El privilegio de hacer cine en España

Los directores de las candidatas al Goya a la Mejor Película debaten sobre el estado actual de la industria, la pertinencia (o no) de una gala reivindicativa y sus apuestas para la ceremonia del sábado

En muy pocas ediciones de los premios de la Academia del Cine Español, una gala que el próximo sábado cumple 30 años, los cinco largometrajes aspirantes al Goya a la mejor película están tan íntimamente ligados al carácter de sus creadores. El quinteto fílmico dice muchísimo de sus directores tanto en gustos estéticos y morales como incluso en su humor. Así que ver Truman, La novia, A cambio de nada, Nadie quiere la noche y Un día perfecto es asomarse al alma de, respectivamente, Cesc Gay (Barcelona, 1967), Paula Ortiz (Zaragoza, 1979), Daniel Guzmán (Madrid, 1973), Isabel Coixet (Sant Adrià de Besòs, Barcelona, 1960) y Fernando León de Aranoa (Madrid, 1968).

Cuatro de ellos compiten entre sí por el Goya a la mejor Dirección, mientras que el debutante Guzmán entra en la categoría de Dirección Novel. Y existen ciertos lazos que les conectan: Guzmán, como actor, apareció por primera vez en la gran pantalla en 1994 en el corto Sirenas, con el que se dio a conocer Fernando León; además este comparte un Goya al mejor Documental con Coixet por Invisibles, y Coixet y Gay son vecinos de barrio en Barcelona.

Los cinco se juntaron el pasado martes en la redacción de EL PAÍS horas antes de la cena de los nominados en una charla en la que no dejaron de lanzarse flores. Al final, los cinco (casi seis, porque Ortiz está embarazada de seis meses, y ya sabe que será niño) se plantearon jugarse una paella a ver quién acertaba más en una porra de los Goya. Pero antes conversaron, por ejemplo, sobre la sensación de que las cinco películas tienen unas señas de identidad muy claras y un cierto tono de cine de social.

Isabel Coixet. Puede ser. Si pienso en las películas que han hecho mis cuatro compañeros, en todas hay algo que habla de su momento y de su realidad.

Daniel Guzmán. El cine es social porque es colectivo. El cine de género es importante para la industria, de acuerdo, pero lo social está intrínseco en cualquier película. Se puede hacer hasta comedia dentro de la etiqueta social. La película de Fernando, por ejemplo, mantiene una distancia inteligente, con cierta ironía, para hablar de un drama.

Fernando León. Las películas siempre retratan algo de la sociedad, aunque es cierto que en estas cinco hay mundos muy distintos… Incluso dos transcurren fuera de España.

I. C. Somos malos, hacemos películas fuera de España…

F. L. Somos malos españoles… en serio, cuando hablan de un fresco de la sociedad yo no me lo creo mucho. En cambio, todas las películas de este año sí representan lo que es España en el 2015. Más que un retrato, es un mosaico. Cuantos más filmes se produzcan y más distintos sean, más completo será el mosaico.

El quinteto

La novia. La segunda película de Paula Ortiz es una adaptación de Bodas de sangre,de Federico García Lorca. Este filme ha logrado el mayor número de candidaturas a los Goya, 12, incluidas cuatro en interpretación, y participa en casi todos los apartados artísticos.

Nadie quiere la noche. Este drama histórico de Isabel Coixet compite en nueve categorías por su recreación del viaje de Josephine Peary al Polo Norte a inicios del siglo XX a la búsqueda de su marido, el explorador Robert Peary. Juliette Binoche, la protagonista del filme y nominada, vendrá a la gala de Madrid del próximo 6 de febrero.

Un día perfecto. Fernando León de Aranoa ilustra el crudo día a día de los trabajadores de una ONG en la posguerra de los Balcanes. La película está nominada en ocho apartados gracias a labores como la interpretación carismática de Tim Robbins o la espléndida fotografía de Álex Catalán.

Truman. Dos amigos se despiden ante la muerte próxima de uno de ellos. De esta sencilla línea argumental, Cesc Gay destila todo un compendio sobre la amistad. Ricardo Darín y Javier Cámara —Concha de plata ex aequo a la mejor interpretación masculina en San Sebastián— compiten aquí en distintas categorías y son favoritos en sus apartados. Truman opta al Goya en seis categorías, y los Premios Forqué, otorgados por los productores, la señalaron como la apuesta segura.

A cambio de nada. Daniel Guzmán, Goya al mejor cortometraje de ficción con Sueños (2003), debuta como director de largos con una película basada en parte en su experiencia de chico de barrio. Ganó el Festival de Málaga. La abuela del cineasta, Antonia Guzmán, es la candidata —como actriz revelación— de más edad de la historia de los Goya con sus 93 años.

Cesc Gay. Esta sensación se da porque este año no hay en el quinteto finalista una película de género pura y dura, al estilo de La isla mínima [10 goyas en la pasada edición, entre ellos Mejor película].

Paula Ortiz. No puedes vivir al margen de la sensibilidad de tu tiempo. Y cada uno posee un imaginario y un mundo muy distinto. Ya no hay que adscribir el cine social a un código obligatoriamente realista.

