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José Tomás reaviva el toreo

El mundo taurino valora su presencia como un reivindicación que traspasa fronteras

El vuelo 6409 de Iberia llegó a las cinco de la madrugada del viernes a Ciudad de México desde Madrid, sin un solo asiento libre. Dentro iban aficionados, familiares, oficina de prensa, un amigo médico internista adicto al ciclismo, hasta un arenero de Las Ventas, y medio Galapagar para apoyar a José Tomás el domingo en La México. También va su sastre, Fermín, preparado para dar los últimos retoques al vestido, cuyo terno no se conocerá hasta que rompa el paseíllo. Se repite así el rito de peregrinación que acompaña cada actuación del torero más esperado.

No es el mismo hombre, elevado a la categoría de mito, casi resucitado, el matador es el consentido de México. Su última actuación en Aguascalientes fue la resurrección tras casi perder la vida en mayo de 2010. En mayo de 2015 se desquitó en su feria de San Marcos con una brillante actuación.

En noviembre volvió a esa misma tierra, donde mejor se siente, donde nadie pregunta por su vida personal, ni planes de futuro, donde sencillamente puede hacer lo que le llena, torear. La solemnidad que desprende cuando se anuncia en un cartel se reproduce en su preparación a puerta cerrada, incluso se enfunda el traje de luces.

Hace tres semanas estuvo en Tlaxcala, tentando de en traje corto español, con una chaquetilla blanca y botonadura de plata, en la ganadería de García Méndez. La siguiente semana se encerró para matar dos toros con un verde botella y oro. Abraham Macías, uno de los privilegiados asistentes, compartió la imagen en Instagram con el maestro con la mirada perdida en su mística taurina y la taleguilla manchada en sangre. La pasada en Xajay fue su última toma de contacto con el ganado bravo.

El domingo volverá a hacer el paseíllo en la plaza donde tomó la alternativa hace 20 años de manos de Jorge Gutiérrez y con Manolo Mejía de testigo. Su última cita en este coso con capacidad propia de un estadio deportivo fue en noviembre de 2009, un mano a mano con el aguerrido Arturo Macías.

Esta semana comenzó su periodo de hibernación, nada de tomar los trastos, solo tranquilidad ante la cita del domingo a las 4.30 de la tarde, mano a mano con Joselito Adame, el torero puntero de México. La reventa lleva meses moviendo entradas. Las cifras más altas que se manejan por Internet pasan de los 6.000 dólares. En los aledaños de la plaza, en mano, piden 200 dólares por un lugar más alto que la última fila de la andanada de Las Ventas. La Monumental de Insurgentes afora 45.000 almas. Los rumores, no confirmados por la empresa, apuntan a que cobrará un millón de dólares por su única actuación en el embudo de Insurgentes. En los años cuarenta, Manolete, también cobró su primer millón, entonces de pesetas. Así nació la leyenda del mítico Buick azul con el que iba de plaza en plaza.

Para el mundo de los toros, José Tomás es la bandera que sirve de embajador más allá de los convencidos. Antonio García Jiménez, Toño Matilla, en el ambiente, gestionó su última reaparición, en Barcelona. Fue empresario de La Monumental en Barcelona. No duda a la hora de explicar lo mucho que aporta el torero: “Es todo un referente, algo distinto, crea una expectación desmedida en todo tipo de públicos, ilusiona y emociona. Cada actuación es un evento taurino y extrataurino. Su aportación socioeconómica a la ciudad en que actúa es brutal, restauración, hostelería…".

En su opinión, José Tomás es un torero cuya leyenda transcenderá: “Es una historia viva de la tauromaquia y ya es eterna, a la fiesta le aporta misterio, verdad y un impacto mediático tanto de aficionados como los menos asiduos a acudir a los toros”.

Ignacio Lloret es, como Matilla, uno de los empresarios que más veces ha contado con el afamado diestro en sus plazas. Gerente de Valencia, Alicante y Zaragoza subraya su aportación dentro y fuera del albero: “José Tomás conquista espacios que a la tauromaquia se le niegan en la sociedad moderna. El torero tiene una importancia tal que hasta al antitaurino le genera atracción y no puede negar su dimensión de mito”. Consciente del delicado momento que vive la fiesta de los toros, reivindica el poder de su figura: “Su presencia y todo lo que genera y representa se hace más necesario y vital para para reivindicar el toreo en el momento actual. Su toreo es el mejor argumento de defensa y legitimación de este arte universal”.

Carlos Abella, autor de su biografía, destaca no solo su papel, sino también Es una leyenda, muy importante, con etapas, variantes y facetas. México es fundamental en la vida de José Tomás, ahí ha sufrido sus más graves cornadas, ha sufrido, pero también ha encontrado la tranquilidad, la felicidad que nosotros, probablemente, no hemos sabido darle”.

Ante la avalancha de aficionados, la plaza ha lanzado una advertencia para poner cierto orden en el acceso a la plaza: ni comida, ni alcohol, tampoco armas (blancas o de fuego), drogas o mochilas.

Sus detractores andan rabiosos por un cartel publicitario promovido por la empresa de la plaza de toros, por toda la Avenida de Insurgentes, “José Tomás, el mejor torero del mundo”. Se escudan en las cifras, en temporadas de escasas actuaciones. Lo mismo que pasaba con Curro Romero, Antoñete e ilustres excepciones difíciles de medir con calculadora. La pureza del toreo no sabe de estadística.

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