2014) dando pistas de su apuesta personal por la identidad como ente mutante.

Más que una huida, entonces, Skilled Mechanics habrá que entenderlo como relajado pasatiempo en compañía de colegas: puede que en el disco no haya aciertos epatantes más allá de esa Boy destinada a convertirse en polémica por todo lo que tiene de destape de la trágica infancia de Tricky, pero tampoco hay grandes desbarres ni dramáticos batacazos. Aquí hay trip-hop de librillo con algunas concesiones a electrónica de salón y a esa música de baile para los que no bailan. También hay colaboraciones estelares (Oh Land, Ivy) e incluso una versión de Porno for Pyros (Diving Away). Lo que no hay es pasión, sorpresa, ese latido que vibra por debajo de la música y que, en consecuencia, te hace vibrar en sintonía. Tricky ha vuelto a desaprovechar otra oportunidad: la de reinventarse. Raül De Tena.