D. G. Cuanto más local es tu película y más anclada está en tu realidad, más universal es. Sales al extranjero a festivales y a estrenos, y ves cómo la gente se identifica. A mí, por ejemplo, me gusta el cine iraní, porque entiendo a través de él su sociedad y veo reflejos de la mía.

Pregunta. ¿Es momento para una gala reivindicativa?

C. G. Eso no me gusta mucho. A veces, hay épocas en las que hay que pelear. Pero nunca he sido muy de eso, como si hubiera que reivindicar cada año algo. En su momento se levantó la voz contra la guerra…

P. O. Es que para eso están las películas.

C. G. Exacto. Y al final, los Goya están planteados como una fiesta del cine.

P. O. El momento es el que es, y se cuela en el cine. Ahora bien, hacer algo explícito… no estoy segura.

D. G. Cada uno es libre de expresarse. Puede, como dice Cesc, que el lugar no es el más idóneo, pero es que no hay otros lugares.

F. L. Los Goya ni tienen que ser reivindicativos ni tienen que no serlo. Las decisiones no pueden ser colectivas, sino individuales. Que cada uno haga lo que desee. Ni siquiera en los Goya del No a la guerra [en 2003] hubo una decisión previa en grupo. Pero, como dice Paula, tenemos la suerte de que nuestro oficio sirve para expresarnos. Me gusta mucho más contar lo que siento sentimental, política y socialmente a través de mi trabajo que en una entrevista o en una gala.

I. C. Me siento dividida. Yo no estoy de acuerdo con Cesc con lo de portarse bien. Hay que portarse mal. Pero estoy segura de que las cosas que quieres decir ya las expresas en la pantalla. Y conocida es mi nula capacidad para los discursos. El tono de la ceremonia está marcado con el presentador elegido: no veo a Dani Rovira haciendo grandes manifestaciones ni conduciendo una gala política.

C. G. Los Goya se venden como unos Oscar, como un show. Cuando el telespectador pone la tele para ver ese show, no quiere aburrirse.

P. ¿Hay manera de hacer cine en España que no sea con sangre, sudor y lágrimas?

I. C. Pasa en todo el mundo. Ni siquiera para los directores que pensamos que lo tienen sencillo; para nadie en este momento es fácil levantar un proyecto personal. No hablo de Los vengadores VII, que eso sí es sencillo, en serio. Cuando te quieres salir de la fórmula, la producción se complica. Y aun así es una bendición y un privilegio hacer cine.

F. L. ¿Cuántas películas se hacen al año en España, unas 120? Ser una de esas no es fácil. ¡Cuántas veces oyes de películas grandes que necesitaron siete u ocho años para salir adelante!

De izquierda a derecha, los directores de cine Daniel Guzmán, Paula Ortiz, Fernando León, Cesc Gay e Isabel Coixet, el pasado martes, en las instalaciones de EL PAÍS. EL PAÍS

D. G. No estoy de acuerdo. Durante 10 años lo he dejado todo, y nadie me ha obligado a ello, para hacer mi película. Pero cada país tiene un modelo distinto. Y no voy a hablar solo del francés, porque también están el alemán y el noruego. Aquí tenemos un Fondo de Cinematografía muy pequeño en comparación con el porcentaje del PIB que generamos. No es fácil hacer un filme, y a veces se convierte en un proyecto titánico.

P. O. Pocas veces se conoce el esfuerzo, la inversión técnica, económica y humana, el proceso de resistencia de cualquier película...

D. G. Y hay algo más: el incentivo fiscal tampoco está a la altura de nuestro cine. Así que se suman muchas cosas: el 21% de IVA, los bajos incentivos, el Fondo… Al final o estás con una tele o…

I. C. Para mí, todas las películas son coger una piedra y subir una montaña. Pero es un camino que hemos escogido voluntariamente, con todas las consecuencias.

P.¿Qué sintieron cuando leyeron que la Justicia investigaba el ‘taquillazo’, el fraude de algunos productores, como informó este periódico?

I. C. Cuando lo ves publicado, lo primero que piensas es: ‘Por favor, ahora no. Otra vez una mancha que ensucia a todos los productores y cineastas por igual…’.

F. L. Una estafa es algo a evitar y a castigar. Pero junto a eso creo que lo que ocurre con el cine español no pasa con otras industrias. Es digno de estudio. No entiendo algún titular tipo Fraude del cine español. Cuando Volkswagen esconde la contaminación de sus coches, no lees Fraude en la industria automovilística. Querría el mismo tratamiento.

P. ¿Tienen claras sus apuestas para el sábado?

C. G. Los premios son siempre un juego, es difícil acertar.

I. C. Mi sensación es que es el año de estos dos [señala a Ortiz y a Gay]. Y a ti te va a caer alguno, como el de Dirección novel [mirando a Guzmán].

D. G. Cesc tiene una gran película y está muy bien posicionado. Como Paula. Aunque yo os admiro a los cuatro, me he colado aquí.

P. O. Lo bonito es que siento que estoy entre filmes que he gozado y con gente a la que admiro por su actitud en el trabajo.

I. C. Dejémonos de peloteo. Dani, Paula, Cesc, esta ceremonia es para vosotros.

F. L. ¡Ah!, y llevadnos a vuestra fiesta.