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Un filme marcado por la desgracia

‘Made in France’, que narra un atentado islamista en París, no llegará a las salas

De todas las películas malditas que han existido en la historia del cine, puede que Made in France se lleve la palma del infortunio. La película, que narra la historia de una célula yihadista que planea atentar en la capital francesa, debía llegar a los cines el 18 de noviembre pasado, es decir, cinco días después de los atentados del 13-N en los que fueron asesinadas 130 personas. El estreno quedó suspendido de inmediato, a la espera de tener nueva fecha.

El desinterés de Francia por algunos de sus ciudadanos

El director Nicolas Boukhrief evita “juzgar” a los protagonistas de Made in France. “Resulta evidente que lo que hacen está mal. Yo he querido comprender su parte de humanidad. He entendido que son el resultado de 30 años de desinterés de la República francesa por ciertos grupos de su población”, opina.
¿Intentar comprender es excusar, como sostuvo hace pocas semanas el primer ministro francés, Manuel Valls? “Es una frase escandalosa, que podría aparecer en la sharia, que extrae los hechos de su contexto e induce a una justicia fascista”, replica. Y prosigue indignado: “Los que nos atacan no son alienígenas llegados de otro planeta, sino ciudadanos franceses nacidos en nuestro territorio”.

Sin embargo, ante el desinterés general de los exhibidores por programar el filme, su director, Nicolas Boukhrief, ha terminado aceptando estrenarla únicamente en video on demand (VOD). Desde hoy, Made in France estará disponible en la plataforma digital del canal francés TF1. “Es la mejor solución. Solo una quincena de salas de arte y ensayo estaban dispuestas a estrenarla, lo que hubiera matado la película. El resto tenía miedo, aunque no se lo reprocho. Si yo tuviera una sala de cine, tampoco sé si la habría proyectado”, explicaba Boukhrief el miércoles en París. “El riesgo es que sea pirateada a la mañana siguiente, pero prefiero que los jóvenes la vean ilegalmente a que no la vean”, añade.

Concluye así la interminable carrera de obstáculos a la que el cineasta, de 52 años, francés de padre argelino, se ha enfrentado desde que empezó a armar el proyecto en 2012. “Encontrar financiación fue casi imposible. Me dijeron que la película era anecdótica, marginal, catastrofista y estigmatizadora”, afirma. Tras muchos esfuerzos, consiguió 2,8 millones aportados por el Canal + francés, además del acuerdo con una distribuidora. Pero, tras los atentados del 7 de enero de 2015 en la capital francesa, esta última decidió echarse atrás. Tampoco el rodaje, el anterior otoño, resultó sencillo. “Nadie nos quería dar la autorización para rodar. Tuvimos que escribir un falso guion donde los protagonistas, en lugar de ser terroristas, falsificaban billetes”, confiesa.

Boukhrief cree que, si tuviera que volver a empezar hoy, la situación sería todavía peor. “Ahora no podríamos ni rodarla. Todo el mundo tiene miedo de que le disparen un balazo”, reconoce. Sus actores, sin ir más lejos, están “traumatizados”. “Uno de los protagonistas ha desaparecido de la promoción. Nos dice que se encuentra en el extranjero, cuando no es verdad. Está aterrorizado, le entiendo”, añade.

El filme iba a llegar a las pantallas cinco días después de la matanza del 13-N

La primera idea para la obra surgió en 1995, tras un ataque del Grupo Islámico Armado (GIA) en el metro de París, en el que murieron ocho personas. Entre sus autores se encontraba Khaled Kelkal, un joven de 24 años crecido en la banlieue de Lyon, que murió en directo en la televisión gritando “Allahu akbar” (“Dios es grande”). Cuando, casi veinte años más tarde, Mohamed Merah mató a tiros a varios militares y a tres niños de una escuela judía de Toulouse, Boukhrief sintió que era hora de hacer algo. “Rodar esta película era una manera de comprender quiénes eran esos jóvenes”.

Made in France no describe el yihadismo como un producto importado de otra tierra, sino como un fenómeno plenamente europeo. Cuatro jóvenes desarraigados integran un comando liderado por un hombre que acaba de volver de la Meca, en el que se infiltrará un periodista (interpretado por Malik Sidi, hijo de argelino y bretona). La película prescinde de alusiones históricas y se ciñe al tiempo presente. “Las explicaciones sobre el pasado colonial francés están caducas. A esos chavales de 20 años no les importan las colonias. Han crecido en barriadas abandonadas, ante la negligencia del Estado. Igual que a un votante de Marine Le Pen le da igual el Holocausto, los yihadistas tampoco están conectados con el siglo pasado”, sostiene el director.

El final de Made in France no es desesperanzador, aunque Boukhrief parezca más pesimista. “No estoy de acuerdo. Yo creo que terminarán perdiendo, porque el mal nunca gana, pero las próximas dos generaciones vivirán enfrentadas a este problema”. Para el director, el yihadismo es una cuestión generacional, tal como defienden expertos como Olivier Roy. “Hace 60 años, esos chicos habrían muerto de sobredosis en Katmandú. Hace 40, habrían formado parte de las Brigadas Rojas. Hace 20, se habrían identificado con Scarface y no les hubiera dado miedo matar a un policía. Se trata del mismo instinto sanguinario, de la misma pulsión de muerte romántica de la juventud”.