El castellano y el portugués se unen en un verso en el Hay Festival

La primera jornada se cierra con la tradicional gala de poesía que reúne a Alberto Barrera, Piedad Bonnett, Rafael Cadenas y Nuno Júdice, entre otros

Desde la plaza llega hasta el patio de una imponente casa colonial el ruido de los tambores, las palmas, los golpes en el suelo, la música del Caribe. En el interior, 10 poetas compiten con sus versos en la tradicional gala de poesía que cierra la primera jornada del Hay Festival que se celebra hasta el domingo en Cartagena de Indias. Usan el castellano y sus acentos, también el portugués, para contar Iberoamérica, para, a fin de cuentas, encontrarse durante una hora y recitar la vida.

Alberto Barrera recordó el poema Poesía y revolución y, con un poco de suerte, aprovechó la potencia del micrófono y el altavoz para hacer llegar un mensaje a los aludidos: "Tu falda es mi única bandera". Y continuó: "Vivo en un país donde los presos se cosen la boca para que alguien lo escuche". Al escritor venezolano le siguió la poeta colombiana Piedad Bonnett. "Las cicatrices son las costuras de la memoria", leyó en lo que pareció un ejercicio de reconciliación eterno con el fatídico episodio en el que descubrió que su hijo de 28 años se había suicidado.

Roberto Burgos ejerció de juglar costeño, Rómulo Bustos devoró unas cuantas ilusiones con sus versos y Rafael Cadenas leyó poemas tan cortos y contundentes que no solo reclamó uno poco más tiempo -"Mis cuatro equivalen a uno normal"-, cuando terminó, entre silencios, se dio cuenta que unos cuantos versos se le habían perdido. "Me tienen que perdonar", alcanzó a decir. Cuando Ramón Cote terminó sus oraciones por los carteros, apareció el portugués de Nuno Júdice y Filipa Leal. "Un pájaro entró en una nube. Una nube entró en un pájaro. ¿Cuál es la verdad?", preguntó él. Mientras, ella estrenó sus poemas en castellano que se acaban de editar por primera vez en Colombia.

Terminaron la ronda Juan Manuel Roca y Nelson Romero Guzmán. En ese momento, dos amigas de Cali, fieles al Hay "desde hace años", dejaron la libreta y el bolígrafo y aplaudieron todo lo que el viernes no podrán. "Nos quedamos sin entradas para Stiglitz", dicen, "hay reventa, pero el precio sube mucho". A la salida los revendedores sortean las calesas, a los turistas de blanco -aunque a la entrada de la ciudad amurallada no reclaman etiqueta-, a los puestos de jugos, incluso a la primera dama, María Clemencia Rodríguez de Santos que pasea con unas amigas y un séquito de mujeres policías. La temperatura no baja, Pedrito Calvo, cantante de los Van Van se prepara en la Aduana. Sigue el Hay.